Capítulo 44

 

Sobre la reencarnación

 

 

Esa tarde, Charles vino, sonriente, con una libreta de notas, mostró lo que había escrito en ella y entonces preguntó a los dos amigos.

-Ahí –dijo señalando con el índice la línea- en San Mateo habla de la reencarnación, pero con las palabras que usa, yo no le entiendo. ¿Qué entendéis por reencarnación?

Francisco estaba entre la espada y la pared. Pues si bien, él tenía alguna opinión al respecto, desde el punto de vista de la Iglesia, éste era un tema resbaladizo y no se llegaba a abordar. En su doctrina no había necesidad de reencarnar, pues con una sola vida, algunos de sus sabios habían determinado que era suficiente para ganar el cielo o el infierno por los siglos de los siglos; pero en su interior, no le parecía ni justo, ni lógico.

-La reencarnación -comenzó Xavier- se refiere a la necesidad del alma de aprovechar las posibilidades que ofrece la vida para aprender lecciones terrenales. En una sola vida, aunque sea de mil años, eso es imposible de conseguir y por ello, se estableció el ritmo normal de reencarnación constante. Una vez "recuperada de las heridas" de la vida pasada, el alma se prepara para la siguiente posibilidad de retomar un cuerpo en cualquier rincón de la tierra.

Para ello, hay un diálogo entre las almas de los padres y del hijo que necesita un cuerpo adecuado, en cuanto a herencia genética, tradiciones, medio ambiente, influencias sociales, astrológicas, etc.

Respecto al momento en el que el alma entra en el nuevo cuerpo, creo que existe un velo, tendido a propósito, para que no se sepa el momento preciso. El alma lleva su propia información hereditaria recogida en sus átomos permanentes y de alguna forma que no sabemos, por lo menos yo no la sé, modifica la herencia física que se transmite de padres a hijos. Hasta ahora la última palabra de la ciencia está centrada en la genética. Pero si estamos de acuerdo en la herencia espiritual, cabe esperar que un buen día, la propia ciencia considerará que existen unas influencias, denominémoslas abstractamente, atómicas o subatómicas que con su vibración son capaces de acompañar el desarrollo y evolución del código genético.

 Podría pensarse en el ejemplo siguiente. Imaginemos un pueblo que tiene mil habitantes con unas costumbres peculiares heredadas desde hace muchos siglos y que se mantienen fieles a las mismas.

Un observador podría decir "sin duda la forma de vivir de estas gentes viene determinada por la herencia

de sus antepasados" y un buen día viene un hombre sabio que altera los pensamientos y costumbres de los vecinos. Al cabo de unos años el observador, podría decir. "¡Vaya! Ha habido un cambio que no se correspondía con la tendencia de ese pueblo"... otros dirían "se ha producido un salto cuántico". Y podría añadir "ha habido una mutación genética". Creo sinceramente que esta imagen es muy explicativa de cómo influencias de elementos que están en un nivel distinto, denominado espiritual, pueden modificar el mapa genético de una persona, o permitir que unas herencias se activen y otras no. Pero es más, si atribuimos al ser humano la posibilidad de manejar con su mente y su corazón energías subatómicas y atómicas, está claro que a lo largo de los años conseguirá modificar algo, que probablemente será indetectable para los científicos actuales.

-Creo que estás abriendo otra caja que no sé a dónde nos va a llevar – dijo Francisco.

-Sí, soy consciente de que hay muchos conceptos que abordar, pero voy a hacerlo de forma que no sea una explicación abstrusa para vosotros.

-Hay una ley que rige las demás leyes, es la ley de economía de esfuerzo, la inercia que se adquiere en una vida, se tendría que mantener en las siguientes, para así poder progresar más fácilmente.

De tal forma que se hace lógico pensar que tomamos cuerpos masculinos o femeninos a intervalos más o menos regulares. Así que tenemos cuerpo masculino durante doce vidas y luego cambiamos de polaridad para aprender los dos lados de la vida. No solo cambiamos de polaridad masculina/femenina, sino que también vamos alternando los signos astrológicos, así retomamos cuerpos bajo el mismo signo en el que morimos la vida anterior.

