Capítulo 24

 

La tentación (II)

 

 

El padre Francisco disfrutó de su paseo diario por la estrecha carretera que discurría desde Ansó hasta valle de Zuriza. La humedad que, vaporosa, ascendía desde el río Veral y las cantarinas aguas, que en ocasiones descendían formando pequeños riachuelos desde la montaña, hacían que su alma se estremeciese. Respiró profundamente y dejó que la vida colmase todo su ser.

Afortunadamente no había llegado todavía la implacable y voraz avalancha de turistas al Pirineo. Ansó siempre quedaría como un lugar afortunado en medio de ninguna parte. Quedaba lejos de las estaciones de esquí y sus carreteras comarcales morían al pie de las altas y bellas cumbres.

Cuando los primeros rayos de luz habían superado las montañas y refulgían sobre la torre de la iglesia, entró en la sacristía para oficiar la misa de las ocho.

Dio la comunión a las escasas quince mujeres que solían asistir diariamente, y agradeció, desde el fondo de su corazón, haber tenido la oportunidad de ejercer como sacerdote tan cerca de las estrellas.

No tenía ni idea de lo que le tenía reservado el día.

-Hola Francisco.

-¡Monseñor! –Exclamó sorprendido- ¿Qué le trae por aquí?

-¿Qué tal te va? –Contestó Monseñor Rubio, el arzobispo de Jaca-

-Bien –respondió automáticamente el padre Francisco- observando al hombre que acompañaba al arzobispo.

-Creo que no os conocéis personalmente -es el señor Marqués de Sotomonte.

Ambos se dieron las manos.

-Encantado –dijo el señor Marqués.

-Es un honor -respondió el padre Francisco, que nunca había hablado con alguien de tanta influencia social.

-Si no tienes nada urgente, nos gustaría que nos acompañases a Jaca -sugirió Monseñor.

-Afortunadamente hoy no hay ningún enfermo que visitar.

-Entonces nos vamos.

Los tres subieron a un SEAT-1500 negro, en el que esperaba el chofer. Monseñor Rubio y el señor Marqués se sentaron juntos en la parte de atrás. El padre Francisco se instaló al lado del conductor.

-Bello pueblo Ansó - abrió la conversación el señor Marqués.

-Ya lo creo.

-¿Sabía que en tiempos fue un pueblo importante?

-No.

-El rey Jaime I de Aragón, el Conquistador, le concedió varios privilegios para que pudiesen defender las fronteras con Francia. Después, ejercieron como mediadores de paz de las disputas entre el valle del Roncal (Navarra) y el valle francés de Baratos (Bearne)

-¡Ah! –Respondió Francisco- el famoso "Tratado de las tres vacas"

-Exactamente -continuó el señor Marqués-. Es considerado por algunos expertos como el tratado en vigor más antiguo de Europa. Los pastores del valle francés de Baretous entregan anualmente tres vacas a los del valle del Roncal.

-Alguna vez había oído sobre el "Tratado", pero creía que era una bella tradición sin fundamento histórico.

-Pues se equivocaba padre. A veces las tradiciones o las leyendas de los campesinos tienen mucho más fundamento de lo que se cree.

-Lo tendré en cuenta. Siempre pensamos que los habitantes de las aldeas están sujetos a muchas supersticiones y que no son unos observadores objetivos.

-Sin duda hay veces que así ocurre. Pero las personas corrientes, en ocasiones, tienen más sentido común que muchos de nuestros dirigentes.

-Ya se ve Jaca -anunció Monseñor Rubio.

-Este sí que es un buen coche -añadió el padre Francisco, que deseaba tener un SEAT 600.

El señor Marqués sonrió ante la candidez del padre Francisco. ¡Qué habría dicho si supiese que poseía en Barcelona una pequeña colección de 17 automóviles!

Entre ellos había: un Jaguar XK8 Cabrío, su favorito para excursiones con su esposa; un

Rolls Royce Phantom, designado para acudir a las fiestas y actos oficiales; el inigualable Mercedes 560 SL, uno de sus más apreciados trofeos; el Porsche 550 Spider, que había sido el sueño de su juventud, e ideal para fardar en solitario. De menos valor económico, aunque sí sentimental, era su Citroën N11 Pato, un recuerdo imborrable de su padre. Y por último el BMW 850, una máquina perfecta...

-Antes de ir a la catedral, deseo enseñarte algo, Francisco –dijo Monseñor.

Los tres descendieron del 1500. Se encontraban en las afueras de la ciudad.

-El señor Marqués va a hacer una extraordinaria donación a la Iglesia.

-¡Es una excelente noticia! -exclamó el joven sacerdote.

-Ya lo creo -continuó Monseñor-. Estamos hablando de unas veinte hectáreas

-¡Eso es mucho! –exclamó el padre Francisco, mientras pensaba la cantidad de metros cuadrados que eran.

-Para hacernos una idea. Los terrenos del Seminario de Zaragoza, es decir, el edificio y los campos de fútbol que rodean al mismo son aproximadamente la mitad.

-¡Madre mía!

-Sí. Así es.

-Se podrían hacer grandes cosas -añadió entusiasmado el padre Francisco-. Un nuevo seminario para toda la provincia de Huesca. Un refugio para necesitados. Un albergue juvenil...y ya soñando...un Facultad de Teología a la que acudiesen famosos teólogos de Europa y América...

-Así es -continuó el Monseñor-. Veo que tienes grandes ideas, Francisco. Sin duda, tú serías un extraordinario Rector.

El padre Francisco soñaba despierto. Así era él. Aunque se sentía muy feliz en Ansó, la propuesta de Monseñor era maravillosa. Podrían enseñar a nuevos alumnos. Sería un colegio de gran resonancia en el ámbito estudiantil. Sería...

-Gracias, Monseñor.

-No tiene importancia, Francisco. Es en primer lugar a Dios, y después al señor Marqués a quien debemos dar las gracias.

Durante el regreso a Ansó se supone que algo hablaron, pero el padre Francisco, ya no estaba. Soñaba con educar, con ayudar, con influir a toda una juventud. Con dar una oportunidad a los jóvenes que deseasen iniciar una vida religiosa... Y sin darse cuenta, estaba saliendo del automóvil justo a la puerta de la iglesia.

-Bueno, Francisco. Ya hablaremos sobre tantos proyectos -le dijo Monseñor que había salido del coche para despedirle.

-Sí, Monseñor. Le haré un informe detallado de todo lo que podría llevarse a cabo en esos terrenos.

-¡Ah! Se me olvidaba.

-¿Sí? preguntó el padre Francisco, que estaba pensando en acercarse a la ventanilla y rogarle al señor Marqués comprensión hacia el amor de su hija.

-A veces, la obediencia a un padre y la consecución del bien general suponen la renuncia a nuestros deseos personales. ¿Sabe a qué me refiero?

-Sí Monseñor –contestó Francisco, sin ser perfectamente consciente de lo que acababa de ocurrir.

-¡Nos veremos! –se despidió Monseñor mientras abría la puerta del SEAT.

Francisco se despidió con la mano, correspondiendo al saludo del señor Marqués.

 


wigs for women wig types short wigs for black women human hair wigs for white women paula young wigs best wig types wig types < /div>