Capítulo 21

 

Viajes en el tiempo

 

 

El Sol, una vez más, comenzaba a hacerse el dueño del hemisferio norte. La inclinación de la Tierra cambiaba y la luz colmaba de nuevos bríos la Naturaleza dormida. Algunos almendros regalaban la belleza de su corazón cubriéndose de múltiples florecillas. El espíritu de los humanos, especialmente de los más mayores, se hacía más luminoso, pues se abría para ellos, de nuevo, la fundada esperanza de poder vivir otro año más. Olvidándose de las noticias de la televisión y de la radio, las almas de los transeúntes, revestidas de efímeros cuerpos paseaban por las Ramblas. Era un instante en la eterna duración del tiempo sin tiempo. Y la capacidad de captar ese punto en la historia del universo, esa infinitesimal pequeñez, es lo que les permitía observar, desde la lejanía de sus mundos internos, los acontecimientos más próximos, y concederles el escaso valor que en verdad tenían.

Deshacerse de la bruma de los problemas cotidianos y comprenderse, aunque de una forma brumosa, un punto de luz y conciencia en el cosmos, era el sentimiento que confusamente percibían los paseantes.

No sabían explicar por qué la vida se les alegraba durante unos escasos segundos. Quizás ellos creían que los motivos eran otros. Un hijo que venía a visitarles. Una madre que hacía un guiso exquisito. Una victoria de su equipo favorito. Una pareja que apresuraba sus pasos para gozar del amor... ¡Había tantos motivos abiertos para cada cual!

Todos esos acontecimientos eran simples excusas para que el corazón pudiese expresar la radiante alegría que el divino sol injertaba en la flor de sus almas.

Entre tanta efervescencia vital, que inundaba aquellas calles y plazas, los tres amigos, en sus reuniones semanales, eran simple y llanamente...felices.

-Si bien es algo subjetivo –comenzó a hablar Xavier-, pues es muy difícil que otra persona pueda ver lo que percibimos con nuestra mente, aunque no imposible, creo poder afirmar que fui capaz de viajar muchas veces en el espacio-tiempo.

-Permíteme que dude sobre el tema-contestó Charles-. Desde el punto de vista de los experimentos con partículas, si como dije, se consiguió que éstas llegasen a su destino antes de partir de su origen, es decir que diesen un salto hacia atrás en el tiempo, a mí se me hace muy difícil pensar que, sin los enormes recursos que se requieren para poner en funcionamiento un ciclotrón, que consigue una variación en el tiempo de, tal vez un nanosegundo, se pueda viajar en el tiempo. Es algo que se me hace imposible aceptar.

-En mi opinión, caben dos posibilidades, pero seguro que hay algunas más.

-¿Cuáles? –preguntó Charles.

-La primera, relativamente lógica. Si considerásemos que de todos los acontecimientos que ocurrieron, hubo testigos de los mismos, y puesto que el alma es inmortal y eterna, sería suficiente con acceder a la mente que alberga esos recuerdos.

-¡Eso sería maravilloso!-exclamó Francisco.

-Como comprenderás, de momento la ciencia no está en condiciones de comprobar tal información, por lo tanto la ponemos en entredicho, o en cuarentena.

-Bien. Pero el que la ciencia no lo haya comprobado, no significa que deje de ser una posibilidad.

-¿Y la segunda?

-Pues de la misma forma que somos capaces de observar con un telescopio partículas de luz, tal y como existían hace miles o millones de años, de la misma forma, si nos situásemos en algún lugar a dos mil años luz de la Tierra, y dispusiésemos de un telescopio o radiosonda, tal vez podríamos contemplar algunos acontecimientos de nuestro pasado. Por ejemplo, nosotros vemos el Sol con ocho minutos de retraso.

-Me imagino -contestó Charles- que sería bastante difícil que pudiésemos descifrar el pasado de esa manera: primero, porque no somos capaces de viajar a mayor velocidad que la luz; y la segunda, porque aunque estuviésemos tan alejados es muy probable que la información llegase distorsionada, incompleta y diseminada. Sería casi imposible recoger todos los quantums de información, esparcidos probablemente por millones de kilómetros cuadrados. Puestos a especular con esa posibilidad, creo que la idea de que existiese una memoria que contuviese tan importantes acontecimientos parece más factible; pero me niego siquiera a especular con eso...

