Capítulo 29

 

Aprendizaje de Jesús en Egipto

 

Tercera Iniciación.

 

 

Charles y Francisco habían pasado toda la semana con una gran curiosidad por ver cómo se desarrollaba la vida desconocida del Maestro Jesús en Egipto. Xavier no se hacía mucho de rogar para hablar sobre el tema que había ocupado gran parte de su vida. Así es que el esoterista inició sin más preámbulos la charla de aquella tarde de verano.

-Al tercer año, Jesús formó parte del escaso grupo de aspirantes que habían llegado a conseguir la túnica azul.
Durante ese tiempo tendría que dominar su pensamiento, aunque la verdad es que la instrucción era: "procura que tus pensamientos no te dominen, ya que dominar los pensamientos es algo prácticamente imposible". La analogía con los yogas actuales estaría comprendida en la denominada Raja Yoga o yoga real. El yoga que permite ver la realidad oculta en las formas mentales.

El reducido grupo de iniciados permanecía muchas horas en absoluto silencio. El instructor enunciaba algunas frases cortas que debían arrojar al vacío de sus mentes. Después, esperaban hasta que surgía alguna respuesta y la anotaban en las tablillas.

Las preguntas o "koanes" eran cada vez más sutiles. Habían comenzado meditando sobre una rosa, su forma, color, olor, textura, espinas, etc. y la respuesta tenía que encajar con un protocolo establecido y secreto. Si el iniciado acertaba, podía continuar con la instrucción, en caso contrario era expulsado del recinto y destinado a otras labores de ayudantía.

La disciplina era bastante estricta. Se levantaban una hora antes de que saliera el Sol para hacer sus abluciones, y cuando el "astro rey" asomaba por el horizonte, debían mirarlo fijamente durante unos diez minutos. Después, se retiraban a sus celdas a meditar sobre el pensamiento simiente de la semana. Al atardecer repetían nuevamente esos minutos de enfrentar al Sol y observar cómo declinaba lentamente en el horizonte. Por supuesto que estaban más horas expuestos al Sol, pero los dos momentos mencionados eran de especial significado para ellos.

Jesús iba superando bien todas las pruebas. Los períodos de silencio y de meditación le resultaban muy agradables.

 Tenía encuentros conscientes con Cristo y con sus padres, aunque éstos no recordasen nada al despertarse. Contemplaba cómo iban creciendo sus hermanos, cómo sus padres continuaban trabajando y cuánto pensaban en ese hijo que había desparecido de sus vidas, si bien internamente sabían que algún día volverían a verle.

Jesús estaba muy preparado para esta tercera etapa. La tercera iniciación en la pirámide de Keops. Sabía que tenía muchas oquedades, pasillos anchos y estrechos, habitaciones con enormes piedras pulidas y también una serie de estatuillas de los antiguos faraones. Sabía que si los contaba en su ascensión, llegaría a encontrar más fácilmente la puerta en su retorno a la base y podría salir por el pasillo que conduce a la salida entre las patas delanteras de la esfinge.

 

Su conciencia permanecía tranquila, él se sabía sobradamente preparado para superar esa dura prueba y aceptó cambiar su túnica azul por la blanca, color de luto para los viejos egipcios, después le introdujeron en el sarcófago de la cámara del rey. Deslizaron la pesada losa tras dejarle una cantimplora con agua y salieron de la cámara. Allí reinó el silencio absoluto.

Estuvo solo con sus sueños, sus ilusiones, sus miedos, si es que alguna vez había tenido miedo por algo.

Tuvo un sueño en el que contempló el devenir de la Humanidad desde hacía muchos siglos, cuando él se había encarnado en otros cuerpos.

Recordó algunas de sus vidas, especialmente aquellas en las que había tenido un papel más activo y había trabajado en bien de sus semejantes, lo que le había conducido, hacía ya unos siglos, a la cuarta iniciación jerárquica; se había convertido en un maestro de la jerarquía y por ende, se había liberado de los lazos que le unían a la humanidad y de la oportunidad de seguir aprendiendo las lecciones que la vida ofrecía. Se había convertido en un alma liberada, en un Maestro Ascendido cuya energía dominante era la del amor.

En esta ocasión se prestó nuevamente a servir a Cristo, tal y como ya lo hizo cuando ocupó el cuerpo que dio vida a Krishna, una repetición casi idéntica de la actual, hace unos 4.000 años.