 

 - ¿Cómo puedes demostrar eso?-preguntó Charles- Yo diría que no hay prueba alguna que apoye esa afirmación.

-Bueno...tengo esa teoría y podría decir que el tema de la homosexualidad, en algunos casos, es una consecuencia de esa primera vida en la que cambiamos de sexo. Así, por ejemplo, tras doce vidas (supongo que también podría decirse que el período es de siete vidas ya que estadísticamente se considera que hay un catorce por ciento de homosexuales) encarnando en cuerpo masculino, en la siguiente vida, con cuerpo femenino, tendríamos bastantes rasgos masculinos aunque nuestro cuerpo fuera femenino y también sus tendencias serían lésbicas, pues en las vidas anteriores sentía atracción por las féminas.

Podría también decir que en las últimas vidas con cuerpo femenino, los rasgos de belleza femenina serían casi perfectos, utópicos. Tras unas pocas vidas con cuerpo femenino, sus tendencias, sensibilidad y finura femenina serían más que evidentes.

-Creo que son teorías tuyas –contestó Charles-, pero no creo que haya evidencia científica alguna al respecto.

-No, ya veis que científicamente sólo nos separa un cromosoma y sin embargo eso representa dos mundos muy diferentes, aunque complementarios. Es como si esa creación en la que creemos, se hubiera programado así, y de esa forma, la experiencia de la vida fuera más completa, pues se podría decir que el aspecto femenino es más receptivo, lo cual lleva a períodos de adquisición de nuevos conocimientos y experiencias, y el aspecto positivo es más inclinado a hacer, lo que lleva a esa frase típica de las mujeres que dicen "es que los hombres solo pueden hacer una cosa a la vez".

Creo que es correcto pensar que el alma utiliza un ciclo de vidas encarnando como hombre y otro como mujer y a continuación otro de hombre... siempre alternando esa polaridad. Hay que comprender que para el alma, una vida de cien años es apenas un pestañeo, ya que para ese espíritu no existe el tiempo, sólo "conciencia de ser y siendo" a la vez.

-¿Tienes alguna experiencia de reencarnación previa? -preguntó Charles.

-No quería hablar de mí, pero sí que tengo, y también he conocido algunas personas que recuerdan sus vidas anteriores. Al principio me costaba admitirlo. Sin embargo, después de reconocer mis experiencias, acabé por aceptar que era algo no excesivamente raro... aunque recordando unas palabras de Lobsang Rampa diré que "cuando nacemos bebemos de las aguas del olvido".

Empezaré por una pesadilla que tuve reiteradamente, dos o tres veces al año durante mis primeros 30 años de vida. Siempre era la misma escena. Estaba siendo cruelmente torturado por la Inquisición (así que supongo que eso ocurrió en la Edad Media, la peor y más oscura época del cristianismo). Dejó tan profunda huella en mi subconsciente, que tres vidas después aún seguía atormentándome el terrible suplicio.

En la vida siguiente, fui monje tibetano. La escena fue muy bonita: había una monja que me estaba iniciando en los misterios de la orden del Dharma. Estábamos encargados de velar las reliquias del Buda.

 En la vida anterior fui Francisco Ferrer i Guardia. La verdad es que apenas si había oído hablar de él, pero en cierta ocasión, viendo la televisión, oí que hacía 80 años de su fusilamiento y me puse a llorar.

¡Qué gran zozobra se apoderó de mí! Había oído la noticia, pero no había reparado en el nombre. Así que tomé papel y lápiz y rogué para que lo volvieran mencionar. Cuando lo pronunciaron de nuevo, lo apunté con todo cuidado y a continuación me puse a investigar sobre la vida de aquel maestro fundador de la Escuela Moderna.

 

Tuve varios sueños al respecto y que en parte he podido ratificar en la biblioteca Arús de Barcelona. Soñé que había sido invitado a la despedida del Gran Maestre Masón, quien había muerto recientemente. Me negué a asistir diciéndoles que no tenía dinero ni ropa adecuada para esa ceremonia de alto copete. Ya conocían mi estado económico, por lo que me prestaron un traje chaqué, que se me ajustaba bastante bien, y me dieron suficiente dinero.