-Considerando que no lo sabemos todo -intervino Francisco-, os voy a contar algo que me ocurrió cuando murió mi madre, y que apenas he comentado.

-¿Sí? –preguntó con curiosidad Charles.

-Con mi madre tuve una relación muy especial. Unos meses antes de morir, por alguna causa que desconozco científicamente, pero que para mí asume el rango de hecho comprobado...

-¿Sí? –inquirió Xavier con impaciencia.

-Pues resulta que los días en los que yo no podía estar cerca de su cama, pensaba en ella y muchas veces me decía. "¡Hijo mío... siento tu corazón tan cerca de mí!"

-Eso es relativamente normal, padre -dijo Charles.

-Ya. Durante esos meses yo creí lo mismo. Pero, justo en el momento de morir, y durante tres días más, sentí su presencia cerca de mí. Es difícil explicar qué es lo que percibía. Estaba seguro de que su alma me estaba dando fuerzas y esperanzas mostrándome que la vida existía después de la muerte.

-He oído muchas anécdotas similares -respondió Charles-. Probablemente es porque no podemos acostumbrarnos a la pérdida de un ser querido.

 

-Bueno –añadió Xavier-. Yo sé una cosa y la doy por cierta: después de la muerte del cuerpo físico, el alma sobrevive.

-Bien –continuó Charles. Estás en tu derecho de creer lo que desees. Mi madre se murió y ya no supe nada más de ella.

-No es una creencia-respondió Xavier-. Es una experiencia vital que me sirve de columna central en mis pensamientos respecto a la existencia del alma y que sostiene mi vida. Incluso añadiría que si no captaste algún tipo de comunicación por parte de tu madre, no fue porque no te lo dijo de alguna forma, sino porque tú no tenías el equipo mental, sentimental y etérico adecuado.

-Siento no tener la misma seguridad que vosotros.

-Ya –dijo el sacerdote encogiéndose de hombros.

-Estoy de acuerdo con el padre Francisco -añadió Xavier. Pero hay que comprender que una experiencia así es un regalo. A unos se les concede, a otros no. Los que tienen gran sensibilidad la experimentan, pero los que poseen una mente tan cerrada o demasiado poderosa, no son sensibles a esos impactos. Los que han percibido, bien una sensación dentro del corazón, bien una visión, lo saben. Y eso es todo. Por el contrario, los que no han tenido tanta suerte pueden tomar una decisión: o tienen fe en lo que sus compañeros de camino les indican, o deberán esperar a que, el día menos pensado, tengan la inmensa fortuna de una revelación así.

Charles se quedó pensativo, y luego terminó.

-¡Cuánto anhelo el día en que se me conceda esa gran bendición! Mientras tanto debo ser fiel a mí mismo y basarme en lo que para mí son experiencias probadas.

-Así es Charles -le animó Francisco-. Ser auténtico consigo mismo es esencial.

-¡Por favor Xavier! -rogó el californiano-. Cuéntanos algo de lo que tú piensas que fue un viaje en el tiempo.

Francisco tocó el hombro de Charles. Sin duda se tenían ya un enorme afecto.

-Pienso que tengo varios ejemplos en los que me pude trasladar al tiempo de las primeras dinastías de Egipto (bien sea en la dimensión espacio-temporal, o en la memoria –denominada akasha- de nuestro Logos Planetario) y pude ver cómo en la meseta de Giza se había construido un planisferio celeste.

-¡Esto se pone interesante! – dijo Francisco frotándose las manos.

-La esfinge es una pirámide perfecta –continuó Xavier su relato-, pero esotérica y oculta. La lástima es que los que la construyeron copiaron mal un original de la segunda dinastía que se encuentra en el segundo piso del Museo de El Cairo.

Aquella esfinge mide aproximadamente un metro y medio de larga; es de alabastro blanco y tiene la representación de los cuatro animales del Apocalipsis o la cruz zodiacal por la que atraviesa la humanidad común.

Las patas traseras del toro (Tauro), las delanteras del león (Leo), el vientre alado como de águila (Escorpio sublimado) y la cara del hombre (Acuario).

