Capítulo 25

 

Más allá de los límites mentales

 

 

-Espero no haber sido hoy excesivamente denso-se disculpó Xavier antes de que Charles y Francisco descendieran las escaleras del metro.

-Nos has lanzado una cantidad abrumadora de información, pero ha sido muy estimulante -contestó Francisco.

-Por mi parte estoy muy impresionado -añadió Charles. Ha sido como si en mitad de la noche, cuando se está profundamente dormido, le lanzasen a alguien un enorme jarro de agua fría.

-¿Por? –preguntó Xavier.

-Pues si te parece normal decir que crees que Tutankamon pudo ser una reencarnación anterior del Cristo.

-¡Ah! Es eso... No afirmo categóricamente que haya sido Cristo el que se encarnó en esa entidad, lo que afirmo es que alguna entidad, con la misma categoría jerárquica que Cristo, vivificó el cuerpo de Tutankamon.

-Ahora bien -continuó Charles- por un lado, se hace extraño, y por otro, podríamos afirmar que la figura de Jesús deja de ser un eslabón perdido en la cadena de la vida. Intento decir... que no surgió de la nada, sino que su "valor" y "poder" era fruto de un continuo trabajo evolutivo. Algo que no brota de repente, sin previo aviso, sin ninguna lógica en la historia de la humanidad.

-Tampoco surge espontáneamente -prorrumpió el padre Francisco-. Es una continuidad del Antiguo Testamento. Es el nexo que une el Antiguo con el Nuevo Testamento.

-Tal vez lo que quiere decir Charles -interpretó Xavier- es que la aparición de un iniciado no es una flor de un día, sino que para que haya brotado esa flor, antes ha debido de haber un jardín.

-Sí, algo así –dijo Charles-. Me viene a la memoria, sin ir más lejos, la figura de Buda en Oriente. Y al hablar de Egipto, recuerdo que Platón estudió allí durante cuarenta años, y por ende los antiguos griegos.

No debemos olvidarnos de los humanos que vivieron antes que él y que tenían unas cualidades extraordinarias. Concretando, comienzo a ver como relativamente lógico, a lo largo del desarrollo evolutivo de la humanidad, la existencia de hombres excepcionales, o como dice Xavier, de iniciados. Hombres que parecen tener un contacto con el mundo espiritual y del que nos traen testimonio.

-En otras palabras- respondió Francisco -¿estás sugiriendo que esos grandes Seres no son propiedad de una religión, sino que son patrimonio de la humanidad?

-Sí- Pienso que no podemos afirmar, orgullosamente, que los humanos son los únicos detentadores de la consciencia del Cosmos. Si bien la ciencia no ha podido constatar, hasta ahora, la existencia de más seres inteligentes, sin embargo no podemos otorgarnos la prerrogativa de ser los únicos habitantes de cien mil billones –por decir un número- de posibles planetas con algún tipo de humanidad en evolución. En otras palabras, estas conversaciones me están abriendo los ojos hacia la grandeza, misterio y magia del universo; a la posibilidad de que las distintas dimensiones establezcan un contacto entre sí, a la intercomunicación entre mentes. Y que es tan enorme, repito, cien mil billones de planetas, que desde luego, para mí, y para cualquier persona razonable, comprender que si hay un creador de un universo tan inimaginable, está alejado de nuestro planeta. No porque estemos o no evolucionados, simplemente por una cuestión de lógica.

 

Es como si dijéramos que el presidente de los Estados Unidos, o el Primer Ministro ruso, se encierran en una mota de polvo para salvarla de una corriente de viento. Cien mil billones de planetas y miles de billones de estrellas...son algo que excede nuestra conciencia.

Después de escuchar tal cantidad de posibles planetas, lo que podía indicar que existiesen trillones de seres humanos, o entes de similares características, los tres permanecieron en silencio.

Charles no pudo menos que preguntar: ¿entonces tu eres creacionista o evolucionistas?

