Capítulo 43

 

El Bautismo de Jesús y la encarnación de Cristo

 

 

-Hoy tocaremos un tema importantísimo del que la ciencia no tiene explicación, y, para los científicos, no existe ni en el mundo de las hipótesis-comenzó Xavier.

Charles y Francisco le miraron.

-Me da la impresión de que la ciencia está estancada.

-¿Cómo puedes decir eso, Xavier? Cuando estamos en un momento en el que cada día se hacen nuevos inventos y avances científicos en todas las direcciones.

-No hay duda de que cada día que nos despertamos se han multiplicado cada una de las posibilidades de vivir mejor, si se tiene el dinero suficiente, pero da la impresión de que todo es una ampliación de lo que ya existe.

-¿Como por ejemplo?

-Llevamos años estudiando el universo, y atribuimos la vida a diferentes leyes, digamos "sin vida". Se envían nuevos vehículos espaciales a Marte o con intención de explorar todo el Sistema Solar, e incluso ir más allá de sus fronteras. Hemos multiplicado en forma alarmante las posibilidades de vivir; pero...

 -¿Sí?

-¿Pero, estamos en el camino correcto? ¿Acaso no conocemos todos nosotros el hecho claro y rotundo de que la ciencia y la medicina alargan la vida del cuerpo, pero no amplían la conciencia?

-¿Puedes explicarte más? –preguntó Charles.

-Conozco varios casos en los que la todopoderosa ciencia de la medicina ha puesto un corazón nuevo a un enfermo, pero no le ha regenerado el cerebro además de otros órganos, y lo que para la mayoría es un beneficio, para otros es un tremendo perjuicio, pues son, sencilla y llanamente hablando, simples vegetales y esclavos de la inoperancia de su propio cuerpo.

Francisco y Charles le miraron. Permanecieron en silencio. Ambos conocían varios casos en los que así había ocurrido.

-Es decir, que lo que la ciencia está primando es el mantenimiento y el estudio de la vida física, y en mi opinión, en detrimento de la vida espiritual, en el sentido de que no es reconocida en absoluto. Me queda el consuelo de saber que estamos aprendiendo a ser dioses creadores.

-Tienes bastante razón-afirmó Charles-. El espíritu del ser humano no es reconocido por la ciencia. De hecho, para mí mismo, que he sido un exponente de la misma durante treinta años, el alma, apenas ha sido algo más que una entelequia inventada por hombres ilusos. Nos interesamos por las partículas, por la formación del universo, y la verdad, ahora que ya me he separado de ese mundo, me pregunto si en el fondo los científicos no somos unos mercenarios al servicio del poder. Si verdaderamente nos importa saber que el Universo esté lleno de almas, de espíritus o de ángeles. Quizás, lo que realmente nos interesa es el sueldo que nos pagan las multinacionales, las que únicamente tienen como propósito último y oculto, detentar el poder de dominar la materia y de someter a sus rivales... pero por el tono de tus palabras intuyo que estás a favor de la eutanasia.

-Si que lo estoy. La prolongación de la vida corporal es en muchos casos una bendición, ya que posibilita el seguir aprendiendo/enseñando la lección terrenal; pero cuando se ve que lo que se va a conseguir es un vegetal viviente, debería de tener la aprobación médica y la medicación adecuada para que se fuera tranquilamente de este plano.

-No sé qué decirte-dijo Charles-no he tenido la desgracia de tener un familiar ingresado en una clínica donde les mantienen artificialmente, si bien he escuchado acerca de lo triste que es.

-¿Por qué opino esto? –continuó Xavier- Muy sencillo. Cuando se llega a este extremo, el alma ya ha cortado el hilo de la conciencia y sólo queda anclado allí el hilo de la vida... hasta que los cuerpos hayan agotado sus reservas energéticas o la lección de sus parientes o de la clase médica haya sido suficiente. El alma no puede anclarse a un vegetal de forma indefinida.