 

La esfinge gigantesca, que podemos ver actualmente frente a la pirámide de Kefrén, es una mala copia, pero conserva una de sus peculiaridades y es la de Leo, con cara de hombre que mira hacia el este. Hay algunas personas que afirman que media cara es humana y la otra es de león.

Leo está regido por el Sol y en verdad que representa al Sol en aquel conjunto de pirámides. Para comprobarlo, podríamos utilizar un compás y trazar sobre un plano, a escala, tres círculos, tomando como centro la cabeza de la esfinge y la circunferencia sobre la cúspide de cada una de las pirámides. Veríamos que es similar a tres planetas girando en sus órbitas alrededor del sol-esfinge.

Y eso no es todo. En astrofísica se considera que tenemos, geológicamente hablando, dos planetas hermanos, similares en composición, aunque de dimensiones más pequeñas y cuyas masas y órbitas estarían perfectamente representadas en las pirámides más pequeñas, las de Kefrén y Mikerinos. De la misma forma, la masa terrestre, la distancia al Sol, a la Luna, etc.están "reproducidas" en la pirámide de Keops.

 

 En Oriente, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión son conocidas como los tres reyes magos, cuya analogía y situación es similar a la de las pirámides, aunque con el tiempo han variado el ángulo. Esas tres majestades de la constelación de Orión apuntan a la constelación del Can Menor, cuya estrella más brillante es Sirio, denominada también la casa del Padre.

El Maestro Tibetano (Djwal Khul) sostiene que el Sistema Solar y otros seis sistemas planetarios giran alrededor de Sirio, el Padre de todos los sistemas solares asociados directamente a él, por lo que deduzco que las tres pirámides y la esfinge son también una representación, a escala micro cósmica, del drama que por eones está escrito en las estrellas.

 

-No entiendo bien esto último- dijo Francisco.

-Te diré brevemente que para los esotéricos la constitución etérica del ser humano es semejante a la de los cielos. Imagina que el cuerpo del hombre tuviese una luz radiante en su frente, otra en su coronilla y otra en su corazón, y que tú fueses una célula por ejemplo de un puntito en la barbilla Desde tu minúsculo punto de vista verías un triángulo luminoso que destacaría sobremanera en tu cielo.

-¿Quieres decir que entonces podría construir tres edificios o pirámides, en ese microscópico punto de la barbilla, que reflejasen la situación de ese triángulo luminoso?

-Creo que lo has expresado muy bien. Sólo te restaría deducir que esos tres puntos luminosos tendrían una cierta influencia en tu pequeño mundo de célula del mismo cuerpo.

-Gracias, Xavier.

-¿Por?

-Porque en tus conversaciones alejas cada vez más el horizonte de mis propias limitaciones, y porque cuanto más hablas, más inmenso y grandioso veo que es el universo.

-Gracias a ti, Francisco, por escucharme.

-Entonces...-preguntó Charles, deseando comprender todo lo que decía Xavier-. ¿Qué tiene de especial Giza y que tú hayas podido constatar?

-Tiene mucho de especial. La primera sorpresa me la llevé en el Museo Británico de Londres, y luego en el Museo Alemán de Múnich.

Para poder investigar sobre el tema de forma más fehaciente, pedí prestado un plano, a escala, de la meseta de Giza.

 

 

Mi sorpresa fue mayúscula cuando la señorita encargada del archivo me preguntó cuál de todos los expedientes quería, a la vez que me mostraba una lista interminable de planos de la mencionada meseta. Había unos mil expedientes y todos eran de los Ministerios de la guerra de todos o casi todos los países del mundo. Se ve que la mayoría de gobiernos querían averiguar lo que había de cierto en una vieja leyenda, según la cual los atlantes había depositado una gran cantidad de tesoros (armas, aparatos, archivos, etc.) en tres lugares diferentes de la Tierra: en la cordillera del Himalaya, en Egipto y en el Polo Norte.

