Capítulo 52

 

Getsemaní,

 

 

la noche oscura del alma.

 

 

 

-Jesús-continuó Xavier- se fue a Getsemaní con sus tres más íntimos amigos y compañeros:

 

Pedro, (que significa piedra) su cuerpo físico.

 

Santiago, (que significa ilusión) su cuerpo emocional.

 

Juan, (que significa el Señor habló) su cuerpo mental.

 

Aquí vemos nuevamente cómo se escenifica en el plano físico la realidad espiritual de que el alma se rodea y es seguida por los cuerpos ligados a su control.

   "Mirad, yo me voy allá, al claro del bosque a rezar por el buen fin de esta misión.

 Estad atentos para que no me interrumpan hasta que haya terminado."

 Bien entrada la noche, los tres discípulos se durmieron, mientras una tumultuosa muchedumbre se iba acercando paulatinamente al huerto.

En el centro del pequeño bosque, Cristo, iluminado por la luna llena de Aries, dijo alto y claro:

"Jesús, toma tu cuerpo, Yo ya he acabado con mi trabajo, ahora te toca a ti proseguir y concluir todo lo establecido".

Cristo abandonó aquel bendito cuerpo y Jesús tomó nuevamente posesión de aquel templo que era su cuerpo, y dio gracias a su Maestro... entonces dijo con voz angustiada: "Si es posible evitar lo que se me avecina, por favor, evítamelo; pero si ello no puede ser, que sea cumplida la voluntad del Padre, y no la mía."

 

 Jesús ya sabía lo que estaba escrito para aquellos días. El alma había tomado nuevamente posesión de su personalidad. No obstante, sus cuerpos estaban dormidos y ajenos al sacrificio que tenían ante sí y Jesús se dejó prender por los soldados.

Como vemos, en los evangelios, siempre hay una clave oculta; pero desvelada a los que "ya tenemos ojos para ver".

 -Impresionante-dijo Francisco.

-Ya lo creo-añadió Charles.

-Es curioso que, a pesar de lo interesantísimo del tema, cuando has dicho que Jesús volvía a su cuerpo, inmediatamente me he acordado de María Magdalena, y he pensado si todavía tuvo oportunidad de "reencontrarse" con su amado Maestro Jesús.

-Por mi parte-añadió Charles-me ha extrañado un poco el que justo en el momento más difícil, Cristo abandonase el cuerpo.

-Ya-contestó Xavier-. Es el pensamiento que surge más espontánea y lógicamente a quien escucha esta interpretación. Está claro que algunos acontecimientos no se pueden entender si no es con una conciencia iniciática.

-Pero, de esa forma parece que comenzamos a ocultar parte de una realidad-se quejó Charles.

-Creo que en el fondo, tu protesta viene determinada porque has asociado el abandono del cuerpo de Jesús por parte de Cristo con el abandono que sufriste cuando tu padre, tu madre o tu esposa partieron del plano físico.

-Charles le miró a Xavier, quien había acertado.

-Lo siento Charles-se disculpó el esoterista-. Quizás he sido demasiado directo. No era mi intención hacerte daño.

-No te preocupes Xavier. La verdad es que has tocado la herida más profunda que yace en mi corazón. La incomprensión de la partida de nuestros seres amados.

-Cristo nunca abandonó a Jesús. Su divina aura y el amor de su corazón permanecían con el Maestro, lo que ocurre es que Cristo ya había pasado por esas iniciaciones. Y en realidad lo que ahora ocurría era que el Maestro Jesús tenía una oportunidad para llegar a otro estado de ser.

-En realidad, creo entenderlo-dijo Charles-. Pero creo que no he sido capaz de superar el dolor que hay en mi corazón desde niño. Aunque era un chaval, y mi padre estaba en prisión, yo iba feliz a verle. Deseaba tenerle cerca de mí. No importaba nada que fuera un presidiario y que estuviese entre rejas. Lo importante era estar con él.

