Capítulo 47

 

Los Ángeles

 

-Hace unas semanas -preguntó Charles- mencionaste que Jesús tenía su ángel protector Jesuel. Con esa cantidad de experiencias espirituales que has tenido, ¿has contactado alguna vez con los ángeles?

-Lo cierto es que algunas veces los he visto-contestó Xavier, pero, y creo que es un problema muy corriente, cuando tratamos de fijar la mirada en la dirección adecuada, la luz o la figura desaparece del campo de visión de los ojos, y es que ambos son diferentes, aunque complementarios. Si tuviéramos clarividencia astral o causal neta, no haría falta enfocar los ojos, pero al tratar de usarlos para ver en el campo astral, se desenfoca la visión cuatri-dimensional al tratar de mirar en la tridimensional.

-¡Qué difícil parece!- exclamó el padre Francisco.

-Mis hijos –continuó Xavier- los veían y hablaban con ellos.

 

Incluso los hijos de un amigo mío jugaban con los ángeles al escondite. No tenían que buscar al que se había escondido, con decir a su ángel que le buscara, ya había suficiente, ya que al cabo de un segundo les decía el lugar en el que se habían escondido, y, eso acabó siendo aburrido.

 Francisco y Charles sonrieron, por dos motivos diferentes. El sacerdote porque sencillamente le parecía hermoso e inocente. El científico por el contrario sonreía porque nunca habría imaginado que participaría en unas conversaciones tan "fuera de lo común"; pero daba gracias a Dios por tener dos amigos así.

En los últimos años de su vida se encontraba con un extraño regalo. Estaba redescubriendo el universo, que tanto y tan profundamente había creído conocer.

Xavier proseguía con su relato... En cierta ocasión, sus hijos y los míos estuvieron discutiendo si los pequeños agnis (devas o ángeles del fuego) llevaban sus zapatillas con la punta recta o curvada hacia arriba.

-¡Por favor! ¡Xavier!

-¿Sí?

-No... Nada. Sigue. –suplicó Charles sonriendo.

-Devas hay de todas las medidas y colores-Xavier continuaba ajeno a las dudas que podía plantear a los demás su elocuente pensamiento sobre los mundos de los ángeles-. Los que están más a nuestro alcance son: el ángel de la guarda, de la casa, del trabajo, de la sanación, y también, los de las plantas y flores. En cambio, hay devas de enormes proporciones como los que rigen todo un planeta o una galaxia.

-¡Cuanto abusas de nuestra buena fe! -dijo en broma Charles, y continuó-. Los creadores de novelas de ciencia-ficción son unos aficionados en comparación contigo.

Todos sonrieron, y Xavier continuó, imparable, con voluntad de hierro.

-Descendiendo de nivel, los hay que son custodios de toda una montaña, de una región o incluso de una nación... y usando la ley de analogía, me atrevería a decir que de igual forma a cómo tenemos un ángel de la guarda individual, también tenemos un ángel de la guarda terrenal...

 

Hay, también, puntos magnéticos que están protegidos por arcángeles... por ejemplo: lugares tales como catedrales, hospitales, centros de especial interés político, farmacéutico, etc.

Las pirámides, los centros de rituales del pasado y ermitas o centros que se han dejado de usar, van perdiendo con el tiempo el poder magnético que tuvieron y con ello la gente deja de acudir. Aunque también puede considerarse al revés, cuando la gente deja de acudir, los ángeles que vitalizaban aquel punto se retiran.

Recuerdo que en cierta ocasión iba paseando con mi hija y una amiga suya, también era clarividente (casi todos los niños son clarividentes entre los 6 y los 11 años) y se me ocurrió hacer un experimento. Cambié de conversación y me puse a hablar de Jesús, de su nacimiento, de su vida, de su mensaje de amor, de sus milagros. Y cuando estábamos suficientemente inmersos en el tema, les pregunté

-¿Dónde están nuestros ángeles de la guarda?

-Están detrás de nosotros escuchando la conversación.