-De acuerdo a lo que dices, está claro que es un problema de conocimiento. La ciencia de la medicina tiene como verdad establecida que cuando muere el cerebro, se ha finalizado la vida, pero según estás comentando, aunque haya vida cerebral, no significa que el alma esté encarnada.

-Exacto.

-Entonces lo que se hace necesario es investigar la existencia del alma y que los médicos sean capaces de comprobar si ya se ha ido.

 -Así es.

Xavier ya había tomado el tren de las palabras y no sabía parar y dijo también que el aborto era algo que debería permitirse de forma más abierta, ya que un hijo debe de ser esperado, deseado, estimado, educado...

La adopción sería el penúltimo paso a dar, y si todo eso no fuera posible, optar sin mayor dilación por un aborto controlado, sin peligro alguno para la madre, ya que en estos casos tampoco el alma está anclada al feto... es sólo un proceso de desarrollo fetal.

Quizás sería más conveniente aún educar a la juventud en tomar conciencia del ritmo de ovulación de la mujer, para poder establecer con toda seguridad su periodo de fertilidad, en cuyo campo la ciencia debería esforzarse más y lograr determinar con mayor precisión esos momentos.

Francisco cortó el hilo de los pensamientos de Xavier y le preguntó: ¿Entonces tú también estás a favor del uso del condón y de la píldora?

Evidentemente que sí. Cada tema requeriría una explicación separada; pero en conjunto se deberían usar estas herramientas a nuestro alcance de forma natural. Creo que no habría que poner cortapisa alguna a su uso. Cuando no se quiere un hijo o se teme ser infectado o cuando la pareja ya no responde a esos impactos del amor inicial, habrían de obrar en consecuencia sin temor a ese concepto tan obsoleto como es el pecado.

¿Para ti tampoco existe el pecado? Preguntó Charles.

Para mí el pecado es obrar en contra de las leyes de la naturaleza o de aquellas que han acordado los hombres de forma conjunta. Los pecados que determinan los dogmas de la iglesia, pueden ser admitidos y perdonados dentro del confesionario; pero aquellos que infringen las leyes de los hombres, deben de ser resueltos por los tribunales de justicia. Recuerdo que el Buda dijo que el único pecado que tiene el hombre es el no saberse hijo de Dios.

-Bueno, sólo deseaba resaltar que de lo que vamos a hablar hoy, de momento no está considerado por la ciencia como algo posible, pues para ella, que existan espíritus o que lleguen a reencarnarse o que únicamente utilicen el cuerpo físico como un "pijama" no son opciones a considerar.

-Entonces, olvidémonos por un momento de la ciencia y vamos a escuchar lo que deseas contarnos-dijo Francisco. Charles, también estaba de acuerdo. Le quedaban -se decía a sí mismo-muy pocos años de vida como para elucubrar sobre los pensamientos de la ciencia, que en verdad ahora no le servían para atravesar el último tramo de su existencia.

-Jesús -comenzó Xavier- fue conducido, por un esplendente ángel llamado Yesuel, hasta Betania, a orillas del rio Jordán, que significa "el que separa", bajo las cumbres del Monte Tabor.

 Yesuel era el ángel guardián de Jesús desde hacía muchos millones de años, concretamente, desde que adquirió el alma humana. Los ángeles son una evolución paralela a la humana y su sistema evolutivo es el servicio, en este caso a los humanos.

- Es un tema para meditar -dijo a Francisco.

-No parece lógico que existan los ángeles y además que nos ayuden -dijo incrédulo Charles.

-Creo que es porque no entiendes la grandeza del universo.

-No sé. Es que... pensar que unos seres ayudan a otros porque sí... no parece natural.

-Ellos no ayudan porque sí. Ayudan porque es su método de evolución. Sólo que tú lo interpretas desde un punto de vista humano.

-No sé...

-Te haré una pregunta.

-De acuerdo.

-¿Los glóbulos rojos son capaces de tomar el oxígeno y llevarlo a puntos lejanos?

-Así es.