No hay por qué separar ambas ideas. Desde luego que en algún remoto momento en la historia del planeta, el Logos o Dios Creador aprovechando el ciclo de neguentropía - entropía planetaria, introdujo la chispa de la mente en los animales antropoides más evolucionados. El Génesis es un reflejo de esa realidad; pero no deja por ello de contener una realidad de lo que pudo ser la creación de la corriente de la vida.

Había creado el marco apropiado para la evolución de las especies y a medida que el ambiente se hacía más límpido y respirable, los ojos, los pulmones, etc. se fueron adaptando a esas condiciones y la columna vertebral se puso perpendicular al suelo y el hombre se hizo bípedo.

A medida que el hombre y la mujer (no hubo creación de la mujer de una costilla de Adán) fueron adquiriendo discernimiento, tomaron conciencia de la separación de sexos... y lo que antes era el hermano árbol y el hermano león, dejó de ser una realidad y el hombre-mujer hermafrodita adquirió sexos separados. Todo eso proceso fue un lento camino de algunos millones de años.

El hombre y la mujer separaron el cuerpo del espíritu y por el poder de la mente imaginaron el espíritu "arriba" y el cuerpo "abajo". Aquí es donde entra esa necesidad de re-ligare el cuerpo y el espíritu para volver a hacer una unidad, con la diferencia de que ahora sería con la conciencia del mundo material y del espíritu.

La pregunta típica de que si fue primero el huevo o la gallina, tampoco cabe en la tesis evolucionista, ya que el mecanismo creado implica todo el proceso completo, enmarcado en el todo creado y adaptado dentro del proceso evolucionista.

A medida que cambian las condiciones ambientales, se produce un salto cuántico que produce mutaciones en todo el Globo... por eso se podría decir que la vida seguirá mientras las condiciones ambientales sean las adecuadas para que la creación pueda seguir evolucionando... si cambiaran estas condiciones, es de suponer que la vida se adaptaría a ese nuevo ambiente.

-Se me ocurre –prosiguió Xavier- que nuestra civilización actual, si la comparamos con la edad de nuestro pequeño, pero amado planeta, es algo tan nimio que equivaldría a unos escasos minutos. ¿Podríamos imaginar que un ente más grande que Júpiter y de una vida tan prolongada que abarcase cuatro o cinco mil millones de años? El mencionado ser se podría desplazar entre tal cantidad de planetas y estrellas, y no terminaría nunca su viaje. ¿Podríais visualizar un ser luminoso, que solo resplandeciese en algún momento determinado, cuando los rayos de las distintas estrellas le llegasen, y que contuviese una mente tan inmensa que envolviese y compenetrase la Tierra?

 -¡Creo que has dado con algo interesante Xavier! –exclamó Charles.

-No se me había ocurrido nunca tal imagen tan evocadora-añadió el padre Francisco.

-Bien -continuó Xavier- entonces...si ese ente, supongamos que fuese extremadamente etéreo en comparación con la materia física... al asentarse sobre un planeta determinado del tamaño de la Tierra, podría causar acontecimientos profundamente extraños y extraordinarios.

-Ya lo creo.

-¿Nos podríamos imaginar por un segundo la memoria de ese Ser?

-Qué maravilla.-dijo Francisco.

-¿Podríamos ser capaces de calcular la energía que podría desprender de sus procesos mentales?

-Creo -siguió Charles- que no sería descabellado describir la electricidad entre sus neuronas casi invisibles como continuos relámpagos y truenos de una intensidad inverosímil, afectando tanto a la superficie de ese planeta como a su interior.

Aquel momento fue muy extraño. Como si por un segundo las tres mentes hubiesen sido capaces de superarse a sí mismas, y salir de su propia humanidad, de su propia limitación.

Los tres se quedaron asombrados ante una posibilidad que era similar a decir que una medusa viajase por la inmensidad de los océanos de la tierra sin encontrar nunca el final de los mismos y deteniéndose de vez en cuando en un minúsculo coral.

