Capítulo 3

 

El Eterno Presente

 

 

Para poder conceder alguna posibilidad de veracidad a las facultades de nuestro protagonista, Xavier, se hace necesario delinear sucintamente su cosmovisión.

El Universo con sus billones de galaxias y trillones de estrellas es una incomprensible conciencia que se compone de una cantidad inconcebible de conciencias cósmicas, que a su vez se subdividen en trillones de sistemas solares, siendo cada uno una entidad formada por infinitos puntos de luz, amor y voluntad, más conocidos como almas o espíritus que dan vida a los cuerpos a través de los cuales se manifiestan. (Hablando en términos matemáticos, infinito es cualquier magnitud superior a un trillón de unidades, un 1 y 18 ceros)

Nuestra mente se extravía con el simple hecho de contar las estrellas de nuestra galaxia. Los astrónomos realizan una extraordinaria labor que amplía cada día la magnitud del cosmos, y expande, a su vez, nuestra propia comprensión. Es absolutamente imposible abarcar con nuestra mente todos los procesos, todas las facultades, todas las virtudes, toda la diversidad de seres vivos conscientes, auto-conscientes o supra- conscientes (podríamos atribuir esta palabra a todo lo que es denominado conciencia grupal, conciencia planetaria, conciencia solar, etc.) que componen el total de lo que los sabios astrónomos han conseguido confirmar, y que se da por supuesto que no es el Todo.

No debemos olvidar que únicamente estamos hablando del primer nivel, dimensión o plano para nuestros sentidos físicos y que conocemos como tercera dimensión (alto, ancho, largo, a lo que ya todos añaden el espacio-tiempo). A este plano físico habría que agregar diversos niveles o dimensiones. Los astrofísicos y matemáticos aceptan, al menos de forma teórica, en muchos casos hasta diez o doce dimensiones. Indicándonos que pueden estar compenetrándose diversos mundos paralelos de materia y de antimateria.

Los científicos están en su total derecho, y además tienen la divina obligación, de salvaguardar a los componentes de la raza humana de caer en supersticiones y creencias que tanto daño pueden hacer, aunque ellos mismos tienen que adaptar sus paradigmas a realidades constantemente ampliadas.

Hay que evitar hacer del ser humano un pelele que cree que el hecho de vestirse con una camiseta de cierto color le va a traer la suerte durante todo el año siguiente, y al final se convierte en esclavo de cualquier moda estrafalaria que a cualquier insensato se le pueda ocurrir. Por lo tanto, es preferible ser un científico-agnóstico que camina paso a paso, lentamente sobre suelo firme y seguro, que un humano supersticioso, sin suficiente confianza en sí mismo, que hace todo lo que le dicen, sin pensar si tiene cierta lógica o no.

Por el momento hay ciertos aspectos de la realidad que la ciencia no ha estudiado y es aquello que una mente puede percibir como procedente de los sutiles mundos internos o paralelos al nuestro.

Estudiar toda gama de imágenes, sonidos, vibraciones indescifrables que se transmutan al llegar al receptor humano en pensamientos y sentimientos nos llevaría gran parte de nuestra vida.

Una vez matizados los inmensos beneficios que nos proporciona la ciencia, así como ciertas limitaciones, regresemos a las galaxias y las estrellas, si bien para nuestro propósito descenderemos a nuestro sistema solar. Desde nuestro punto de vista, el vehículo físico de un ser de tan inconcebible excelsitud que todo lo que podemos ver y percibir es sólo el reflejo de su alma.

Esa alma o conciencia, o lo que pueda ser, está compuesta de innumerables almas o puntos de luz con autoconsciencia que son esencias ígneas inmortales. Y al igual que nosotros, los humanos, residimos durante muchos años en un cuerpo que está compuesto por miles de millones de células, esas esencias perduran durante toda la prolongada vida del sistema solar físico que conocemos. Las almas, luces de amor y poder, ceden parte de su esencia al ser humano para que adquiera autoconciencia, que no es solamente un conglomerado de procesos mentales, mientras dura la existencia en este marco tridimensional del cuerpo físico.

Es decir, que la esencia de luz, amor y poder siempre permanece rodeando, impregnando y colmando toda la existencia física. Desde la profundidad de los núcleos de fuego de los planetas, pasando por la tierra, el agua, el aire y los aparentemente espacios vacíos interplanetarios (llamados, a falta de mejor término, materia oscura) hasta llegar al depósito de vida que es nuestro sol, corazón del sistema solar.

 

 Afortunadamente los hombres somos mundos cerrados con un pequeño ámbito de actuación y un limitado poder de captación de tamaña cantidad de vibraciones.

En todas las épocas los místicos han rasgado el velo y han sido testigos de la luz, aunque parece que no han tenido mucho éxito al tratar de transmitir esas visiones, por adolecer de terminología comprensible a la mentalidad de la época.

Al igual que hay acontecimientos que mantenemos en nuestra mente durante los años de existencia física, y sin embargo los átomos que los sustentan ya no son los mismos, de igual forma se puede deducir que acontecimientos muy cercanos, apenas dos mil años, se mantienen plasmados en algún lugar o conciencia de los puntos de luz, amor y poder que pueblan la vastedad del sistema solar, independientemente de que algunos materiales ya no sean los mismos.

Con estas premisas, sólo nos queda tener la suficiente capacidad para atravesar todas las formas de materia emocional que han forjado los miles de millones de creyentes, las estructuras de pensamiento que han delineado miles de millones de pensadores, y después de no perdernos en tan inextricable selva, acceder al lugar donde verdaderamente están custodiados algunos de los acontecimientos de nuestro planeta y del sistema solar. Dicho lugar es conocido como "registro akáshico", en términos psicológicos es conocido como "anima mundi" o "inconsciente colectivo".

Creemos que esta explicación es necesaria y que puede tomarse como una hipótesis inicial de trabajo. Los peligros son grandes, pues si somos compartimentos estancos, probablemente es para nuestro bien. Si una semilla debe permanecer bajo tierra durante un tiempo, es porque no resistiría la fuerza de los elementos. Si un pensador necesita aislarse del mundo en ciertos momentos, es para poder organizar, desarrollar y finalmente comprender las ideas o los pensamientos. De igual forma, mientras crecemos, los seres humanos debemos permanecer en la cueva de nuestro cuerpo-mente y no percibir la inmensa luz de la vida con la que estamos conectados, seamos conscientes de ello o no. Está claro que, sin previo aviso, fuésemos sometidos al impacto de todas las comunicaciones que atraviesan la Tierra en un momento dado, nos volveríamos locos.

Millones de voces e imágenes invadirían nuestra mente y la sofocarían como a un dorado grano de trigo expuesto a los rayos del sol, a la fuerza de los elementos, al hambre de pájaros o la voracidad de insectos.

 

 


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