ES LA HORA DEL CORAZON

 

 

En anales de un pasado muy remoto

Se ven dioses modelando algunos cuerpos,

Para un reino que negó el control remoto

Y está pronto a disfrutar de un bello huerto.

 

Preguntaron Esos Devas, justo allí,

A dos almas de ese reino referentes,

Quién quería de parado hacer pi pí,

Ya que en ello habría acerbos diferentes.

 

Pronto Adán, que así era el nombre que portaba,

Eligió esa deferencia, dando un brinco,

Y contento de que a él se lo agraciaba

Se amarró de ese favor con gran ahínco.

 

Esperando con paciencia alguna oferta,

La que Eva se llamaba enmudecía,

Evadiendo promover una reyerta,

Sabedora de que la compensarían.

 

A la vez que el varoncito merodeaba,

Aprendiendo a doblegar el instrumento,

Un cerebro a la pareja le mostraban,

¡Y fue Eva quien saltó en ese momento!

 

Muy conformes y felices del reparto

Por un lío los echaron del Edén...

De inmediato comenzó a doler el parto

Y supieron de las luchas y el vaivén.

 

Según reza la película de antaño,

No fue fácil el cerebro utilizar,

Pues actuando como a modo de rebaño

No arribaban a la opción de despertar.

 

Pero el rumbo incontenible del progreso,

Que es la fuerza de la propia evolución,

Permitió que descubrieran qué era eso

Que le llaman, la individualización.

 

Fue que entonces, tanto Eva como Adán,

Comenzaron a culparse mutuamente

Y surgió por discutir aquel refrán:

Todo ocurre según dónde esté la mente.

 

Se enrostraban de un cerebro adormecido...

O del uso exagerado del pi pí...

Y la causa se escondía en lo elegido

En la era del glorioso frenesí.

 

Entre tanta multa verba apasionada,

Fue El Creador Quien puso fin a la disputa,

Develando una verdad que se ocultaba,

Dolorido de que tanto se discuta.

 

Descubrieron que en el uso de las partes

Que eligieron al principio de los tiempos,

Ambos pecan en los vicios y las artes,

Pues difiere el género en renacimientos.

 

Ya que ahora conocemos las dos formas

De ser hombres y mujeres muchas veces,

A ninguno le cabe una sola norma,

Y es por turno nena o nene, me parece.

 

Y si quieren las mujeres de hoy en día

Congraciarse del cerebro poseer,

Una humilde reflexión les propondría

Pues hay algo que quizás debieran ver.

 

Desde el día en que salió del Paraíso,

El cerebro del humano y su razón,

Padeció miles de guerras porque quiso

Ser esclavo de la más torpe ilusión.

 

Nunca supo tras el cruce de las eras

Regodearse en un período de paz,

Sólo atisbos de intenciones pasajeras,

De alegrías, como el humo tan fugaz.

 

El cerebro se tiñó del intelecto

Y es por eso que al Amor no lo entendió,

Resultado casi lógico y directo

De semilla que en la piedra no brotó.

 

Nos avisan los Maestros que el Creador,

En el tiempo en que los cuerpos se amasaban,

Les pidió a los Constructores en favor,

Que callaran sobre el plus que regalaba.

 

Sin consultas y por pura decisión,

Entre medio del cerebro y el pi pí,

Colocaron al potente corazón

Para un día no seguir peleando así.

 

Esa máquina sublime y asombrosa

Porta un premio potencial a disfrutar;

En el órgano, durmiendo está la Rosa

Que se apresta en el presente a despertar.

 

Artefacto poderoso que Dios mismo

Programó que se instalara a la intención,

De que el hombre, liberado de los ismos,

Se elevara más allá de la ilusión.

 

Que esta tonta discusión ya finiquite

O la risa traiga el brillo de la aurora.

Los que saben nos ofrecen el convite

De vivir con atención en el ahora.

 

Y dispuestos en solemne comunión,

Ser artífices fraternos de Una vida,

Que le obsequie la Intuicíon al corazón

Y la Síntesis que mora en la Armonía.

 

 


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