-¿Hay algún ángel más?

-Delante de nosotros hay un gran ángel de color azul que también estaba escuchando.

La confirmación de la regla era evidente, allí donde hubiere tres o más hablando de mí, Yo estaré con ellos. El ángel azul es un enviado del Cristo. Representa la energía del amor, que, vista de forma clarividente, es de color azul.

-¡Me gustaría tanto ver un ángel! –Exclamó Charles, y continuó -¡Desearía tanto tener una experiencia espiritual!

-Estoy seguro –dijo Francisco-que un día la tendrás.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Pues porque estamos los tres juntos. Y deberías de darte cuenta, que este "aparentemente simple" acontecimiento es un milagro.

-¡Ojalá tengas razón! ¡Y de una vez por todas sepa que existe el mundo espiritual!

Charles pidió disculpas por interrumpir el filo de las explicaciones de Xavier y le preguntó -¿Qué es esa ley de analogía?

Esa ley tiene muchos postulados; pero el principal es aquel que dice "como es arriba, es abajo – lo que hay abajo, hay arriba". Así que usando esta ley se puede extrapolar todo en el universo, aunque muchas veces dudo de si ese todo es absoluto.

-Voy a contar -continuó Xavier-, muy resumidamente, una serie de experiencias que tuvimos en aquella época.

"Paseando una tarde por la urbanización donde vivo, rodeada de bosque y todavía muchas parcelas por vender, es decir, que apenas había gente, un hada saludó a mi hija.

-Papá -dijo mi hija-, allí hay un hada que me ha saludado y luego ha sonreído.

 

 

 

-¡Caramba!, ¡Qué bien!-le dije como si fuese lo más normal del mundo– Pregúntale cómo se llama.

–Dice que se llama Napi.

– ¡Qué nombre tan bonito! –Exclamé- ¿Qué significa?

-Dice que flor de pino.

-¿Nos puede enseñar el bosque?

-Dice que la sigamos.

-Durante media hora, aproximadamente, la estuvimos siguiendo y nos señaló unos árboles determinados.

-Dice que este pino en su pasada existencia fue un abeto.

Comprobé que su tronco era muy recto. Parecía dibujado con un tiralíneas.

-Dice que esta encina corchera en la vida pasada era un manzano, pero no quiso dar fruta y esta vida está castigada para que cualquiera pueda arrancarle la corteza.

-Nos mostró unos arbustos más espesos y verdes que el resto del entorno, informándonos de que allí estaba la casa del mago del bosque.

Le transmitimos nuestro agradecimiento y le pedimos si nos podía invitar a alguna de sus reuniones. Ella se fue unos instantes y regresó con el permiso del mago, diciendo que estarían muy contentos si asistiéramos a uno de sus festivales y que esa misma noche celebraban uno. Sería a las 10.

A esa hora llegamos nuevamente al lugar de encuentro, Cristina dio la mano al hada y nosotros seguimos a las dos, iluminando el camino del bosque con una linterna de dos tubos fluorescentes. Lo pasamos muy mal sorteando las piedras, una frondosa vegetación, y para terminar un pequeño desnivel; pero para ellas era como si flotaran en el aire. Nos sentamos sobre unas piedras formando un círculo, mientras nuestro hijo, "que ya era mayor para esas cosas", salió a hurtadillas y se fue a contemplar el festival desde otro ángulo, en donde nosotros no le pudiéramos ver.

Al sentarnos, las hadas comenzaron a dibujar en el aire, con sus propios cuerpos, flores y plantas de todos los colores.

 

Se podría decir que eran semejantes a una multitud de diminutos deportistas de gimnasia rítmica. Cristina no dejaba de exclamar continuamente con gran admiración y nosotros le rogábamos que nos describiera lo que estaban haciendo. Era muy deliciosa la forma en que nos lo describía.

 

 

Mientras tanto, yo iba formulando una avalancha de preguntas a Napi y al Mago.