El Maestre estaba vestido con un mandil muy bonito. Recuerdo que era de color azul marino y tenía unas condecoraciones que cubrían su pecho. Allí mismo, un buen bailarín vasco danzó un aurresku muy punteado, con pasos muy difíciles y con los pies de puntillas. Decían que estaba reservado para las grandes ocasiones. Luego, ante todos los invitados, a seis personas nos dieron una cartera conteniendo el testamento del Maestre. A continuación, me llevaron a una habitación aparte y me entregaron una bolsa de forma hexagonal, fabricada con cuero marrón, donde estaban guardados las llaves y los sellos de la Logia. Participé en la comitiva que acompañaba los restos mortales hasta el cementerio. Recuerdo que era un rincón muy bello, con muchas flores. El nicho estaba situado en la base del muro del cementerio, y pintado de color blanco.

Pude constatar algunos detalles en la parroquia de Alella, la localidad natal de Francisco Ferrer i Guardia. Pueblo que me encantaba y donde adquirí un apartamento, concretamente en el barrio marinero del Rost. Pensaba disfrutar de la jubilación allí. Se encontraba ubicado casi en el centro de la villa, tenía bellas vistas al mar... además, estaba a pocos kilómetros de Barcelona.

Estas imágenes bailaban en mi subconsciente, si bien no las consideraba como prueba suficiente para aceptar esa posible reencarnación anterior. Necesitaba más evidencias y en la biblioteca Arús tampoco hallaba nuevas pistas.

Dejé de buscar hasta que se me ocurrió hacer la carta astral de Ferrer i Guardia, lo que conocemos como el horóscopo natal, y lo comparé con el mío. Eran como dos gotas de agua, casi todos los planetas estaban en posición partil, es decir a menos de un grado. Esto no era simple casualidad, era una causalidad absoluta. Creo que solamente se puede dar un caso entre mil millones, que sea similar y con una precisión tan exacta.

Fue curioso cuando hace unos años quise entrar en la Gran Logia del Oriente en Barcelona. Me entrevistó un señor en la sala de entrada. Estuvimos sentados al lado de una pequeña mesa. Me preguntó varias cosas... ¿Cuál era mi interés por la masonería? ¿Quién me había recomendado aquel lugar? Le contesté que en la vida pasada había sido masón y que mi mandil era, justamente, el primero de los que estaban expuestos en el escaparate de la entrada. Se fue al interior para buscar un formulario que habría de rellenar con las condiciones de sigilo, así como otras, que había de cumplir. Le pedí permiso para observar más detenidamente los diferentes mandiles y me dijo que no había problema alguno.

Comencé a mirarlos, empezando por el lado izquierdo. Los había de todas las naciones americanas: Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, etc.

En la parte derecha, se exhibían los distintos uniformes propios de los países europeos: Alemania, Escocia, Francia, Suiza,... y España.

¿El de España estaba en último lugar? ¿Era ese mandil, que yo señalé, el único español? ¿Era aquel mi mandil o bien era el que representaba a España?

Como vulgarmente se dice, se me pusieron los pelos de punta al constatar que lo había reconocido sin haberlo visto nunca antes en esta vida... ¡Esto era una respuesta más a mi duda!

¡Qué fuerte! –exclamó el padre Francisco.

-Los lamas tibetanos-continuó Xavier-, buscadores de las reencarnaciones de lamas prominentes, se conforman con muchas menos pruebas, pero yo necesitaba atar todos los cabos posibles. Ya sólo me queda constatar que mi antecesor estuviera muy relacionado con el País Vasco o que fuera vasco o hubiera muerto allí...

-No suelo hacer caso a los libros que han salido al respecto, pero conociéndote a ti –dijo Charles-, reconozco que me impresiona.

-Te aseguro que no soy una persona muy sugestionable, al contrario, muchas veces me parezco a Santo Tomás, y hasta que no compruebo un hecho por mí mismo, no lo doy como válido.