Rememoró también la época en la que fue compañero y discípulo del propio Buda, hace unos 2.600 años.

Al tercer día, los monjes asistentes deslizaron la pesada tapa del sarcófago y le ayudaron a salir.

Los Maestros esperaban ansiosamente su salida por la puerta de la esfinge, lugar destinado para aquellos que habían superado los tres años de duras pruebas y disciplinas y que se habían ganado el título de "Hijos del Sol".

 Hubo una gran fiesta de despedida, pues ya no podía quedarse en aquel paraje. Y, aun habiendo superado todas las pruebas, debería marcharse, pues no era egipcio y por tal causa no podía ser instructor de otros discípulos.

Obtuvo su diploma de pergamino que guardó como trofeo para enseñárselo algún día a sus padres. También le honraron entregándole un anillo de oro, con un escarabajo azul y la inscripción que rezaba "Hijo del Sol".

-Xavier...-dijo el padre Francisco.

-¿Sí?

-Tu relato es fascinante.

-Gracias.

-Un día hablaste sobre las iniciaciones. Yo creía que cuando te referiste al Bautismo, la segunda, supuse que había ocurrido en el Jordán. Lo mismo pensaba de la tercera iniciación o transfiguración, cuyo episodio, todos los cristianos conocemos...

-¿Si?

-Entonces...ahora me quedo un tanto perplejo cuando narras que esas iniciaciones, o su confirmación simbólica, ya habían ocurrido en Egipto.

-Hace unos días, comentamos que si Jesús había conseguido las dos primeras iniciaciones en tan solo dos años era porque la verdadera proeza de someter los cuerpos la había realizado en vidas anteriores.

-Es cierto.

-Lo mismo ocurre con la tercera, pero si te parece dejamos sin responder, completamente, tu pregunta hasta que lleguemos a la vida pública de Jesús.

El sacerdote de corazón de oro miró a Xavier y captó algo extraño en el brillo de sus ojos. Es como si le dijesen: "tranquilo, ya verás cómo vamos por buen camino y te llevas la sorpresa de tu vida"

-De acuerdo, Xavier. La verdad es que confío plenamente en ti. El temor a que nuestras conversaciones derivasen en un menoscabo de la figura de Jesucristo creo que estaban infundados. No me cabe la más mínima duda de que ambos, mejor dicho –miró a Charles-, los tres estamos ligados a un mismo y bello destino relacionado con Cristo.

-Gracias, por confiar en mí.

-Yo también confío en ti- dijo Charles, quien había permanecido en la conversación muy pensativo-. Es que nunca había visualizado la vida de Jesús en Egipto, un enigma según la tradición "oficial"... Tal vez...

-¿Sí?

-Bueno...es una curiosidad personal.

-Sí dime.

-¿Nosotros podemos llegar a ser iniciados, aunque, solamente sea de primer grado, aunque no hagamos regímenes alimenticios estrictos o meditaciones extraordinarias?

-Claro. No es esta la primera vez que venimos a la encarnación. Ha habido otras vidas, e incluso en esta, en las que hemos ido aprendiendo, si bien a un ritmo más lento, las técnicas requeridas. Por ejemplo, cuando visualizabas el choque de partículas y sus consecuencias en tu mente, estabas utilizando el tercer ojo. Es decir que estabas meditando. Cuando sentías el profundo dolor por la muerte de tu padre, de tu madre o de tu esposa, estabas haciendo más transparente y más reflectante tu cuerpo de sentimientos, sólo que no lo sabías. Cuando veías una mujer bella y evitabas no pensar en ella por respeto a tu esposa, estabas superando una tentación... una prueba.

-Pero... parece poca cosa.

-No, no lo es. Date cuenta de que, muy probablemente el hecho de superar una pequeña tentación, representaba toda una vida de lucha.

-No lo entiendo.

-Imagínate a ti mismo en una época en la que tenías a tu alcance muchas mujeres; que fueses, por ejemplo, un don Juan y que con un simple chasquear de dedos las féminas cumpliesen tus deseos, pero que te hubieses enamorado de alguien en concreto. ¿Te das cuenta del esfuerzo que supondría no hacer chasquear los dedos? ¿Comprendes hasta qué punto deberías controlar ese antiguo hábito?

-Creo que sí.