Para mí era tan interesante como si estuviera ante unos extraterrestres, y surgían de mi mente más de cien preguntas por minuto.

Como sea que Cristina dejó de hacer comentarios sobre los bailes le pregunté por las hadas.

-¿Qué hacen las hadas ahora?

–Se han sentado frente a nosotros y están escuchando atentamente lo que estamos diciendo.

-¿Cuántas hadas hay?

-Hay muchas

-¿Cuántas?

-No sé, pero muchas

-¿Más de cien?

-Uf... si, muchas más.

Así estuvimos asistiendo a varios festivales hasta que dos días antes de la luna llena de Tauro se despidieron diciendo que tenían que asistir todas las hadas del bosque, menos un pequeño retén de guardia, a un lugar secreto en el que se reúnen todos los ángeles y devas para celebrar ese período de cinco días. Dos días anteriores a la lunación, el día de la lunación y dos días después. Les pregunté, a través de Cristina, si eso era siempre así. Contestaron que durante las lunas llenas de Aries, Tauro y Géminis, asistían los dos días antes y dos después, pero en el resto de lunaciones, sólo un día antes y otro después.

Quedamos para el próximo sábado, cuando hubiese pasado la luna llena.

Antes de la noche acordada, Napi vino a nuestro encuentro y le dijo a Cristina que había sucedido un gran acontecimiento, que en vista de la relación humano–dévica que se había establecido, había decidido descender un gran deva para fortalecer y promover esa relación. Nos contó cómo estando todos los devas del bosque reunidos y formando varios círculos, apareció en forma de rayo muy poderoso una gran figura de luz que se fue condensando y dijo "Yo Soy el que Soy".

-¿Cómo le llamáis?- pregunté

-Hajes es su nombre. Es la contracción de "Hada Jesús", ya que encarna para nosotros lo mismo que representó para vosotros la venida de Jesús de Nazaret.

-¿Le podías preguntar si sería posible verle esta noche y también traer un aparato para hacer un experimento musical y grabar nuestro encuentro?

– A ver –dijo Napi-, esperad un momento que le voy a preguntar.

Al cabo de unos segundos, nos dijo que Hajes aceptaba muy gustoso vernos esta noche y que podíamos traer ese aparato con música y grabar lo que estimásemos más oportuno.

... y así lo hicimos. A las 10 de la noche, nos fuimos al bosque con una grabadora, tres cintas con música grabada y una cassette virgen para grabar el encuentro.

Cristina estaba conversando con Napi y nosotros sentados en círculo. Le dije a Napi que si podía ir a buscar a Hajes para comenzar la entrevista. La bella hada salió, y al cabo de un minuto regresó en compañía de Hajes. Cristina se giró para mirarlo y emitió un grito de dolor.

- ¿Qué te pasa? –pregunté yo.

-Nada, es que la potencia de su luz me ha cegado la vista.

 

-No te preocupes-dijo Hajes-, interpondré una pantalla para que puedas mirarme sin herir tu ojo... y así fue.

Empezamos a dialogar de forma muy abierta, intercambiando puntos de vista muy diversos.

Le dije que iba a hacer un experimento con tres tipos de música que consideraba bastante diferenciados. La prueba consistía en que escuchase distintos tipos de música y nos diera su opinión sobre los mismos. A lo que nos respondió que adelante.

La primera música era un villancico muy conocido y que cantaba Frank Sinatra. Se trataba de Noche de luz, noche de paz.

Cuando las notas comenzaron a sonar a través de los altavoces, las hadas empezaron a formar un pequeño Belén. Hajes se hizo pequeñito como si fuera el mismo niño Jesús y las hadas configuraron el decorado. Mi hija exclamaba continuamente como si viese el festival más maravilloso de luz y color jamás imaginado. Y claro, nosotros pedíamos que nos lo describiera, ya que no veíamos nada.

El segundo tipo de música era del ashrama de Sri Aurovindo. En verdad, bella y armónica. Cristina seguía lanzando expresiones de admiración por el encanto y armonía con el que las hadas bailaban al son de aquella música angelical.

