Capítulo 10

 

 

Charles Duward

 

-Charles, ven -rogó una bella mujer.

-Sí, mamá -contestó instantáneamente el muchacho.

-¿Has cogido la bolsa con el bocadillo y la ropa para tu padre?

-Sí.

-Entonces vamos.

Madre e hijo tomaron el ferry que comunicaba la Estación Marítima, próxima al muelle 39 del puerto de San Francisco, con aquella pequeña y maldita isla de Alcatraz, donde estaba la tristemente famosa prisión de Alcatraz, primero militar y luego civil.

Un aura negra era visible a varios kilómetros, pues estaba repleta de sufrimiento, causado por la dura disciplina y los malos tratos que recibían los presos allí ingresados. Los reclusos estaban catalogados como criminales peligrosos y que pensaban diariamente cómo escaparse de aquella ratonera. No podían hacerlo a nado, pues las aguas de la bahía estaban casi siempre a 4 grados, y la hipotermia estaba siempre presente en sus conjeturas.

La prisión tenía fama de que nadie se había podido escapar vivo de allí, aunque había ciertas leyendas de algunos presidiarios, que venciendo el miedo y arriesgando sus vidas, habían conseguido arribar a la costa y esfumarse entre la multitud.

Hacía un calor húmedo y sofocante. Debían secarse las gotas de sudor de sus rostros cada cierto tiempo.

-Mamá...

-¿Sí?

-Explícame otra vez por qué causa fue papá a prisión.

-Tu padre fue una buena persona, pero se equivocó un día.

-¿Qué sucedió?

-Ocurrió un poco antes de nacer tú.

-¿En 1935?

-Así es, mi niño -la madre miró al pequeño hombrecito de diez años.

-Sigue mamá.

-Éramos una familia feliz. Tu padre me amaba profundamente. Todos los días me acariciaba la tripita y decía ¿cómo está mi niño?, luego cogía su bolsa de papel con el almuerzo, me daba un beso y se iba a trabajar.

El pequeño Charles apretó fuertemente la mano de su madre.

-Un día se enteró de que la compañía de seguros en la que trabajaba iba a quebrar.

Lo sabían muy pocos, y, desafortunadamente, tu padre era uno de ellos.

-¿Por qué mamá?

-Si no lo hubiese sabido, quizás no habría ido la prisión.

-...Mamá... y si papá no hubiese ido a la cárcel... ¿habría nacido yo?

Mary miró Charles. Aunque su hijo hacía una pregunta automática, no por ello era menos difícil de responder.

-Tienes razón. Las cosas son ahora de una forma, y de nada sirve preguntarse si hubiesen ocurrido o dejado de ocurrir de otra distinta. Bueno, como te decía, tu padre y unos amigos sabían lo que iba a suceder, y como consecuencia de la quiebra de la compañía despedirían a los empleados. El miedo al paro y la consiguiente miseria pudo más con ellos que la calma, y no se les ocurrió otra idea mejor, que falsificar varios cheques de 10.000 dólares

-¡Uao! -exclamó Charles, como niño que era.

-No sé qué te sorprende tanto.

-¡Cuántos dólares!

Mary acarició la cabeza del muchacho, sonrió durante una décima de segundo, y continuó

-Justo después de que quebrase la compañía, detectaron la estafa y entonces pasaron a disposición judicial.

-¿Cómo les descubrieron?

Mary continuó sonriendo por las preguntas de su pequeño. Ella misma apenas entendía los tejemanejes financieros, pero repitió algo que le parecía recordar.

-Al principio no les descubrieron, pero en la auditoría que se hizo a la compañía tras la presentación de quiebra, se descubrió la estafa.

-¿Qué es una auditoría?

-Es una inspección de unos señores que saben mucho de cuentas.

-¡Qué extraño, que papá siendo una buena persona hiciese eso!

-No, hijo. Los seres humanos podemos ser rectos durante toda una vida, y un buen día, por miedo en este caso, por una instantánea obnubilación, estamos sujetos a cometer un error.

-Creo que te entiendo, mamá –respondió el pequeño.

Cuando estaban llegando al embarcadero de la cárcel, Charles no imaginaba que lo primero que escucharía sería la noticia de que John Duward había muerto en su celda debido a un infarto. Tampoco podía adivinar que la mitad de la fe en Dios, que le habían inculcado de niño, se esfumaría con el fallecimiento de su padre.

 Gracias al inmenso esfuerzo de su madre y varias becas, pudo estudiar en la Universidad de California –UCLA- y iempo doctorarse en Ciencias Naturales.

A causa del fallecimiento de su amada madre, perdió la otra mitad de la fe en la existencia de un Dios que le habían dicho que era Omnipotente, Omnisciente y la absoluta Bondad y Justicia.

 


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