Capítulo 26

 

Charles abre su corazón.

 

 

-¡Que impresionante! –exclamó Charles cuando llegaron a la fachada principal del Seminario de Zaragoza.

-¡Ya lo creo! –exclamó Xavier.

-Todavía recuerdo el primer día que entré. Tenía diez años y me acompañaban mis padres. Me pareció inmenso por fuera y maravilloso por dentro. Sus pasillos estaban llenos de luz. Los suelos eran resplandecientes. Había unos preciosos jardines en los patios interiores. Estaban perfectamente cuidados. Los setos eran de formas geométricas, y en el interior de los mismos, regalaban la vista una gran cantidad de rosas.

-¡Hola Sauras!

-¡Hola Texeda! -contestó el padre Francisco- Te presento a mis amigos de Barcelona: Charles y Xavier.

-Encantado –saludó el padre Texeda a ambos invitados-. Espero que les guste el edificio. El padre Sauras me ha hablado mucho de ustedes. Está desconocido. Su energía actual me recuerda a la que tenía cuando jugábamos juntos al balonmano.

-Bueno-respondió sonriendo el padre Francisco-, creo que exagera un poco.

-Para que estéis cómodos –indicó el padre Texeda- os he reservado el despacho contiguo a la biblioteca.

-Gracias señor Rector -contestó el padre Francisco en tono simpático.

-Saben... Siempre ha sido igual de gracioso, pero su corazón es inmenso, y su sabiduría también. Somos amigos desde que teníamos diez años. Así es que imaginen.

-Me vas a sonrojar.

-Lástima que no haya algún video de cuando jugábamos a balonmano...o cuando hacíamos las funciones de teatro el día de los padres.

-¡Sí! ¡Ya lo creo! Me habría gustado verme con la chistera de don Crispín... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

-Es que entonces no existían... ni cámaras fotográficas. Bueno, las había...pero solamente para los fotógrafos profesionales.

-Creo que todos hemos vivido esa época de la postguerra -añadió Xavier.

-Sí. No teníamos casi nada, pero éramos felices-añadió el señor Rector-. Bueno, les dejo. Si lo desean, pueden quedarse...necesitamos nuevos sacerdotes...

Los invitados sonrieron, y el padre Texeda, alto, de pelo ligeramente rubio con ojos azules, se alejó hacia los campos de fútbol. Se detuvo unos instantes, se palpó todos los bolsillos del traje negro hasta que encontró su silbato y miró hacia la ventana donde había alguien que le saludó y prosiguió. Los tres amigos se quedaron observándole unos instantes, y por fin pasaron al interior del seminario, que efectivamente era más bello y acogedor por dentro que por fuera. Su fachada se podría adjetivar de clásica, elegante, sobria, fría y un tanto megalómana. Su rosetón en cierto modo era ciclópeo. Habría resultado impresionante si hubiese estado situada sobre un monte y con el fondo verde de enormes montañas, pero ubicado allí a las afueras de la ciudad, mostraba al observador algo extraño que no podía identificar. Tal vez, era que se encontraba, ya, fuera del tiempo, a pesar de estar construido hacía pocos años.

-Creo que todavía tengo un Florilegio latino que saqué de la biblioteca y no devolví- dijo Francisco cuando pasaron por la puerta-. Tiene más valor sentimental que de otra clase. Me recuerda la feliz época de estudiante.

-¡Qué raro se hace escuchar que alguien ha estudiado latín! -exclamó Charles.

-Ya lo creo. Además, os tengo que confesar algo, pero no se lo digáis al padre Rector.

-No te preocupes. Que no le diremos nada -siguió la broma Charles.

-Estábamos en clase de segundo curso. Y había que traducir una frase. Muchas palabras están cambiadas de orden, respecto al español. Así es que hay que analizarlas, y encontrar cuál es el complemento directo, cuál es el complemento indirecto...en resumen, que lo que se lee, no es evidente a primera vista.

-Vamos Francisco -que no tenemos toda eternidad- dijo Xavier.