Respecto a mi madre, todos los meses iba a visitarla, pero un buen día también desapareció. Y qué decir de mi esposa... Cada pérdida de un ser amado, me traspasaba el corazón, miraba al cielo y si en mi mano hubiese residido el poder habría hecho desaparecer el mundo. No habría quedado piedra sobre piedra.

-Tranquilo Charles-le consoló Francisco. Ya verás cómo un día brillará la luz en tu corazón. Las almas de tus seres queridos son libres en el Cielo. Sé que no te lo crees, pero es así. Entonces, ¿no es hermoso pensar que más allá de los sufrimientos de este mundo, hay un estado de ser en el que la libertad es su característica más destacada?

-Hay un regalo que se hizo a los hombres-continuó Xavier-. Es el poder liberador de la muerte. Solemos pensar que nos encantaría una vida eterna con alguien a quien amamos, pero ese pensamiento es incorrecto.

-No te entiendo-dijo Charles.

-¿Hemos imaginado la tremenda prisión que sería para un ser humano hacer todos los días lo mismo, bajo las mismas circunstancias, con las mismas personas sin posibilidad de variación?

-A veces, cuando me he sentido mal, pero no he profundizado en absoluto en el tema.

-Imagina por un momento que cada día tienes que trabajar en una fábrica durante doce horas y cincuenta años colocando siempre el mismo tornillo. A esa situación ¿cómo la denominarías?

-La esclavitud más grande que se puede imaginar.

-Y ahora, imagina que a alguien le gusta mucho pasear por una calle en concreto, y le ruega a su esposa o a su marido que le acompañe durante tres horas diarias, los trescientos sesenta y cinco días al año, haga frío o calor, a lo largo de toda su vida.

-Sería un sacrificio muy grande por parte del cónyuge que no sintiese el placer de pasear.

-Y ahora por último. Imagina que alguien permanece en una cama durante cincuenta años, como un vegetal, y sueña poder andar, respirar el aire puro de la Naturaleza en las montañas, bañarse en el mar, viajar por todo el mundo, tener nuevas amistades... en definitiva desarrollarse como ser humano. ¿Qué representaría la muerte para alguien así?

 

-Sin duda, desde nuestro punto de vista de hombres con tales posibilidades, la libertad.

-A eso me refiero. La muerte, en muchos casos, es un agente liberador del alma encarnada en un cuerpo.

 

Es la oportunidad del cambio. Y os recuerdo que podría haber expuesto ejemplos mucho más espeluznantes de esclavitud. Pero, para nuestro propósito, no es necesario ahondar más en las vejaciones sufridas por los humanos.

-Desde luego, expuesto así, no cabe la menor duda.

-Como siempre-dijo Xavier-, algunos seres humanos encuentran cómo hacer el mal, cómo extorsionar a los demás. Y una idea que en sí misma es liberadora, la utilizarían para su propio beneficio.

-Tienes razón Xavier. Sólo que a veces habríamos deseado estar más tiempo con nuestros seres queridos.

-Me ocurrió con mi amadísima madre-añadió el sacerdote-. Eché en falta todos los momentos en que la solía ver. Pero habría sido muy egoísta por mi parte, que mientras yo evolucionaba ejerciendo como sacerdote, ella, para hacer feliz a su hijo, hubiese estado otros cuarenta años más sirviéndome la cena, y regalándome los ojos con su compañía, y por supuesto lo que es muy grave, que hubiese detenido su evolución como alma.

-Entonces –contestó Xavier-, estamos de acuerdo en que quizás la vida es mucho más sabia que nosotros, y nos obliga continuamente a avanzar. También desearía recordaros algo. Cuando un hombre se va acercando al mundo de las iniciaciones, ya no contempla su vida como algo efímero, sino que paulatinamente va comprendiendo que él, que en ocasiones es capaz de trascender las separaciones espaciales y temporales, se está identificando progresivamente con un alma, y sabe que está aquí y ahora, pero su esencia, de la que es consciente, perdura, y por lo tanto sus actividades ya no tienen un sentido perecedero. Él es un alma inmortal.

 

 


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