La tercera clase de música era el Rock del Reloj, de Elvis Presley. Como sea que Cristina no decía nada, insistimos en preguntar lo que estaba sucediendo.

-Las hadas están sentadas en el suelo y dicen que si a los humanos les gusta esa música es que están atontados.

 

La entrevista siguió en términos muy íntimos hasta que finalmente Hajes decidió despedirse; pero nosotros le rogamos si nos podría abrazar para comprobar si éramos capaces de sentir su energía.

Uno a uno nos fue abrazando y luego nos preguntó si habíamos notado algo. Cada cual había percibido el abrazo o la caricia de una forma diferente. Sólo Lulú, que nos estaba acompañando aquella noche, no sintió nada, por lo que Hajes la volvió a abrazar y ella dijo que había notado un cosquilleo muy suave en su mejilla."

-Ignoro -continuó Xavier una vez relatada tan hermosa aventura espiritual- si el sacrificio de ese gran deva habrá servido de algo para ese reino dévico, paralelo al nuestro; pero esta conversación, gracias a los nuevos métodos de comunicación, ha sido escuchada por muchos millares de personas.

Y seguro que ya habrán tratado de penetrar en el secreto suyo y establecido cierto tipo de relación, pero nosotros tenemos el santo vicio de medir todo por el grado de eficacia de la energía empleada.

Sin embargo, pienso sinceramente, que muy pocas cosas tienen de verdad tanto valor como aquellas que dan fe de que el Universo es algo mucho más vital que la parcela que únicamente nos muestra la ciencia, e inmensamente más rico en matices de lo que es el nivel normal de conciencia, en el que permanecen la mayoría de los humanos.

Francisco tenía lágrimas en los ojos. Charles deseaba más que nunca acceder a un mundo tan hermoso y Xavier pensó en el regreso de Cristo. Por un segundo comprendió que tal vez el Pentecostés que anhelaba sería un poco más difícil de que sucediese en términos tan generalizados. Quizás un gran porcentaje de humanos no estuviesen preparados para amar a las hadas, ni a la naturaleza, y menos a sus propios congéneres. También recordó el importante destello de luz que ocurrió en la época de Buda, y, bien pensado, no estaría nada mal si de un plumazo encarnases un millón de nuevos iniciados en el plano físico. Probablemente sería ganada una importantísima batalla en el trabajo asignado al "Centro de La Raza de los Hombres", como reza La Gran Invocación, de cerrar la puerta del mal que atenaza a la humanidad.

-¿Qué es la Gran Invocación? –preguntó Francisco.

-Es lo que podríamos llamar el Padre Nuestro del presente, cuando ya se han calmado nuestras necesidades básicas. Ahora nos toca pedir por la luz y el amor para toda la humanidad y que Cristo retorne físicamente a la tierra.

 

 -¿Quieres decir que el Padre Nuestro ya está obsoleto?

-En parte sí que lo está. Hay muchos aspectos que no se corresponden con la lógica cartesiana actual. Como decía antes, ya no necesitamos pedir pan o que se nos aparten las tentaciones del camino, ya que gracias a esas dudas, a esas tentaciones, podemos aprender a discernir o discriminar entre los pares de opuestos, entre el bien y el mal... y si obramos bien, el mal no nos tendrá.

De nuevo, un sagrado silencio, que los tres tenían reparo en romper, fue la nota de la despedida de los amigos. Caminaron hacia la boca del Metro y Xavier puso su mano sobre los hombros de sus dos amigos.

-Xavier-dijo Charles.

-¿Sí?

-Creo-dijo el científico- que algo está cambiando en mí. El dolor de mi alma está dando paso a una paz que nunca habría imaginado que podría sentir. Es una mezcla de gozo, alegría y bienaventuranza.

-Bienvenido a la puerta de los dioses, que diría un amigo migo-le dijo con inmenso cariño Xavier.

 


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