Capítulo 14

 

 

Resplandor en el rostro

 

Charles llegó el primero de los tres. Descubrió al final del café una mesa vacía, y se sentó a esperar a sus nuevos amigos. Estaba encantado de entablar una conversación tan trascendental. No había muchas personas con las que pudiese hacerlo. Era cierto que en ocasiones no paraba de hablar de su experiencia sobre la sábana de Jesús, pero sabía perfectamente que era más bien un desahogo a su soledad, que una verdadera comunicación entre dos personas de la misma capacidad intelectual.

-Buenas tardes señor americano -le dijo Xavier, como si se conociesen de toda la vida.

Charles se levantó y estrechó la mano del extraño hombre, que en una sociedad cada vez más laica, gustaba de hablar sobre Jesucristo.

-Buenas tardes- contestó con gran afabilidad el californiano.

-Con el fresco que hace, creo que sería buena idea tomarnos un chocolate con churros -sugirió Xavier.

-¡Qué "gicos"! -contestó graciosamente.

-Sí, muy ricos -continuó sonriendo el barcelonés.

-Yo también quiero uno, pero además que lleve nata- casi gritó el padre Francisco a la vez que les saludó efusivamente.

-¡Juan!

-¿Sí? –preguntó el camarero.

-Pónganos, por favor, tres chocolates con churros...-miró a sus dos contertulios confirmando su aprobación -y les añada también nata- pidió Xavier.

-¿Por dónde empezamos?

-A mí me interesó -dijo el sacerdote- la referencia que hiciste sobre la Escuela Arcana. Siempre he seguido las escrituras recomendadas por la Santa Madre Iglesia, y me sorprendió escuchar algo nuevo y desconocido para mí.

-Hace más de ciento cincuenta años -respondió Xavier-alguien considerado sabio, no por su personalidad sino porque abrió para mucha gente una nueva forma de entender la espiritualidad, fusionó algunos aspectos del conocimiento de Oriente y Occidente. Ese sabio es conocido como el Maestro Tibetano (Djwal Khul).

A mediados del siglo XIX contactó telepáticamente con una señora rusa muy sensible a esos impactos mentales y le dictó la Doctrina Secreta con sus 6 tomos. Toda una obra que rompió muchos muros de dogmas del pasado, y sirvió de base para fundar la Sociedad Teosófica.

 Un siglo después, ese mismo Maestro, no condicionado por el paso del tiempo, continuó su obra a través de Alice A. Bailey y le dictó telepáticamente, aunque casi se podría decir que plasmó en su mente dieciocho libros que sirvieron de base para las enseñanzas de la Escuela Arcana.

-¡Qué interesante! -exclamó Francisco.

 -Sí. Y pienso que, de verdad, fue un gran beneficio, especialmente, para muchos occidentales. Sus enseñanzas se distribuyen por todo el mundo, ya que están traducidas a unos cien idiomas.

 -¿Por qué, crees que es un beneficio tan enorme? –preguntó el sacerdote.

-Bueno. Lo primero que deseo expresar es que esto es una opinión personal, y repito que no tiene por qué ser más importante que otras enseñanzas. Se podría decir que es complementaria y cuyos principios colman de espiritualidad a cierto tipo de seres humanos.

 -Ya.

 -Recalco que lo que expongo es una opinión, compartida o no por otros. En general, las enseñanzas religiosas que hemos recibido a lo largo de nuestra vida parecen detenerse en algún punto del corazón. Es decir, la cúspide a la que puede llegar un ser humano es, digámoslo en palabras sencillas, a ser una expresión del Amor universal.

 -Sí, creo que se puede aproximar a lo que consideramos como la última meta de los seres humanos -añadió Francisco.

 -En líneas generales, podríamos afirmar que para el reino humano, al igual que para todos los seres de los diversos reinos de la naturaleza, existe un camino interminable hacia la perfección.

 -Esto es algo que también considera el Cristianismo.

 -Pero lo bueno de toda esta filosofía es que está compendiada en los libros de una escritora, cristiana- protestante, nos abren más posibilidades y concretan diversos estados y peldaños hacia la infinitud de la vida y de la conciencia.