-Te creo, amigo.

-En la anterior encarnación-continuó Xavier-, parece que tenía que dejar reposar mis cuerpos a causa del terrible tormento al que fui sometido por causa de la Inquisición.

-Brrr. Eso son palabras mayores-dijo el científico.

-Permitidme –continuó el esoterista- que me ahorre lo de "santa", porque de santa no tuvo nada en absoluto y menos cuando se utilizaba "en nombre de dios". ¿De qué dios estaban hablando entonces? ¿Qué dios necesitaba ser salvado de las herejías o de los herejes o de los pobres sanadores o brujos santones? ¿Precisaba ese dios ser protegido de Galileo o de Giordano Bruno?

Bien...como os decía, en la siguiente encarnación pertenecía a la "Orden de los bonetes amarillos" o Gelugpas, pero mi inclinación natural fue la de practicante del advaita dentro de la corriente vedanta.

 -¿Qué significa?-preguntó el padre Francisco.

-Es una parte del Budismo. Digamos que podría calificarse como el más ortodoxo y esotérico, y que concuerda mejor con el movimiento moderno.

-Ya...lo tuyo-dijo sonriendo Charles.

-Sí...eso... lo mío-contestó Xavier con una sonrisa en sus ojos y prosiguió-. Recuerdo que cuando el viejo monje rector quería dejar su cargo por estar próxima su muerte, escribió en las paredes del monasterio un koan muy difícil. La pregunta enigmática la debería contestar el aspirante al cargo que dejaba libre. Nadie sabía la respuesta y todos me preguntaron si no había leído el koan. Contesté que no me interesaba el puesto, que quería descansar y no tener responsabilidad alguna. El anciano monje insistió y me hizo la pregunta.

-¿Y qué pasó?-preguntó el padre Francisco como un niño.

-Contesté sin titubear. Al final tuve que asumir la responsabilidad de dirigir el monasterio.

-Desde luego, que te lo tomas en serio-dijo Charles.

-Ya lo creo. Disculpad si a lo mejor insisto mucho en el tema, pero hay que comprender que el descubrimiento de tan gran misterio, se podría decir que es una de las piedras angulares donde descansa la fe en la Vida. Pues ella nos indica que no existe la muerte tal y como pensamos, y nos hace tener fundados motivos para pensar que somos almas inmortales.

-Si. Tienes razón-dijo Charles.-Continua, por favor.

-En cierta ocasión soñé con la entrañable escena de la iniciación a las prácticas de los rituales monacales. La monja encargada por aquel entonces, se había encarnado en una amiga mía, una compañera de la oficina.

La primera vez que la vi, durante un escaso segundo, mi columna vertebral fue recorrida por una corriente que se me elevó hasta la cabeza. Pasaron días y días sin que volviera a ver a aquella chica y como sea que no tenía referencia suya alguna, no podía indagar nada sobre ella. Sentía una gran angustia. Mi corazón y mi mente inquietos se preguntaban por la identidad de aquella mujer, que ni siquiera sabía si era empleada o visitante de la oficina.

Cuando, al cabo de unos dos meses, volvió a la oficina, la reconocí enseguida, si bien no sabía por qué había sentido aquella descarga eléctrica. Una noche soñé con aquella escena y al regresar al cuerpo, una voz me susurró en el oído: "Esa es Paquita.", nombre de la compañera de la oficina.

-Impresionante-dijo Francisco.

-¿Cómo reaccioné yo? En menos de un segundo me dije, eso es imposible. Tuve que pensar un par de minutos más y decirme: ¿Por qué digo que es imposible, si es mi alma la que me lo está comunicando a través de mi mente y mi cerebro?

-Es lógico pensar así-añadió Charles.

-Como os decía hace unos meses, este es el mecanismo de la mente, que vigila constantemente la integridad psicológica de nuestro organismo y que tiene que superar los impactos que recibimos de los planos más elevados, aunque sea a través del subconsciente. En resumen, que tuve que aceptar que aquella descarga eléctrica en mi columna vertebral, había sido el reconocimiento de una vieja amistad. Supongo que eso pasa a mucha gente, pero no se encuentra explicación alguna a este hecho, que me volvió a ocurrir al conocer a otra persona extraordinaria.

