Prólogo

 

Tal vez es excesivo mi atrevimiento al escribir un nuevo libro sobre la vida de Jesús el Cristo en la Tierra. Seguro que no somos capaces de imaginar los ríos de tinta, como se decía hace unos años, que se han vertido sobre el tema.

Mi deseo es dar un significado más amplio a los conceptos estrechos que existen en algunas mentes, y que son el reflejo de una época pasada, la de Piscis.

Los inventos se suceden a una velocidad tan vertiginosa que hacen muy difícil la adaptación de cada uno de los hombres y mujeres que poblamos la Tierra. Significa que mientras nos dedicamos a modelar nuestros pensamientos, ya han acaecido otras innovaciones que hacen que algunas ideas queden anticuadas y obsoletas.

Existe un hecho que puede ser un ejemplo de cómo los nuevos hallazgos no modifican nuestro modelo de universo, y por ende, nos mantienen anclados en una opinión que es difícil de sostener. El descubrimiento de miles de billones de estrellas con sus respectivos planetas debería desmitificar la importancia que el ser humano se asigna tanto a sí mismo como a sus procesos históricos. Debería comprenderse que el más sabio y el más santo de los seres de la Tierra es solamente un diminuto punto de energía dentro de una galaxia de los miles de millones que existen, y que las conciencias que puedan representar esos mundos tan alejados no pueden expresarse en todo su esplendor en un minúsculo punto físico. Imaginemos que durante una décima de segundo toda la energía que rodea nuestro planeta decidiese nacer en un diminuto grano de arena de un desierto. Enseguida caeríamos en la cuenta de que es un imposible; pues, aunque esa energía lo desease, y ello en sí mismo ya nos parecería incompresible e irrazonable, no cabría.

Es decir, que si para contener toda la energía que circunda la Tierra se necesita realmente todo un planeta, está claro que esa energía no se puede encerrar en un único punto.

Quizás podría argumentarse que si la densidad de ese grano de arena fuese como la de un agujero negro, tal vez sí pudiese contenerla... bueno... siempre se puede argüir algo que está ya fuera de toda lógica.

Un conocimiento como es el de la grandeza del universo, en mi opinión, no se ha incorporado "de verdad" a nuestras formas de pensar. Nos seguimos considerando el centro del cosmos, y no hay manera de quitarnos semejante venda de los ojos.

Ser relativamente ciegos es totalmente natural y así debe ser, pues es la única manera de sobrevivir ante el tremendo impacto que supondría contemplar tan inmensa vastedad.

Einstein ya lo veía y dijo "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio."

Mi propósito es añadir más y, también, desconocidos datos, para muchos, sobre la paradoja que representa la humilde existencia de un "punto microscópico", como es nuestro sistema solar, y la inabarcable grandeza que significa "ése mismo punto" para los humanos, imperceptibles e insignificantes seres dentro del mismo.

Afirmar que nuestro Sol es "nada" en comparación del universo, no es óbice para declarar que la energía de esa "nada" es infinita para un simple ser humano.

Deseamos recordar encarecidamente las enigmáticas palabras de Pablo de Tarso "en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser" con las que se indica la existencia de una excelsa conciencia unificada en la que habitamos.

Creo que la aparición de Cristo no es algo que se pueda atribuir a una sola religión, ni cultura, ni siquiera civilización. El Corazón de un Ser, que tiene como residencia y cuerpo el planeta Tierra, se ha expresado a lo largo de millones de años a través de sus "Hijos". Es un pensamiento lógico, si nos basamos en la teoría del hilozoísmo del universo, por la que nos atrevemos a sugerir que "El espacio es una entidad" y que ese espacio aparentemente vacío es una conciencia sobre otra conciencia y sobre otra conciencia, como pueda ser esta última la humana.

Animo a no olvidar, a lo largo de esta novela-ensayo la relación, para nosotros eterna, entre el Sol, las estrellas cercanas, la Tierra, y su reflejo en nuestras civilizaciones con la aparición cíclica de excelsas conciencias. Una de ellas es Cristo, Maestro de Maestros y Ángeles.

Su energía y vida ha estado presente con diversos nombres desde hace miles de años, no únicamente en los dos mil últimos, y menos, encerrado en los dogmatismos de una sola religión.

El corazón de la Tierra es mucho más grande que cualquier limitación impuesta al mismo por algunas mentes de otros tiempos. No se va a dañar ninguna parte esencial del Cristianismo, sino al contrario, pensamos que la figura de Jesús el Cristo no ha sido todavía estudiada completamente. Por ello, pienso que es posible elevar más el rango de Su personalidad, Su mensaje y Su sacrificio.

Quiero dedicar este libro a todos aquellos que tienen fuego en sus corazones, para que se avive la llama de su fe. También, a los fríos de corazón, que no se creen nada de lo que les han tratado de enseñar, y a los tibios de corazón, deseando que encuentren en estas páginas algún argumento que les conceda una nueva oportunidad de contactar con su alma inmortal. Este es mi humilde y sincero deseo.

No hay que olvidar que este libro es una novela de tipo documental, en la que se mezclan ficción y realidad psíquica o intuitiva lógica, y que trata de alumbrar la realidad de la vida de Jesucristo. El lector juzgará por sí mismo.

Para continuar, sería bueno rasgarse las vestiduras (deshacerse de todos los prejuicios adquiridos), pues voy a aportar algún detalle nuevo, susceptible de ser considerado como transgresor de las creencias o dogmas imperantes en este principio del siglo XXI.

Esta novela-ensayo puede servir tanto de agradable lectura, como de tema de meditación durante muchas semanas para intentar comprender que "esas cosas mayores que somos capaces de hacer", están al alcance de todos nosotros. Ya que, según nos dijo Jesucristo, "En verdad os digo que vosotros sois el templo de Dios".

San Francisco de Asís nos dejó estos versos.

Dios sonríe en las flores,

murmura en la brisa,

pregunta en el viento,

responde en la tempestad,

canta en los ríos.

Todas las criaturas hablan de Dios cuando el corazón está lleno de Dios

(También podría decirse, con toda la humildad, que Él escribió en estas páginas)

 


wigs for women wig types short wigs for black women human hair wigs for white women paula young wigs best wig types wig types < /div>