-Resumiendo. El profesor le preguntó al alumno, que si no recuerdo mal, se llamaba Claver. Mi compañero de clase, ni corto, ni perezoso, en lugar de traducir correctamente:

"Cesar mandó a su hijo, Bruto, al puerto de Ostia"

Lo tradujo así:

"Cesar mandó al bruto de su hijo al puerto de una hostia"

-Que me perdone el padre Rector por decir un taco, pero os aseguro que por un momento creíamos morir de risa.

Los tres no pudieron dejar de sonreír. Charles y Xavier dieron una palmadita en el hombro de Francisco, mientras se sentaban alrededor de una mesa ovalada.

-Ahora -dijo todavía sonriendo Francisco- prometo portarme bien y no contar más anécdotas graciosas.

-Parece mentira cómo cambian los tiempos -continuó Xavier.

-¿Por qué lo dices? –preguntó Charles.

- Este edificio creo que representa una época muy reciente de esplendor de la iglesia. Apenas tiene cincuenta años, y hoy en día los templos están casi vacíos.

-¡Ah! –exclamó Charles.

-Es verdad que todo ha cambiado enormemente. Tal vez es que la enseñanza cristiana en general debería sobreponerse y establecer unos cultos que sean verdadera fuente de vida -dijo todo serio Francisco.

-Pienso-contestó Xavier- que no le falta razón a Francisco. Hay algo que no llena de verdad algunos corazones necesitados. Creo que algunas personas necesitan algo más retributivo. Las verdades hay que presentarlas de tal manera que convenzan sin atar a sus seguidores. Habría que presentar las enseñanzas de Jesucristo de tal forma que hasta los más incrédulos pudieran aceptarlas. Habría que hablar de forma más científica a la gente.

-¿Qué quieres decir Xavier?

-Pues que durante toda la historia, los fieles han sido verdaderos devotos, han rezado lo que con sinceridad la iglesia ha creído que era la vía, pero el resultado no ha sido satisfactorio.

-¿Tal vez no hemos sabido llenar sus corazones?

-Quizás los corazones sí -respondió Xavier-, pero no las cabezas, y, eso también forma parte del mecanismo humano, aunque sea de un místico. Vemos como muchos jóvenes e incluso adultos están buscando respuestas en otras sectas, aunque muchos saben que están consideradas como peligrosas. Y los discursos de los párrocos u obispos nos hablan como si estuviéramos en la edad media. Pienso que uno de los problemas ha sido olvidarse de la ley de causa y efecto.

-Yo creo que no se ha olvidado -respondió Francisco.

-Pienso que sí. Por ejemplo. A todos nos han enseñado que el cielo y el infierno existían. Pero eso era todo. Por otro lado se desechó la idea de la reencarnación. Y querámoslo o no, los corazones de muchos hombres no se han visto reflejados en las consideraciones de los religiosos.

-Algo de cierto –comentó Charles- debe de haber por las consecuencias que todos observamos en estos días.

-Tampoco estamos aquí para debatir, qué es lo que ha ocurrido. Los fieles se han acercado pero necesitan algo más que no se les ha dado.

-Creo, Xavier, que la verdadera religión, como su nombre indica, debe de re-ligar al hombre físico con su alma, y que el ser humano que está en este mundo sienta efectivamente la fuente de la vida. La vida Crística. Pero verdaderamente es tan difícil llegar a sentir cómo el Amor fluye y brota de nuestros corazones, que quien no ha sido capaz de realizar tal unión, ha dejado de creer en unas palabras que alguien le decía desde un púlpito y que no respondían a la fuente de la vida. Sin embargo, en mi opinión, la iglesia ha hecho un gran bien a nuestra civilización.

 

-Francisco, yo creo, –continuó Xavier-, que nos estamos aproximando. Hay que comprender que no surge a todas horas un sacerdote santo. Un enviado del mundo espiritual que demuestre con su poder sanador y redentor la fuerza de la gracia.