 -Bueno -respondió Francisco-, nosotros también tenemos la escalera de Jacob que lleva hacia el Cielo.

 -Ya te comento -continuó Xavier- que cada ser humano tiene sus propias preferencias y la elección del camino espiritual.

 -Sé que tal vez no soy extremadamente ortodoxo en lo que se refiere al seguimiento estricto de las indicaciones de nuestra Santa Madre Iglesia, pero creo que ella nos lleva hacia el cielo.

 -Hay veces que un hombre o una mujer necesitan aprender algo más. Llegan a ser unos corazones de oro, son capaces de sacrificarse hasta la muerte por sus hermanos, pero les queda algo en algún rincón de su mente que hace que no se sientan a gusto consigo mismos. Igual que le ocurrió a Cristo durante las tres tentaciones en el desierto, la duda de todo ser humano inteligente puede asomar en cualquier ámbito de su existencia.

 En ese momento el padre Francisco se quedó mirando a Xavier a los ojos. No dijo ni una palabra, pero su expresión interna fue: "Dios mío. Es mi caso. Yo sé que soy capaz de utilizar el amor hasta límites insospechados, pero anhelo saber, ansío la luz, la comprensión del universo... Esa verdad que nos hará libres, como dijo el propio Jesucristo".

 Xavier creyó comprender lo que expresaban los ojos sorprendidos de Francisco.

Respetó su silencio y continuó:

 -Creo que te encantaría leer "De Belén al Calvario" y también hacer un período de dieta estrictamente vegetariana, si todavía no la haces, acompañada de meditaciones diarias sobre aspectos de tu vida que consideres cruciales. Imagínate, por ejemplo, que te hallas ante la presencia de Jesucristo. ¿Qué crees que Él puede pensar de tu vida? ¿Crees que Su camino y el tuyo se parecen en algunos aspectos? ¿Crees que con tu vida sirves al propósito para el que Él vino?

 -Para mí sería inmensamente hermoso si un día pudiese, de verdad, ver la figura de Jesucristo. Creo que sentiría la necesidad de abrazarle, de tocar con mi alma la luz resplandeciente de su amor.

 -En tu meditación diaria –continuó Xavier-, expón las preguntas a las que necesites encontrar una respuesta. Luego, guarda silencio y trata de elevar tus pensamientos hacia el alma... o hacia Cristo. Trata de mantener tus pensamientos controlados o quizás trata de que tus pensamientos no te controlen. Haz un diálogo con tu alma, habla y escucha "como si" tu alma te hablara; pero usa el discernimiento, no todo lo que escuches proviene de ella. Puede ocurrir que tu personalidad trate de proseguir rigiendo tu vida... hay que tener mucho desapego con los resultados de esta técnica y también mucha honestidad.

 El sacerdote le observaba con gran admiración. A su vez presintió que aquel hombre poseía un secreto. En sus palabras no había arrogancia, sino más bien vida. Era extraño que un seglar tuviese como objetivo el descubrimiento de Cristo. Había conocido a muchos feligreses que eran grandes devotos, que tenían una fe inquebrantable. También los había que dedicaban sus horas libres al servicio de los demás... pero... había un algo oculto tras las palabras escuchadas y que parecían ser resultado de una íntima y sagrada experiencia con todo lo relacionado con Jesucristo.

 Hubo un silencio. Xavier sacó el libro mencionado del bolsillo de su abrigo. Lo abrió y lo mostró al padre Francisco.

 -Lee aquí - señaló con el dedo.

 PENSAMIENTO CLAVE

 El Antiguo Deseo

 Dijo Arjuna:

 "Tus compasivas y amorosas palabras de sabiduría, referentes al supremo misterio de la Superalma, han disipado mi ilusión.

 "De Ti he aprendido toda la verdad acerca del nacimiento y la desaparición de los seres, y de Ti, cuyos ojos son como pétalos de loto, también he aprendido sobre el Gran Espíritu que no muere.

 "Pero quisiera ver ese yo del que has hablado, oh Señor Todopoderoso, esa divina forma Tuya ¡Oh, Tú, el mejor de los hombres!

 "Si crees que puedo verlo ¡oh Señor de Unión, revélame ese Yo imperecedero!