-¿Y tú qué crees? ¿Que su único objetivo es llevar el oxigeno a las células o tal vez tienen alguna clase de placer al ejercer semejante función?

-Probablemente, en caso de que tengan cierto tipo de conciencia, sentirán una atracción por el oxígeno.

-Tal vez con los ángeles ocurra algo parecido. Son una parte del divino Hermafrodita, Ser, dicho sea de paso, que puede buscarse en el nivel superior al mental. Y para ellos, ayudar, servir, e incluso prestar su propia esencia a los seres humanos, o a otros reinos de la naturaleza, es un método de evolucionar y cumplir con la voluntad de su propio "Padre en los cielos".

-Lo pones difícil -añadió Charles-. Sin embargo, tus razonamientos son ingeniosos y dentro de una lógica...

-Tal vez, continuó el esoterista, donde más fácilmente pueda intentar comprenderse esta relación es examinando la función principalmente humana, el pensamiento. Cuando los hombres y mujeres pensamos estamos utilizando una materia viva, una energía a la que damos forma de pensamientos. Esa materia se llama materia dévica... o materia angélica. Es decir, estamos manejando con el poder de nuestra voluntad, una materia consciente que se ofrece voluntariamente, para ser soporte de nuestros pensamientos. De una forma similar, cuando los Ángeles Solares, seres de antaño que pertenecían a una evolución humana anterior a la nuestra, meditan, producen una fuerza cohesiva sobre la materia, por la que unen los dos aspectos: el dévico y el humano, y de ahí surge la creación de parte del mundo.

-Pienso Xavier –añadió el sacerdote- que lo que intentas decir de una forma más razonable es que "Cuando Dios piensa, o cuando Dios enuncia la Palabra, los ángeles y los hombres actúan cumpliendo su voluntad". Y que ambas evoluciones se necesitan unas a otras, pues están intrínsecamente unidas.

 

-¡Sí! –Exclamó Xavier- es una buena idea la que acabas de expresar.

-Creo que te entiendo -reconoció Charles -sigue por favor con Jesús.

-Juan –continuó Xavier- se hallaba predicando a la gente que se había congregado a orillas del Jordán. Les hablaba acerca de la tradición de purificar sus cuerpos con el agua del bautismo, aguas que acrisolarían sus cuerpos y sus espíritus. Jesús se le acercó y rogó que le sumergiera en las aguas y con ello cumpliera con la ley. Juan, que era clarividente, vio inmediatamente la enorme y brillante aura de Jesús.

 -Soy yo quien debe ser bautizado por ti- le dijo al Maestro.

Pero Jesús le reprendió cariñosamente y le pidió que cumpliera con la ley y purificara las acciones y los sentimientos, que en la próxima Era, el que ejerciese la función de "bautista", purificaría el cuerpo mental o de pensamientos, el cuerpo del fuego abrasador.

Juan, a regañadientes, sumergió el cuerpo de Jesús en las aguas y observó cómo el espíritu de Jesús abandonaba aquel cuerpo tan perfecto y en su lugar el espíritu de Cristo tomaba posesión del mismo.

Los ángeles de ambos espíritus se regocijaron y anunciaron que una nueva etapa para la humanidad había comenzado.

 Jesucristo (nombre que toma Jesús con el espíritu de Cristo en el cuerpo carnal) salió del agua ayudado por Juan, pero para sorpresa de todos no podía caminar y solicitó ayuda para que le condujeran a un lugar solitario en el que pudiera aprender cómo funcionaba aquel cuerpo de carne y hueso.

Estuvo unos cuantos días tratando de articular correctamente palabras, cómo comer, cómo caminar, correr, saltar, etc.

Era un reto para un espíritu tan elevado volver a estar encerrado en un pijama de carne y hueso, tan estrecho y pegajoso. Hacía unos 2.000 años que no se había enfundado en cuerpo humano alguno. En aquella ocasión efectuó el trabajo de Krishna, el afable pastor de las tierras de la India.