-Es cierto-dijo Charles-. Yo añoro encontrar un hombre santo, que me dé nueva fe. Que explique de alguna forma razonable todo lo que la ciencia está descubriendo. Como científico, en muchas ocasiones me he sentido pleno y colmado de luz cuando un experimento ha salido bien, o cuando he desarrollado con éxito una teoría, pero en el fondo, necesitaría que me demostrasen que hay algo más allá de la vida, y que el universo no es tan frío ni vacío como aparenta. Me encantaría que se demostrase que una conciencia inmensa había desarrollado los gérmenes de la vida en la tierra...

Hubo una pausa y continuó

-No necesito creer en que el Hijo del Creador del 1.000.000.000.000.000.000 (trillón o infinito matemático) de estrellas, por decir una cantidad, ha descendido a este pequeña y minúscula partícula que es la Tierra; pero sí que anhelo que alguien demuestre que la vida no es en vano y que todo nuestro trabajo a favor de la verdad tiene unos resultados tangibles... Y que si se muere un hijo o un padre, no nos digan: "Dios lo ha querido", sino que de una vez por todas se traspasen los velos entre el mundo material y el mundo espiritual, si es que los hay, y nos muestren cómo es parte de esa realidad...Y, continuando con estas elucubraciones, ¿creéis que existe el cielo o el infierno?

Francisco y Xavier miraron a Charles. Tal vez se habían enterado, justo en ese instante, del terrible sufrimiento por el que su vida había transcurrido. La causa más importante de incredulidad del ser humano: la desaparición de sus seres queridos.

- En realidad - tomó la palabra Xavier- no existe ni el cielo ni el infierno, pero lo que falla en este símbolo es su presentación al mundo de los creyentes. Cuando morimos, o mejor dicho aún, cuando el alma corta los lazos con sus cuerpos, se produce una revisión de la vida, de igual forma a cómo se produce una revisión del día cuando dormimos. El alma revisa todos los acontecimientos ocurridos desde los momentos anteriores a la muerte hasta el nacimiento. Los escruta con total imparcialidad, y sopesa el bien y el mal que ha cometido, los errores, los abusos, las omisiones y todas las cosas sutiles que le han ido ocurriendo, muchas de las cuales las había olvidado por completo.

Como sea que había puesto bastante énfasis en aquellos momentos tan especiales de su vida, el alma los había congelado en su memoria para revisarlos una y otra vez, hasta que la energía acumulada allí se disipara. Eso podría llamarse infierno. El símbolo es casi acertado, ya que el infierno era un lugar cercano al mar muerto. Era una falla volcánica por la que surgían gases tóxicos. A los reos de crímenes o de acusaciones de toda índole, les hacían pasar por el puente tendido a través de ese lugar, y si tenían la conciencia tranquila, su dios les protegería y cruzarían salvos el tramo, pero si eran culpables, el peso de su conciencia de culpabilidad les haría caer.

El fuego es el símbolo de la mente, esa herramienta que analiza lo acaecido en esta vida y el alma se cuida de guardar en su memoria todo aquello que necesita sublimarse para una próxima encarnación. A eso se dedican los psicólogos cuando tratan de detectar traumas de vidas pasadas. En otras terminologías se lo denomina "pecado original" y otros se lo llama "karma"... o "ley de causa y efecto".

 Vicente Beltrán Anglada nos cuenta algunos casos que él presenció cuando "estaba en el cielo" o en sueño lúcido, con continuidad de conciencia, ya que "allí arriba" también aprendemos lecciones.

El Maestro les estaba mostrando cómo era el estado de conciencia de algunas personas tras su deceso.

Narró el caso de un indígena que se había convertido en un excelente cazador. Cazaba y pescaba con gran éxito, y todos los componentes de la tribu salían de sus chozas cuando regresaba con el fin de festejar su éxito... Ese era su cielo, su devachán.