 Bhagavad Gita XI, 1-4

 

Francisco cerró el libro y con lágrimas en su rostro exclamó.

 

-¡Dios mío! ¡Expresa mi anhelo más profundo desde hace casi diez años!

 

En aquel instante algo debió ocurrir, pues Xavier dejó los ojos entrecerrados. Dirigía su vista hacia un horizonte lejano. Sin duda estaba mirando a través del punto de energía de su frente. Su rostro resplandeció. Charles y Francisco se miraron, admirados, preguntándose qué estaba ocurriendo. Y pasados unos minutos Xavier volvió en sí.

 -Disculpadme. Me he ido a otro lugar y a otro tiempo.

 -Cuéntanos, por favor -dijo Charles.

 -Por un instante, mientras el padre Francisco estaba leyendo, he pensado acerca de la gran cantidad de dogmas establecidos por los diferentes papados y los millones de formas mentales, generadas por los devotos y acumuladas por los siglos, de la figura y del mensaje de amor de aquel Gran Maestro que fue Jesús de Nazaret y luego Jesucristo. Y en un segundo me he quedado perplejo ante lo que estaba viendo. Mi mente racional no acaba de entender la visión:

 Una virgen daba luz a un niño precioso. Pesaba aproximadamente unos cuatro kilos y tenía una longitud de algo más de cincuenta centímetros. Tenía bastante pelo negro y su piel era rosada. El parto era instantáneo, salía del vientre materno sin dolor alguno... aquello era más bien un milagro. Ningún asistente a este acontecimiento histórico decía nada; pero en sus rostros se veía la admiración y la sorpresa por lo que estaban viendo con sus ojos.

Dos ángeles, (¿extraterrestres o hermanos de la Gran Fraternidad Cósmica Planetaria?) que asistían en el parto, no dejaban que la partera, llamada por José, hiciera algo. De las manos de aquellos ángeles parecían emanar unos rayos de luz blanca, y esta peculiaridad es la que permitía que el bebé saliera a través de la piel del vientre materno.

-¡Qué fuerte!-exclamó Charles.

-Y ahora-continuó Xavier- me surgen varias preguntas ¿Había sido todo una manipulación másica? ¿Qué tenia de especial ese niño para venir a este mundo de manera tan atípica? ¿Había sido algo así como una desmaterialización seguida de una materialización?

El vidente se detuvo unos segundos, recordando lo recién visualizado y continuó

-Sin embargo, estoy casi seguro de que el niño ha salido del vientre de su madre virgen... ¿Cómo podemos entender esto?

-¡Quizás tus visiones son borrosas o confusas! -sugirió el padre Francisco.

-No-contestó Xavier-. Os puedo asegurar que lo que he visto ha sido totalmente nítido y diáfano.

-Todavía no hace mucho tiempo que nos conocemos-continuó el sacerdote-, pero te creo. La Iglesia siempre ha tenido grandes videntes. Y me pregunto ¿Por qué no vas a ser tú uno de ellos aunque no seas un creyente practicante?

-Por mi parte, aunque soy agnóstico-respondió Charles, no descarto la existencia de los videntes. En nuestro país, dicen que tuvimos uno muy grande llamado Edgar Cayce, así es que también te daré un voto de confianza, Xavi.

-Toma-le ofreció Xavier el librito "De Belén al Calvario" a Francisco.

-No puedo aceptarlo. Es tu libro de cabecera -respondió el sacerdote.

-¡Por favor! ¡Cógelo!

-De acuerdo. Me lo llevaré, y el sábado que viene te lo devolveré sin falta.

-No sé qué libro puedo traerte a ti, Charles.

-No te preocupes. Ya buscaré un ejemplar que tengo por ahí perdido de "El Nuevo Testamento" –respondió el científico sonriendo -. Me da la impresión de que al final me lo tendré que aprender...

Charles se quedó pensativo y continuó

-Claro que... ahora que lo pienso. Tal vez deba esperar a que se vuelva a reescribir de acuerdo con las nuevas aportaciones del "Xavier el vidente"...

Los tres sonrieron y se despidieron. Había terminado una grata y vibrante charla. Se marchaban deseando que transcurriese la semana a toda velocidad para reencontrarse de nuevo.

 


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