El padre Francisco sonrió.

-De acuerdo, ya falta poco-siguió Xavier-. Se trataba de Gurú Raj. Un Gurú hindú, residente en África del Sur, quien estando en Barcelona, dio una conferencia en la Casa del Médico. Al ir a verle, mi cuerpo experimentó nuevamente esa subida de corriente por la columna vertebral. ¿Lo había reconocido por haber estado en contacto con él en alguna vida anterior?

-Parece ser que sí -dijo rápidamente el padre Francisco para no romper el hilo de la narración.

-Curiosamente, un par de semanas más tarde recibí una carta suya en la que me decía "Bienvenido a casa".

Y para terminar, os contaré el trauma que me ocasionó el martirio infringido por la Inquisición y que os puede poner los pelos de punta.

Sus dos amigos le miraron con enorme interés, casi sobrecogidos.

-Emplearon tal brutalidad conmigo, supongo que como con todos los demás, e imprimió unas huellas tan profundas en mi psique y en mi alma, que, incluso después de tres vidas y quinientos años, permanecían indelebles y vivas en mí.

-¡Qué horror!-exclamó Charles.

-En Zaragoza -comentó el padre Francisco-, expusieron en un museo algunas máquinas de tortura de esa época. Había gente que se desmayaba por el simple hecho de imaginar el sufrimiento que podía causar cada una de ellas. Casi prefiero...no enumerarlas. La verdad es que es algo muy oscuro y triste.

-Los que poseen-contestó Xavier- "una piel sensible" tienen la predisposición a captar la presencia de los espíritus que han quedado presos de aquellos terribles momentos.

En cierta ocasión estuve visitando el Museo de la ciudad de Ginebra. Al entrar en una sala determinada, me entró una terrible jaqueca. Me di cuenta de que en un rincón de la misma había una guillotina. Al salir de la estancia, se disipó la jaqueca. Y es que tendrían que quemar los originales y poner, si se cree necesario, una copia del artilugio en cuestión.

-Como os he comentado antes, tuve una pesadilla que se repitió multitud de veces durante 30 años. En ellas, mi obsesión era escapar de una pequeña y agobiante celda. Tenía que salir como fuese, torcer hacia la izquierda, llegar a un pequeño patio, donde había no sé si un árbol o una fuente en el centro, y desde allí huir por la tapia hacia la libertad, pero nunca conseguía saltar el muro. La mayoría de las veces me despertaba sudoroso y aterrorizado. En ocasiones me incorporaba en la cama y casi no sabía dónde estaba. Y transcurridos unos segundos adquiría la conciencia de que no me encontraba encerrado en aquella horrorosa habitación.

-¡Uff!-dijo Charles.

Es evidente que no pude lograrlo. Allí terminaron con mi vida y lo único que quedó fue una tumba.

-¿Cómo supiste que quedó una tumba? -preguntó Francisco-

-Ocurrió cuando fui de vacaciones a Ibiza en 1970. Visité el Museo Etnológico o Antropológico, cosa que hago en todas las visitas a ciudades de todos los países, pues suelen ser lugares donde hay mucha información acerca de las distintas culturas, así como de su evolución. Cuando concluí la visita a aquel pequeño pero interesante museo, fui al patio y allí observé que había tres ventanucos a nivel del suelo y también una vieja puerta con una reja metálica. Todas tenían los hierros bastante oxidados. Enseguida supe que tenían relación con mi pesadilla. Impaciente y nervioso, regresé al interior y le pregunté al vigilante si se podía visitar aquel sótano. Me contestó que no, que estaba todo en ruinas y era peligrosa su visita. Entonces le dije: ¿Verdad que hay una escalera que termina en una habitación rectangular y a la izquierda hay un pasillo con tres habitaciones a la izquierda?