El Maestro luego les dijo: mirad cómo se esmera en su tarea diaria, dentro de esa sutil burbuja de materia emocional construida por su alma para aliviar sus frustraciones vitales. Y ahora mirad cual fue realmente su vida en la selva.

Observad cómo no acertaba ni una. Le costaba mucho esfuerzo tener éxito para pescar una carpa o cazar una gacela. Todos los de su tribu se mofaban de su torpeza, y él deseó tanto tener éxito, que su cielo consiste en cazar y pescar con todo tipo de armas y artilugios inventados. Él se ha convertido en el héroe de su cielo y todos le respetan. Esa etapa durará hasta que toda la energía, generada en su vida física, se disipe y pueda seguir con la revisión de otros aspectos de su vida. Finalmente reposará un par de siglos, por decir una cantidad de años humanos, pues en "la no manifestación" no existe el tiempo, sino períodos de actividad y reposo. Es decir, que descansará hasta que se le presente una nueva oportunidad para reencarnar y proseguir su evolución en la tierra. Mientras, se preparará de tal forma que sus cuerpos sean los más adecuados para superar una lección similar, bajo ciertas energías que condicionarán su vida, con una herencia genética determinada, un tipo de educación y una sociedad en la que se va a ver inmerso...

 Creo que he hablado mucho-se disculpó Xavier- creo que sería buena idea que Francisco dé su opinión al respecto.

-En cierto modo-siguió el sacerdote- la Iglesia también considera la ley de causa y efecto; pero al no tener en cuenta la reencarnación, tanto el cielo como el infierno se prolongaban hasta el infinito, si bien se otorga la posibilidad de estar en el purgatorio, durante cierto tiempo.

-¿Hasta el infinito?-dijo Charles.

-Sí-respondió Francisco.

-¿Un infinito que empieza unos minutos después de la muerte?-Preguntó Xavier

-Tal vez no tiene lógica alguna -respondió Charles- El infinito no tiene ni principio ni fin, es infinito hacia adelante y también hacia atrás, aunque el infinito no tiene un punto medio en el que dividir el tiempo... ¿Es quizás el aquí y ahora ese punto mágico en el que el tiempo se detiene? ¿Es en el estado de la "serena expectación" en que se encuentra ese punto neutro y atemporal?

Bueno, ya vemos que esta teoría no tiene fundamento alguno. Esto me recuerda a otro científico amigo mío que decía, yo no quiero ir a un cielo en donde esté toda la eternidad escuchando música de arpa, eso debe de ser muy aburrido, creo que en el infierno me lo pasaría mucho mejor. Por otro lado, me acuerdo de mi querido padre. Tuvo un error, y murió en la cárcel... ¿Significa que ya no saldrá nunca del infierno? En este caso creo que estoy más de acuerdo con Xavier. El sistema de reencarnaciones me parece más justo.

-De verdad que siento mucho lo de tu padre-dijo Francisco-. Entre nosotros, creo que Dios no sería justo si condenase a un hombre por toda una eternidad. Tal vez nuestros sabios y santos Padres de la Iglesia no meditaron bien al respecto.

El sacerdote miró el reloj, y dijo.

-Se nos ha hecho la hora de almorzar. Los alumnos ya están en el comedor. Si os parece, seguimos esta tarde.

-De acuerdo- dijo Charles con lágrimas en los ojos.

-Ojala que te pudiese transmitir mi experiencia, Charles -manifestó Xavier. También te tengo que decir que yo he sufrido mucho más de lo que te puedes imaginar. Pero ahora, como dice Francisco, descansemos un rato. Seguiremos largo y tendido después.

Francisco tocó con afecto el hombro del científico.

-Lo siento -se disculpó el científico-. Me he dejado llevar por antiguas heridas. A veces se me olvida que tuve en mis manos la Sábana Santa.

Los tres salieron, podría decirse, iluminados. Pues en verdad que sus corazones partieron vibrantes de aquella biblioteca.


wigs for women wig types short wigs for black women human hair wigs for white women paula young wigs best wig types wig types < /div>