-¡Entonces!-continuó Xavier- ¿Tan extraño podría parecer un poquito de magia, de algo fantástico como la reencarnación de Cristo en Tutankamon, fuese cierto o no? ¿Tan raro sería creer en la existencia de cien mil, de mil millones, de un billón de "neuronas" iluminadas en la historia del longevo Ente? Sabemos que el cerebro de un ser humano tiene unos cincuenta billones de de neuronas, de las que nosotros-almas somos sus "Señores".

-Creo-continuó Charles- que todo esto es aceptable, aunque día a día se intenta demostrar la evolución con nuevos hallazgos y así lo parece, lo cierto es que no hemos desentrañado la causa primera. Una Entidad "eterna" para nosotros, y sin embargo tan minúscula para el universo, pues al fin y al cabo estamos hablando de que una estrella es como si fuese un átomo de una Galaxia, al evolucionar como un organismo podría determinar la evolución de todo nuestro planeta. Y verdaderamente...no pasaría nada. De esta forma podríamos explicar lo que siempre nos dicen...que todos somos Uno.

-Estamos -continuó Xavier-, tal vez, concretando demasiado, un concepto abstracto, pues no hay que olvidar que estamos hablando de un plano más sutil que el de los átomos físicos...Pero...no deja de ser maravilloso.

-Es extraño -continuó el padre Francisco- Se me ocurre que ese Maravilloso Ser, sería como una nube de luz, nosotros los puntos brillantes de esa nube, y se cumpliría la famosa y enigmática frase de San Pablo:"en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser"

-Y... ¿Os imagináis -continuó Xavier en un estado cercano al éxtasis místico- por un momento, cómo ese "Sagrado, Eterno y Omnisciente Ser de Luz", cuyas células serían nuestras almas inmortales habitara en un planeta y luego, terminado el ciclo que él considerase oportuno, o que sencillamente estuviese determinado por la duración intrínseca de un sistema solar y sus planetas pertinentes, buscase otro lugar dónde fuese posible la vida?

Los tres permanecían en un estado fuera de lo habitual. De repente, el velo de la grandeza del universo se había rasgado. De golpe, ante su imaginación, aparecía nuestro mundo como algo inmensamente fantástico y en el que cualquier milagro era posible, por grande que le pareciese al minúsculo ser humano.

-La reencarnación –continuó Charles, que parecía haberle tomado gusto a una idea tan curiosa- sería algo tan sencillo como la apropiación de materia más densa por parte del inmenso organismo de luz. Sería como introducir una red en las aguas del mar y dejar que los microorganismos tomasen la forma de la propia red. Los microorganismos cambiarían, pero la red perduraría muchos años...toda una eternidad para esos habitantes del agua. La interconexión entre los hombres sería algo habitual, pues estarían comunicados por esa red de energía o estructura del Ente Eterno y Luminoso...Todo parecería cómo un milagro y sería fácilmente comprensible.

 

 Y el padre Francisco, por alguna asociación en su mente del término "milagroso", recordó la Sábana Santa que había mencionado Charles, e intuyó que albergaba en sí misma un hermoso milagro.

-¿Podrías algún día traer pruebas de la Sábana Santa de Turín? Le preguntó Francisco a Charles.

-Eso está hecho. Supongo que ya está en camino. Hace ya días que se las pedí a un viejo colega.

-Y tú, Xavier, ya nos ilustrarás con alguna idea sobre la infancia de Jesús, según lo has podido captar.

Xavier miró al padre Francisco y necesitó estrecharle la mano.

-Gracias por tener confianza en mí.

-No tiene importancia. Se me ocurría una frase que dijo Jesucristo.

-¿Cuál?- Preguntó Charles.