El guarda se quedó intrigado y me preguntó: ¿Cómo sabe eso?... y yo le contesté, es que en una vida pasada fui torturado aquí por la inquisición.

El hombre quedó tan impresionado por mi aseveración, que atizó enormemente su curiosidad. Tomó un llavero con grandes y viejas llaves de hierro, me acompañó hasta esa puerta, introdujo la llave en el orificio y abrió con cierto esfuerzo la cerradura oxidada. Era evidente, por el chirrido que emitía, que hacía tiempo que no se abría. Entrando a mano derecha había un interruptor eléctrico, que giró el guarda y comenzamos a bajar por la escalera. Allí se me erizaron los pelos, pero continué descendiendo.

Efectivamente, la escalera terminaba en una pequeña sala rectangular y a la izquierda se veía la entrada del pasillo; pero estaba totalmente obstruida por los cascotes, por lo que no pudimos seguir con la visita a esas tres habitaciones.

 

Sin embargo, había un detalle que no estaba grabado en mi subconsciente y era la existencia de dos nichos en aquella sala. Ambos formaban un ángulo de 90 grados en el rincón de la derecha de la sala. Me pregunto si yo fui enterrado en uno de ellos... pero no quiero ni quise indagar en ese terrible episodio de mi pasado, creo que estoy consiguiendo olvidarlo.

-Yo creo que debiste de sentir algún tipo de repulsión mientras entrabas-añadió Francisco.

-Sí. Como ya os he comentado se me erizó el cabello, y sentí que me faltaba el aire.

-¡Qué horror! –exclamó Charles.

-Este tema –continuó Xavier- lo discutí en un programa de Radio Nacional de España con tres conocidos psiquiatras. Ellos venían a decir que en algunas ocasiones nos adueñamos de experiencias de otra gente, y obramos como si fueran nuestras propias vivencias. Que el ánima mundi o inconsciente colectivo era responsable de tales acciones.

-Y tú ¿qué dijiste?-preguntó Charles.

-Yo argüí que si hubiera sido así, también me habría acordado de aquellos dos nichos, pero, para mí, era evidente que habían sido construidos con posterioridad a mi encarcelamiento, tortura y asesinato. Y aquí es cuando le doy la razón a Freud. Después de haber reconocido el lugar del trauma, dejé de tener aquellas horribles pesadillas. Ya había encontrado el origen de ellas...

-Menos mal, que todo acabó bien-dijo Francisco.

-Aun podría dar un par de ejemplos más si queréis.

-Amigo Xavier-dijo con voz afable el padre Francisco-, de verdad que te creo. No importa si estoy o no de acuerdo con mis superiores, pero mi corazón me dice que hay una verdad muy grande encerrada en las historias que tan amablemente nos cuentas.

-Gracias –continuó Xavier-. Un ejemplo muy famoso, al menos para mí, lo constituye la vida de Mozart. Ya de niño tocaba el piano y componía música. A los cuatro años dio un concierto y para acabarlo de redondear, murió a los 36 años.

-¿Qué tiene que ver esa edad con la muerte o la reencarnación?- siguió preguntando el sacerdote.

A los 36 años, aproximadamente, se produce el cambio del signo solar al signo del ascendente o del signo a través del cual el alma se propone aprender una nueva lección.

Se produce este cambio al hacer Saturno la quinta cuadratura y Júpiter la tercera revolución orbital. Hay una crisis en la cual el alma retoma las lecciones pendientes del pasado. En este caso vemos que el alma no quiso proseguir con el tema de la música, pues ya estaba sobradamente abordada en otras encarnaciones y para él, esta línea había sido la de menor resistencia.

Otro ejemplo lo tenemos en una violinista prodigio, Ana Valderrubia, que antes de saber leer, ya sabía interpretar la escritura musical de pentagrama y a los 13 años ya había tocado bajo la batuta de Zubi Meta.