-Intento decir, amigo Charles, que lo que ahora nos parece normal, las virtudes que podamos tener, y que tal vez ni siquiera hemos descubierto, aunque las poseamos, son batallas ganadas antiguamente.

-Entonces... ¿qué es la iniciación?

-Hay mucho escrito sobre el tema, pero te diré algo que me parece importante. La iniciación tiene que ver con la conciencia. Si un hombre llega a ser capaz de sentir, de percibir, de influir, de ayudar, de hacer reverberar la esencia del corazón y la mente de un hermano suyo, si es capaz de utilizar la fuerza de su corazón para sostener el corazón de otro ser...entonces se puede decir que es consciente de su hermano, y que ha conseguido elevar sus energías al corazón.

-¿Sería un iniciado de primer grado?

-Mi opinión es que habría muchas probabilidades de que así fuese. El supuesto iniciado sentiría o percibiría la vibración de su propio corazón, y gracias a ella, superando los celos, los anhelos de posesión, etc., haría florecer el amor.

-Parece que me hablas del amor entre un esposo y una esposa.

-Así es –continuó Xavier-. En mi opinión, la vida de familia es, sin lugar a dudas, el campo de batalla, donde un ser humano puede aprender a dominarse, y al final de sus días, a hacer florecer el amor en su corazón, y por ende, poseer conciencia de lo que el otro es.

-Entonces... ¿todos aquellos seres humanos que aman de corazón...son iniciados de primer grado?

-Como expresa la palabra "iniciados", han comenzado un camino. No hay que olvidar que no es lo mismo sentir la luz que dominarla. Igual ocurre con el amor. No solamente hay que sentir el amor, sino dominarlo. Así pues, un iniciado de primer grado sería aquella persona, que percibiendo la vibración del corazón es capaz de transformar esa vibración en una obra, bien sea musical, artística, social, religiosa, científica...

-Entonces... ¡Hay millones de humanos iniciados de primer grado! –exclamó Charles.

-Muchos millones. Si bien es cierto que algunos de ellos sólo lo son durante breves instantes. Todavía su fuego no está suficientemente activo... aun tienen que perfeccionar o sutilizar el puente de arcoíris o antakarana que conecta su mecanismo humano con el alma.

-¿Tal vez esa sería la diferencia entre un ser bondadoso y un iniciado?-preguntó Francisco- y añadió, iluminado, "el Fuego de Dios es un Fuego que consume, un Fuego devorador".

-Creo- dijo Xavier-, que has dado en el clavo. Pero también deseo hacer una advertencia. Ese fuego debe atemperarse, de lo contrario sería un fuego destructor.

- Sé a qué te refieres Xavier. Son esos personajes que intentan imponer por la fuerza sus creencias.

-Un iniciado de primer grado- finalizó la conversación Xavier- no necesita muchas explicaciones.

Le basta un segundo para saber a quién tiene enfrente. Ocultamente otorga una caricia al corazón del necesitado, y sigue su camino. Si éste es ayudar a los demás en el plano físico lo hará, pero si su camino va mucho más allá, continuará persiguiendo la sabiduría, pues debe atravesar el plano de los sentimientos hasta llegar al plano de la mente, e incluso ir más lejos... Me gustaría añadir, pero solamente a modo de semilla para vuestra meditación, que la materia utilizada por la conciencia se va transmutando. Sería, pues equivalente a decir que un iniciado tendrá un porcentaje de materia sutil, capaz de ser manipulada por la fuerza de su corazón.

Sintetizando, se podría decir que iniciado de primer grado es aquel que sabe a ciencia cierta sobre la unión de dos corazones y de la influencia efectiva que uno puede tener sobre el otro.

 

Cuando sabe esto, sabe mucho, y se acrecienta su responsabilidad a la vez que su alegría.

Francisco miró a Xavier. Y supo que él mismo, en las dos relaciones tan especiales que mantuvo con su amadísima madre y con Juliette, se había comportado ya como un iniciado de primer grado, pues había tenido conciencia interna de sus corazones. De lo que no se había dado cuenta era de que, en ambos contactos, alguien muy especial, había estado detrás de la escena.

-Creo, Xavier, que te entiendo perfectamente-dijo todavía pensativo, tratando de encontrar un "nombre" a lo que hacía tiempo había sentido en su corazón. La alegría de la unión mística de dos almas.

 

 


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