Cuando consideró que había llegado su hora, pudo comprobar que había resistido las tendencias naturales de los cuerpos. El hambre no hacía mella en él. Estaba solo en el desierto, la tierra de su cuerpo, hablando en forma simbólica, no tenía agua (emociones), y estaba siendo calentada por el sol (fuego de su mente) por lo que Él se había convertido en un desierto. Y se fue satisfecho al constatar que sus cuerpos, físico, emocional y mental obedecían sus órdenes. Su espíritu había logrado el pleno control de su personalidad y había impuesto Su nota a todos los cuerpos.

(Aquí vemos la analogía con los alto-relieves cincelados en los muros de los templos de los faraones, en los que se puede observar cómo el faraón conduce a los esclavos atados por él, para iniciarlos e imponerles su nota.)

Una vez superadas las pruebas del control de sus cuerpos, se dirigió al Monte Tabor con tres amigos suyos:

Pedro (que significa piedra) su cuerpo físico.

Santiago (que significa ilusión) su cuerpo emocional.

Juan (que significa el Señor habló) su cuerpo mental.

Aquí vemos nuevamente cómo el alma se rodea o es seguida por los cuerpos ligados a su control.

 Estando en la cima de la montaña, se le apareció Dios de entre las nubes. ¿Era nuevamente una representación simbólica? ¿Era la aparición de Sanat Kumara, que en representación del Logos (Dios) había descendido de su elevado lugar, para aplicar el cetro iniciático a los cuerpos de Jesucristo? ¿Se trataba de una nave extraterrestre, tripulada por "dioses"?

Digamos que en ese acto, Jesucristo recibía el plácet del Logos, explicando a esos discípulos o amigos suyos, que Cristo era el primer Hijo de esta oleada humana que había logrado la más alta iniciación terrenal y que ello Le alegraba sobremanera.

Los tres discípulos no pudieron soportar aquella luz tan brillante y taparon sus ojos con las manos, a la vez que se postraban en el suelo.

Jesucristo estaba recibiendo la tercera iniciación simbólica, pues Él ya la había recibido hacía unos cuantos milenios, por eso siempre decía la misteriosa y enigmática frase "escrito está"... aunque ésta también podría explicarse al pensar que para Él no existía el tiempo. Para Jesucristo, todo era un eterno presente, y por ende todo estaba escrito.

Esto está representado con lo que dicen los discípulos haber visto. "Allí también estaban Moisés y Elías", representando el pasado y el futuro.

-¡Cuanto habría dado por estar allí!-dijo el Padre Francisco.

-En este acto de la tercera iniciación-continuó Xavier como si no le hubiese oído-, el Maestro aplica el cetro iniciático en la parte etérica de la garganta, sobre la vértebra número 30 y el cuerpo brilla con gran intensidad. Vemos también que Jesucristo tenía en aquellos momentos 30 años y también se le confería el don de la palabra, por ello esa Divina Entidad les dice: "a Él escuchadle".

-Para mí-dijo Francisco- lo que cuentas son sagrados misterios, que nunca he sido capaz de interpretar. Tal vez... me gustaría saber cuándo un acontecimiento es real o simbólico. Porque en esta respuesta están encerradas las verdaderas posibilidades del ser humano.

-Creo-contestó Xavier- que aquellos que redactaron el Nuevo Testamento, lo hicieron basándose en recuerdos de tradiciones, y tuvieron que pensar mucho para encontrar un nexo que uniera los innumerables huecos en la vida externa de Jesucristo. Hay fragmentos que no caben dentro de una lógica racional y por ello tuvieron que echar mano de personajes o de situaciones, que dieran contenido con cierta solidez a aquello que trataban de comunicar.

Hay un ejemplo que puede ilustrarnos:

"Le preguntaron al Maestro ¿Por qué a nosotros nos hablas con palabras y a los demás lo haces con parábolas?"

"Es que vosotros sois inteligentes y podéis comprenderme, pero los demás no lo son tanto y por ello lo envuelvo con una historia y su moraleja y así lo pueden comprender."