-"Cuando tres o más personas se reúnen en mi nombre, yo estoy con ellos" -dijo el padre Francisco con el rostro resplandeciente. No era para menos. Aunque sólo fuese un pequeño destello momentáneo en la infinidad del universo, sin embargo, se había sentido salir fuera del caparazón protector, y limitador, de la Santa Madre Iglesia. Pero, también le ocurrió lo mismo a Charles respecto a la ciencia y a Xavier respecto al esoterismo. Quizás habían extraído de la mente universal lo que algunos denominan "inteligencia pura"

-Quisiera aclarar una cosa –dijo Xavier, dirigiéndose concretamente al sacerdote –. He podido proyectar mi mente en muchísimos aspectos que me interesaban de alguna manera, pero no deseo perder el tiempo tratando de iluminar conceptos que ya han sido aceptados tras muchos siglos de dogmas e imposiciones. Mi único anhelo es completar aquello que me parece un resquicio en la fe de los cristianos y aportar un gramo de luz y coherencia con las herramientas de la lógica y de la intuición.

Sus amigos le miraron

-Xavier –le contestó el padre Francisco-. Tú eres tan cristiano o más que yo. Eres una mente con buenas intenciones. Y estoy seguro de que estás al servicio de Cristo...si no es así, ¿por qué ibas a tener como motivo principal de tu vida su figura?... Y si me lo permites, te pregunto: ¿Cuándo empezó tu interés por la espiritualidad?

Xavier hizo un profundo suspiro y empezó a soltar ese nudo que tenía desde hace muchos años y abrió un poco su corazón a esos dos amigos del alma... diciéndoles que cuando su padre murió, él se quedó velando su cuerpo en el tanatorio. Aquellas horas de tranquila soledad sirvieron para preguntarse por el propósito de la vida. Su padre había estado trabajando intensamente todos los años y recientemente se había jubilado... Pensó que podría haberle dedicado muchas horas y haber ido con él al cine o a pasear por los sitios que le gustaban, podría haber compartido muchas horas con él; pero su ritmo de vida le había apartado un poco de ese honor y deber filial... Había perdido la oportunidad de gozar de su conversación y de averiguar las razones ocultas de su disciplinada conducta.

En aquellas horas me hice miles de preguntas que tres días más tarde empezaron a tener respuesta.

Encontré un libro que mi amigo José Antonio me dejó hacía algunos años. Era el "tercer ojo" de Lobsang Rampa. Aquel libro era mágico. Traía a mi mente viejos recuerdos enterrados en las capas más profundas de mi subconsciente.

Seguí comprando y devorando toda aquella colección de libros tan bellamente escritos y que describían la vida de las comunidades budistas y su filosofía. Me había abierto una nueva dimensión en mi vida y para seguir completando todo el cuadro, compré los libros que aún no habían sido editados en castellano.

Seguidamente se abrió una nueva etapa en mi vida y durante 21 años estuve asistiendo regularmente a las reuniones que se hacían en un monasterio budista.

He de confesar que el libro que menos me gustó en aquel entonces fue "mi vida con el lama", que trataba de las conversaciones que había tenido con su gato; pero ahora acepto qué podrían haber ocurrido esas conversaciones, pues los gatos son magníficos receptores telepáticos.

Creo que muchos miles de occidentales le debemos a ese escritor el descubrimiento de la espiritualidad, de esa vida más abundante de la que nos habló Cristo.

Es una lástima que ciertas entidades, en vista del éxito de los libros de Lobsang Rampa, emprendieran una loca carrera para desprestigiarlo; pero aquellos que "tenemos ojos para ver" no pudimos ser engañados.

En una de las festividades tibetanas, la celebración del año nuevo, respondiendo a preguntas del público, el propio Dalai Lama vino a decir que después de Buda, fue Lobsang Rampa el que más ha difundido el budismo, aunque no lo conocía personalmente, subscribía sus escritos.

Sin duda que un hermoso milagro estaba ocurriendo. La luz y el amor inundaban el corazón de los tres amigos. Y aunque, este hecho, en sí mismo, ya era un milagro, había algo más. El sagrado Corazón de Jesús les llevaba inexorablemente hacia su destino. Previamente, ellos, de una forma o de otra, habían pronunciado esta sagrada frase:

"Sea tu Voluntad, Señor, no la nuestra"

 


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