Capítulo 53

 

El calvario de Jesucristo

 

-La vida y milagros, el juicio y la pasión de Jesús -continuó Xavier- en los tres años de vida pública es sobradamente conocido por todos. Los evangelistas han dado testimonio de lo acaecido alrededor del Gran Maestro de Maestros y Ángeles.

-Vaya una pena -dijo Francisco.

-Creo que no hay que enfocar de esa forma el asunto de Jesucristo. Más bien podríamos olvidarnos un poco del sufrimiento y resaltar más lo que había detrás de ello.

-Sí, tienes razón, a veces olvidamos lo importante y nos fijamos en lo secundario, y en este caso, es casi obligado centrarse más en el triunfo sobre la muerte, es decir, la resurrección.

Xavier no dijo nada al respecto y continuó su narración.

-Es muy curioso cómo se desarrolló esta farsa ante Poncio Pilatos y los sinagogos judíos. La contundencia de sus acusaciones a pesar de que los romanos no encontraban culpa alguna en Jesús. Las incriminaciones tenían una base tan pobre como la de haber curado a algunas personas en el día sagrado del Sabbat. Pilatos se negaba a juzgarle o a castigarle y decía que si le querían mortificar, deberían ser los judíos los que asumiesen tal responsabilidad y no los romanos, pues según su ley, Jesús era inocente. Los judíos decían no tener potestad ni costumbre de matar a nadie; pero gritaban que Jesús era reo de muerte.

 

El prefecto optó por dejar libre a Jesús y les ofreció Barrabás a cambio, pero los judíos preferían ver a Jesús colgado en la cruz. Le consideraban una amenaza para la supremacía de su religión y sus leyes. Jesús se declaraba inocente de todo delito, insistía en que Él no era el rey de nadie, y que "su reino no era de este mundo".

Nuevamente Pilatos dijo que le encontraba inocente y que se lo entregaba a los sinagogos. Ellos pidieron la pena de crucifixión por ser culpable de haber infringido la ley al haber curado en el día del Sabbat.

Como no lograba imponer la cordura a los judíos, se lavó las manos ante todos ellos.

-"No soy responsable por la sangre de este hombre".

A lo que la multitud respondió

"Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes."

"Que se cumpla pues la ley, que sea azotado hasta su desmayo, y si no os basta, que sea crucificado en el Gólgota".

A lo que los judíos respondieron,

"Que sea azotado y crucificado bajo un cartel que ponga: por ser rey de los judíos"

... y todos rieron y aplaudieron la gracia de los sinagogos.

Jesús, que comenzó a ser sometido al castigo del látigo, dejó su cuerpo inconsciente, es decir, se desmayó por un acto de voluntad y su conciencia se desplazó a unos metros del cuerpo físico, para observar cómo los centuriones cumplían con la ley. Los rabinos, al verle tumbado en el suelo, exigieron que el castigo prosiguiese y los romanos se vieron obligados a atar el cuerpo a la columna exenta, que había en el centro de la sala, y continuar hasta que los cuarenta latigazos, que exigían los judíos, fueran totalmente aplicados.

Charles y el padre Francisco permanecían en un lúgubre silencio. El sacerdote de corazón de oro sentía cómo se deslizaban las lágrimas por sus mejillas.

-Fueron-siguió Xavier- unos latigazos muy crueles, que habían provocado grandes y profundas heridas en el cuerpo de Jesús, pues en los extremos de las cuerdas del flagelo o "flagrum" había atadas unas tabas de hierro y de hueso.

Para hacerlo volver en sí, tomaron el agua de la palangana de Pilatos y se la tiraron encima.

Concluido ese martirio, los guardias le "incrustaron" una corona de gruesas y duras espinas de unos diez centímetros de largo que le hundieron en la cabellera. Le pusieron un cetro de caña y una túnica para mofarse de él como rey de los judíos.

 Rápidamente, pues al oscurecer empezaba la fiesta judía de Pascua y además era Sabbat, le pusieron a los hombros el poste que le habría de servir de patíbulo y le hicieron salir de allí hacia el Gólgota. Jesús estaba exánime, y tuvo que ser ayudado para ascender la empinada cuesta.

Cuando llegó a la cima, fue crucificado con clavos largos hundidos en sus muñecas, en la región del carpo y no en las palmas de las manos como se puede ver en todos los crucifijos, incluso en los anteriores al siglo XII. Si lo hubieran clavado en las palmas de las manos, éstas se habrían desgarrado al no poder aguantar el peso de su cuerpo.

No tengo palabras para describir el enorme dolor que debía estar pasando aquel sublime Maestro; que aun tuvo fuerza para pedir perdón por los centuriones "no sabían lo que estaban haciendo"... era un crimen imperdonable el suplicio que le estaban aplicando aquellos ciegos egoístas, que ignoraron el mensaje de amor de Cristo. No es de extrañar el gran karma que arrastra el pueblo judío. No supieron reconocer aquella divinidad que escogió Israel como pueblo al que manifestarse.

Había bastante gente contemplando aquel deplorable espectáculo. Entre ellos se encontraba un grupo de monjes esenios que habían seguido los pasos de Jesús, ya que sabían lo que le podía ocurrir.

Conociendo las costumbres de los soldados de quebrar las piernas de los reos para que no pudieran escapar, por si la agonía no acababa con ellos o por si eran rescatados por algún pariente o amigo, donaron una generosa propina al centurión jefe para que no le quebrase las piernas y a cambio le asestara un lanzazo en el costado derecho cuando viera que se estaba ahogando.

También habían preparado una potente pócima somnífera, que le fue dada cuando Jesús pidió agua para beber. Esa droga le fue suministrada empapada en una esponja engarzada en una larga caña. De esta forma estaban tratando de que se durmiera y así acortarle el grave sufrimiento. Así evitarían una excesiva presión pulmonar y el consecuente ahogamiento. Después se alejaron unos pasos.