-Entonces...-preguntó Francisco- Quienes escribieron el Nuevo Testamento ¿no sabían todas las connotaciones que implicaba la vida de Jesucristo?

-De seguro que hubo quiénes sabían de qué iba el tema, pero eludieron las explicaciones concretas y reflejaron muchos misterios de una forma simbólica. Por otro lado hubo quienes no conocían los Sagrados Misterios, y narraron los hechos externos. Hubo otros que comprendieron la profunda verdad del Amor, pero está claro que si alguien toma, sin ningún conocimiento añadido, las bellas páginas de los evangelios, nunca podrá deducir algo sobre la grandeza de las iniciaciones, por lo tanto, el desarrollo para un ser humano corriente le está limitado y vedado, y depende de las interpretaciones de quienes son más sabios que ellos.

-¿Tal vez es esa la causa por la que yo me he detenido en mi evolución?-dijo con un extraño y triste acento, el padre Francisco.

-Creo que puede ser-contestó Xavier-. Por ejemplo, si hacemos caso literal a Cristo cuando dice: "Da todo a los pobres y sígueme". Si hacemos caso exacto a las palabras de los Evangelios, y actuamos de esa forma, es muy probable que el mundo se colapsara, pues caeríamos en el subdesarrollo material. Por lo tanto, automáticamente requiere una explicación. Explicación que nos hace depender de lo que diga el más sabio de turno, pero que a lo mejor no tiene nada que ver con lo que nuestro amado Jesucristo quiso decir.

-Sí, Xavier. Tienes razón. Yo soy una persona que verdaderamente ha cumplido todos los requisitos que se establecen en el Evangelio, y sin embargo, siento que algo me falta. Sé, y cada día que paso hablando con vosotros, tengo la certeza de que necesito algo más. Porque siendo bueno, honrado, generoso, a veces me encuentro vacío. Me falta algo, me falta...saber qué es en verdad el Universo. Tal vez cuando he sido más feliz es cuando de verdad he sentido la común unión con algunas personas, que han sido dos en concreto, mi madre física y mi madre espiritual. Me sentía como si verdaderamente nuestras almas fuesen una sola.

-Mi querido Francisco-le dijo Xavier-. Lo que tú probablemente has sentido es el cenit que corresponde a los pasos de la segunda iniciación. Con esta iniciación se consigue percibir la unión grupal de las almas. Y esa sensación de unidad de dos almas o corazones, es la confirmación de que en verdad el universo del Espíritu existe. Ahora lo que te falta es ver a Dios. Comprender realmente que un pensamiento tuyo, tiene sus efectos en el Cuerpo de Dios, o del Logos. Es la luz que el cuerpo mental recibe y consecuentemente es capaz de comprender en un breve destello, la Mente de Dios.

El padre Francisco, el sacerdote del corazón de oro y Charles, el ateo temporal y científico, anhelaron con todas sus fuerzas poder adquirir gran sabiduría y certeza... y rogaron desde el fondo de sus corazones y de sus mentes, que el Alma Universal les concediese tan preciado regalo.

Cada uno se fue a su casa más en silencio que otros días, y también más elevados espiritualmente.

Parecía que en cualquier instante tocarían el Cielo con sus manos, con sus corazones y con sus mentes.

En realidad...ya lo estaban tocando, pues el aura de alguien que permanece en millones de Corazones, les envolvía con infinito amor y sabiduría. Había millones de hijos suyos diseminados por la tierra, pero ellos tres, en este preciso instante figuraban entre los elegidos. Francisco era el representante de tantos y tantos religiosos bondadosos, sacrificados y de gran corazón que había en el mundo. Charles era el científico que había perdido la fe en Dios por no poder soportar ni comprender el dolor del Mundo. Xavier, si bien aparentemente su vida había sido más fácil, ¿qué se podía afirmar de los méritos que había acumulado en sus anteriores vidas? ¿Quién podría juzgar sin temor a equivocarse lo que cada persona era de verdad? ¿Quién podía comprender los hilos que unían a las tres almas con Cristo?

 


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