Capítulo 56

 

Cambios en la Iglesia

 

 

-¿Durante el tiempo que estuviste en contacto con la Santa Sede, a raíz del estudio de la Sábana Santa, encontraste rumores de cambios en la mentalidad de la Iglesia? –preguntó Francisco.

-Ya sabes -respondió Charles- que no soy creyente de nada y sí de todo lo que tenga visos de lógica científica, aunque reconozco que vuestras aportaciones han abierto mi mente a un nuevo y valioso abanico de posibilidades sobre una realidad desconocida, y en tantas ocasiones denostada por el mundo científico. Recuerdo que en aquella época algunos estudiosos, que intentaban abrir un hueco por el que la ciencia se acercase a esas realidades, hablaban de las profecías atribuidas a Malaquías, monje del siglo XIII, que no fue creído en un principio por la Iglesia. Se trataba de sus profecías sobre la sucesión de los papas hasta el final de la Iglesia, y tanto acierto se encontró en ellas, que al cabo de dos siglos decidieron hacerle santo.

-Así es –asintió Xavier-. La Iglesia también parece andar de puntillas sobre este tema, pero lo cierto es que en la vieja iglesia de San Juan (Santo Giovanni) del siglo XV, en Roma, pintaron unos medallones en la sala principal con el retrato de todos los papas, de acuerdo a las profecías de San Malaquías.

En la actualidad quedan sólo dos medallones libres. Uno en el que se pintará el retrato de Benedicto XVI y el último, que según San Malaquías será dedicado a "Pedro el Romano, quien unificará todos los rebaños dispersos por el mundo". ¡Veremos!

 

 

 

 -El misterio de las profecías -añadió Charles- es como tratar de viajar en el tiempo observando los acontecimientos, pero sin posibilidad alguna de interferir en ellos. Por cierto, hablando de modificar la historia. Se me ocurre preguntar si Jesucristo vino a encauzar el destino de los hombres o como algunos dicen a salvar al mundo.

-Creo que es bastante lógico pensar –contestó Francisco- que su sacrificio, y especialmente su crucifixión, sirvieron para despertar a la Humanidad. Es decir que actuó como "salvador". ¿No opinas igual, Xavier?

-En mi opinión-contestó Xavier-, aceptar que algún mesías o avatar venga a salvar al mundo es como aceptar que Dios condenó al mundo. Es como decir que estaban abocados a un castigo. En lugar de la palabra "salvar", utilizaría el término enseñar o mostrar. En el caso de Jesucristo nos reveló el camino del amor al prójimo.

Habría que considerar también que el hecho de haber obtenido un cuerpo para evolucionar en este mundo, ha sido después de habernos preparado durante un buen tiempo en los planos sutiles. Primero repasando las lecciones de la vida anterior, y después encontrado unos padres que pudieran darnos el cuerpo, así como distintas circunstancias propicias como una casa, una educación, etc.

Hay que comprender que tenemos que esperar a que se den las condiciones astrológicas adecuadas a la lección, que como almas, nos proponemos aprender. En fin, que hay muchos factores en contra de esa suposición de condena y en contra de la teoría de la salvación.

Aprendemos a través de nuestros errores, en un experimento continuo. Aún diría más, aprendemos a través de caminar de la mano de la ética imperante, ya sea por leyes cómo las de la eutanasia o de la manipulación genética. Son leyes que rayan la frontera de nuestra propia conciencia; pero el resultado que pretendemos obtener es para beneficiar al hombre, ahorrar sufrimiento y producir mejores remedios y eliminar o iluminar muchos de los tabúes y supersticiones de la tradición.

Aunque parezca un poco atrevido para algunos, tenemos que considerar también que estamos aprendiendo a ser dioses, crear cosas nuevas, más sutiles, eficaces, y también nuevos paradigmas de la vida ampliando la capacidad de penetrar en el misterio del alma y su mecanismo, sabiendo que en ciertas condiciones corporales, el alma ya no está ligada al cuerpo y por ello es inútil prolongar artificialmente la vida física. Quizás pronto se consiga alguna máquina que detecte la vida del espíritu en la materia. Eso sería un gran salto en la comprensión del misterio de la creación o de la existencia de los espíritus o incluso del propio Dios.

-Tal vez tengas mucha razón-añadió Charles-, pues sin ir más lejos, los científicos de finales del siglo XIX estaban seguros de que sus conclusiones eran casi inamovibles, y sin embargo, pocos años después, llegó Einstein.

Ahora bien, respecto a tu pregunta original, sinceramente creo que todavía falta bastante comprensión, por parte de la Iglesia, en lo que se refiere al mantenimiento de la vida física, aun cuando ésta ya no cumpla con unas condiciones mínimas para la expresión del alma humana a través del cuerpo.

-La Ética, por ejemplo-continuó Xavier-, está intentando condicionar la clonación de cuerpos o partes del mismo, inducida por necesidades experimentales o médicas. A este respecto diré que no habría que tener miedo, pues por mucho que intentemos clonar a Einstein o Mozart, no conseguiremos clonar sus almas. Podremos clonar el cuerpo de un soldado atleta, pero no podremos clonar al alma que tratará de ser soldado y atleta, pues eso dependerá de la educación que se le dé. Y es más, sus células habrán cambiando todas al cabo de unos siete años y, aunque su código genético sea el mismo, su personalidad será totalmente diferente.

-Sinceramente pienso -añadió Francisco- que la Iglesia, como un Organismo vivo y gigantesco que es, tiene un ritmo de cambio muy lento. Y desde que aparecen ideas innovadoras, nuevas posibilidades, formas más modernas de ver la vida o nuevos paradigmas, como tú has dicho, hasta que llegan a las últimas células del Organismo, que son sus feligreses, hay un enorme intervalo de tiempo y por lo tanto un tremendo desfase.

La lentitud en el proceso de renovación lleva a luchas inevitables entre lo nuevo y lo viejo. Así por ejemplo, la Iglesia Católica, al igual que otras confesiones, puede tener unos pensadores muy avanzados y progresivos y que para nada se ven reflejados en la actitud de los creyentes que permanecen en los lugares más remotos.

Por otro lado, un cambio excesivamente veloz dejaría a muchos fuera de lugar, sin saber a qué mundo emocional o mental pertenecen. Pero está claro que son necesarios cambios profundos en sus formas de pensar que estén de acuerdo a los nuevos tiempos. Para mí, una de las más importantes es la creencia fundada en la reencarnación.

Xavier y Charles miraron a Francisco, y pensaron que cada vez había menos diferencias entre ellos.

 

 


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