 

 

Jesús, con un último soplo de aire, dio las gracias al Padre por haber rasgado el velo del templo y acogerle nuevamente en Su Luz... Luz que le envolvía y le arropaba en aquellos momentos tan angustiosos para sus cuerpos. Y por fin, el sueño pudo con las pocas fuerzas que le quedaban y abandonó su cuerpo físico.

De esta forma se cumplió lo que estaba escrito desde antes de haber nacido del vientre de María. El Hijo había abandonado la casa del Padre para preparar el camino del Señor, había renunciado a su divinidad de la misma forma a cómo lo hacemos todos nosotros, aunque con la diferencia de que Él era cerebralmente consciente de ello durante toda su vida. El Alfa y el Omega se fusionan y cierran el círculo. Su ejemplo había concluido... ahora nos toca a nosotros aplicar sus enseñanzas en nuestras vidas y servir a nuestros hermanos hasta la última gota de nuestra sangre, con amor, alegría y discernimiento.

 En aquellos momentos reinó una gran oscuridad y hubo un fuerte terremoto, por lo que todos creyeron que era un último adiós de aquel sublime Maestro, primogénito divino y una señal inequívoca para todos aquellos que Le habían acusado y torturado.

Jesuel, ángel de la guarda de Jesús, al mando de una legión de ángeles, estaba muy triste (permitidme que aplique este término tan humano a esa entidad dévica), viendo este ignominioso suplicio... todos estaban prestos a intervenir, atentos a que un mínimo deseo de Jesús les indicara el momento de poner fin al martirio; pero Jesús seguía demostrando su absoluto control mental y corporal hasta el final.

 Los devas de la tierra se estremecieron y ésta retumbó con un terremoto.

La lluvia y el frío acompañaron también aquellos momentos de intenso dolor, la temperatura rondaba los 17 grados.

En ese instante Jesús tomó conciencia de su YO. La intensa luz cegó su cerebro, cesando la separación entre el Padre y el Hijo y ambos se hicieron UNO.

Esto es lo que significa la "rasgadura del velo del templo, de arriba abajo". La separación de conciencia entre el alma y la mónada cesó para siempre y ambos se unificaron en un solo cuerpo.

El cartel que se clavó sobre la cruz con la inscripción INRI tiene varios significados... (Ignis Natura Renovatur Integram o El Fuego Renueva Incesantemente la Naturaleza.)

La interpretación cabalística es otra. El valor numérico es de 270, o lo que es lo mismo que decir:

Que el Padre es el 1 y el Hijo es el 2.

7 es el total de cuerpos que tiene el espíritu.

10 es el número de la perfección en cualquier nivel.

O lo que significaría que los 7 cuerpos del Hijo alcanzaron la perfección.

Inmediatamente los monjes esenios, María y también María Magdalena se apresuraron a descolgar el cuerpo de la cruz envolviéndolo en una larga sábana de lino. Colocaron dos monedas de la época sobre los ojos. Friccionaron suavemente su piel con aloe y perfume.

Sorprendentemente, su cuerpo no tenía peso alguno, era como si levitase en el aire. En compañía de José de Arimatea, le llevaron a un sepulcro nuevo, que tenía en una propiedad cercana. Allí depositaron el cuerpo de Jesús.

Para evitar malentendidos con la guardia romana, desplazada allí, e impedir que los judíos o sus propios seguidores se llevaran el cuerpo del Maestro, José quitó el freno de la gran piedra, la deslizó, y la tumba quedó totalmente sellada.

Pasados los tres días de la fiesta pascual, María Magdalena y María fueron a la tumba. Los guardias romanos estaban profundamente dormidos. La pesada piedra que cerraba la entrada del sepulcro se había desplazado, dejando la entrada totalmente abierta e iluminada.

 El cuerpo de Jesús estaba tan maltrecho, que Jesús decidió eliminarlo y explosionarlo dentro de la sábana, dejando su huella impresa para cuando la humanidad "tuviera ojos para ver".

María Magdalena, que tenía prisa por ver a su amado Jesús, fue la primera en entrar. Vio a dos ángeles (o dos extraterrestres, o dos miembros de la Jerarquía Planetaria), que estaban atendiendo al nuevo cuerpo físico de Jesús. Eran los mismos que le asistieron en su venida a este mundo terrenal.

 El Maestro permanecía en estado de materialización de sus nuevos cuerpos de apariencia física, por eso, cuando María Magdalena se abalanzó sobre Él para abrazarle, Jesús le dijo: "No me toques, que aun no he llegado de la casa del Padre, cosa que haré cuando se condense totalmente mi cuerpo."

María, la madre de Jesús, tomó aquella sábana y el sudario para llevárselos a su casa y enseñárselos a José y a los demás apóstoles. Era la prueba de que Jesús aun seguía con vida. Con una vida nueva y unos cuerpos nuevos, aunque conservando algunas heridas como muestra de su suplicio.

No es de extrañar que no aparezca su tumba. Él siguió viviendo una vida larga y laboriosa tras recuperarse de sus heridas en aquel nuevo cuerpo... su mensaje era el mismo que el de Krisna o de Cristo.

Su mensaje había versado sobre el amor más incluyente que cabe pensar, amar incluso a los enemigos, "cómo Yo os he amado"... nos decía.

 

Su mensaje también fue la Vida que había ejemplificado y había vencido a la muerte... cosa que sucede a todos aquellos que renuncian a su yo y lo ofrecen en el altar del servicio a la humanidad... o a ayudar a aquellos que se esfuerzan en ayudar a sus hermanos.

 


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