Este último ha sido constantemente visitado por multitud de misiones, especialmente de los Estados Unidos de América, quienes incluso diseñaron el submarino Polaris, propulsado por energía atómica, para estudiar la masa de hielo, su espesor y profundidad, las tierras circundantes u ocultas que pudiera haber, la flora y fauna. Se dice que algunos aviones llegaron a ver zonas con clima tropical y vegetación inimaginable; pero esos datos están ocultos para el mundo. Añadiré que esto último, de existir, tendría su explicación esotérica en la entrada de energía extra-planetaria a través del Polo Norte, lo que produciría una región de exuberante vegetación y riqueza. Pero continúo. Da la impresión de que Egipto es el punto geográfico más asequible y es por ello que muchos han supuesto que en él está escondida una de las cámaras del tesoro. Todos creen que se halla debajo de la esfinge, pero lo que yo he deducido es que tendría que estar equidistante a los tres planetas, es decir a las tres pirámides.

 

 

 

Puedes visitar las Pirámides por medio de Google Earth - Coordenadas: 29 58 38.34N, 31 07 54.18E

Si bien el orden, con respecto al Sol, no se corresponde con la situación actual y deberíamos remontarnos a otra época, en la que según la Biblia de los mayas "Había otro cielo y otra tierra"

-¿Querían decir que hace miles de años - preguntó Charles- hubo algún tipo de cataclismo y que se hubieran cambiado nuestras órbitas?

-Me parece una idea descabellada –respondió Xavier-, pues un accidente tan enorme tendría que estar reflejado en la orientación de las fallas geológicas y eso habría dejado un rastro muy evidente para los geólogos.

-¿Y tú no has podido desvelar ese tema y averiguar algo por tu cuenta? -preguntó el padre Francisco.

-Si que lo he hecho, pero los sacerdotes cuidadores de los lugares construyeron unas formas mágicas tan poderosas que, incluso hoy en día, impiden la penetración mental, por lo menos para mí. Si tuviera alguna iniciación más elevada y conociera alguna fórmula o ritual para romper esos sellos... Tal vez podría averiguar el secreto.

-A ver si me aclaro –expuso el científico- ¿Lo que nos estás intentado decir es que gracias a tu método de viajar al pasado, conseguiste ver, o captar, que en realidad la explanada de las pirámides es como el mapa de un tesoro?

-¡Hombre! ¡Dicho así!

-Eso es lo que he entendido.

-No es que hayan construido todo para encerrar un tesoro, sino que hicieron esa construcción para reflejar y señalar hacia las estrellas, y que a su vez, guardaron un valioso tesoro en un punto de ese mapa; pero creo que lo que pretendieron en primer lugar, era dejar constancia de su conocimiento astrofísico para aquellos que tuvieran instrumentos de medición y fuesen capaces de extrapolar las medidas de la gran pirámide a las matemáticas, a la geometría o a la astronomía. Esos conocimientos están perfectamente resueltos en las proporciones de esa pirámide... para "los que tienen ojos para ver"

-Bueno. Entonces, solo tenemos que ir allí y sacarlo -dijo en broma Francisco.

Xavier, que ya iba conociendo el espíritu alegre y jovial del sacerdote, sonrió y añadió una coletilla.

-Por supuesto, amigo Watson.

Charles se quedó pensativo. Tal vez el mundo de las partículas elementales era tan raro, extraño, mágico y singular como lo que les contaba Xavier. Los científicos decían a grosso modo. No, ahora no es una partícula. Sí, ahora sí. No, ahora es una onda. Bueno... ahora la verdad es que no sabemos dónde se encuentra. Pero nuestros cálculos matemáticos nos indican que ahí tiene que estar...

Estaba claro que él, cómo científico, también debería de tener un poco de fe en las experiencias de los demás. Pues si verdaderamente analizaba cuál era el hermoso trasfondo de una bella mujer, que tal y como proponía la ciencia, casi toda ella era espacio vacío... Eso sí que era pedir a los no científicos que tuviesen fe...

-¿Qué piensas Charles? –le preguntó cariñosamente Francisco.

-¡En la magia de la vida!

Los tres amigos se levantaron pensativos, pero ilusionados.

-Gracias Charles -dijo Xavier.

-¿Por qué?

-Por darme una oportunidad.

Charles le miró, le tomó del brazo, y le dijo.

-Espero que todavía nos aclares un poco más lo de Giza.

-Por supuesto, Charles. Para el próximo día, si os apetece, os hablaré de Tutankamon.

El padre Francisco y Charles se miraron. Y debieron pensar lo mismo.

Este Xavier... no tiene remedio.

 


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