Vemos que hay similitud en el origen de ambas vidas, que repiten su experiencia como músicos. Si bien esta joven española tendría que saborear, todavía, las mieles de su triunfo, con más edad. Pues al iniciar su carrera en el túnel del Metro, aunque fuera por diversión, necesitaría, para llegar a la fama, pasearse por los auditorios de todo el mundo cosechando los frutos de su esfuerzo personal, así cómo el apoyo incondicional que le han dado sus padres.

Y termino con otro caso, cercano, para completar este tema tan importante de la reencarnación.

Se trata de mi sobrina Nadja. De pequeña, entre los 4 y 6 años, nos dijo en varias ocasiones que esta vida no le tocaba venir, pero que su madre había deseado tanto tener un hijo que decidió sacrificarse para darle ese gusto, y que había nacido de ella... porque en la vida pasada fueron hermanas.

-¡Hay hechos tan extraños en la vida! –exclamó el padre Francisco.

-Esto parecería muy fantasioso, quizás en demasía, para una niña de tan corta edad, pero el caso es que haciéndose un horóscopo con una buena astróloga de Barcelona, que no la conocía para nada, al pasar a la interpretación de los datos astronómicos y geofísicos (datos en los que se basan los astrólogos y que son facilitados por los observatorios de Greenwich o de la Nasa) del momento del nacimiento, le dijo entre muchas otras cosas que no tendría hijos.

"Eso no puede ser, pues ya tengo una niña"-le dijo a la astróloga.

Sin embargo, la astróloga se extrañó mucho, pues aunque estaba muy claro que en su carta astral, en la casa 5, la casa de los hijos, estaba vacía de contenido.

Ante la insistencia de la clienta, que afirmaba que no era cierta la interpretación, la astróloga vio que tenía razón, en realidad lo que significaba era que esa niña no tendría padre... y así fue, pues su padre murió cuando ella tenía dos años.

-Tal vez la última parte de la niña, no tiene relación con la reencarnación-dijo Charles.

-Bueno-dijo Xavier, tienes razón. Solamente la primera parte de la historia de mi sobrina es interesante.

Pues el hecho de que un niño te diga insistentemente algo, da qué pensar. Al principio crees que se lo está inventando y que lo ha visto en alguna película. En una familia que no esté atenta al tema de la reencarnación, probablemente lo escuchará sin inmutarse hasta que la niña o el niño se cansen de repetirlo y al convertirse en adolescente lo olvide.

-Sí. Supongo que habrá muchos casos así, en los que no se sabe qué es fantasía o imaginación, y qué es realidad-contestó Charles.

-Para mí-añadió Xavier- Lo verdaderamente importante es que unas sencillas palabras a veces nos están descubriendo la realidad oculta de la vida, la trascendencia del ser, la inmortalidad del alma, y que sólo aquellos que "tienen ojos para ver" toman esos pequeños pero importante detalles y comprenden que están ante un milagro oculto a los demás.

 

No porque alguien desee esconderlos, sino porque en general exigimos grandes milagros.

-Creo que tienes razón Xavier-dijo el padre Francisco. Lo más evidente es lo más difícil de percibir. A veces, coincide con despertarme después de una corta siesta reparadora, me ocurre algo extraño. Es como si me viese de otra manera. Me miro a mí mismo. No es que vaya al espejo, es que reflexiono nítidamente sobre lo que soy, y por ende sobre lo que somos. Y de una forma lucida comprendo que existe un maravilloso misterio en la conciencia y en el cuerpo.

Y sé que algo tan perfecto como es una conciencia y un cuerpo tan perfecto, con su cerebro, su circulación sanguínea...y la consciencia... que no es una casualidad, por mucho que insistan algunos.

-Así es amigo Francisco. Nadie puede negar lo que es evidente a nuestra consciencia. Nosotros mismos sabemos lo que sentimos, vemos y percibimos. Y ésos momentos de lucidez incontestable son un contacto con la eternidad, una autoafirmación de que en realidad somos almas inmortales.

-Tal vez, lo más penoso es que esas sensaciones de sentirnos vivos y lúcidos se desvanecen en el trasiego continuo de la vida.

-Para eso está la observación de sí mismo, como dirían los sabios, o la atención expectante-terminó Xavier.

 


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