Capítulo 59

 

Jean Michel/Jacques

 

 

-Hola –le abordó al padre Francisco un hombre alto y de ojos claros, cuando caminaba por los campos de fútbol del Seminario.

-¿Qué desea?

-Es sobre vuestras conversaciones del café Moka.

-No sé de qué habla -dijo instintivamente como si se tratase del actor de una película de ficción o misterio.

-Vamos Francisco –dijo sonriendo el hombre alto, si bien su sonrisa no era irritante sino más bien cariñosa.

-Le digo que no sé de qué me habla.

-¿Ya no te acuerdas de mí?

El padre Sauras estaba asombrado. Las palabras de aquel desconocido le resultaban cálidas y no muy lejanas.

-Disculpe, no. ¿Tal vez fue usted algún compañero de estudios y no le recuerdo?

-La última vez que me viste fue en el cementerio de Olorón.

-De verdad que lo siento, pero creo que no le conozco. Tal vez se equivoca. A veces me han confundido y me han llamado "doctor".

-No. No es un error. Fue después de recitar los versos a Juliette.

-Ya, entonces me falla la memoria más de lo que yo creía. Debe de ser porque estaba muy afectado, y en aquellos días en Olorón saludé a muchas personas.

-No te preocupes, Francisco.

Los ojos de Sauras se abrían cada vez más. Algo le estaba envolviendo. Su corazón ya sabía quién era, pero su mente no recordaba... no lograba encajarle en un marco conocido.

-El caso es que usted no me es desconocido.

-Se podría decir que yo soy el sobrino de Juliette.

-Pensaba que solo tenía uno y murió en un accidente de tráfico.

-El cuerpo físico sí.

-No le entiendo.

-Seguro que Juliette le comentó algo sobre mí.

-Bueno... alguna cosa –dijo el padre Sauras evasivamente.

-¿Sabes? ¿Francisco?

-Dígame.

-Juliette sabía mucho sobre mí. Era mi confidente.

-Creo que esta conversación me está poniendo nervioso.

-De acuerdo. Te diré algo de ti, que se podría decir que solamente tú sabes.

El padre Francisco se sentía extraño. La conversación era irreal. Sin embargo el recuerdo de algunos episodios de los Evangelios le tranquilizó. Le vinieron a la memoria aquellos pasajes en los que los caminantes se encontraban con un desconocido, y después, cuando ya se había ido de su lado, se daban cuenta de que sus corazones vibraban en su compañía. Y fue ése recuerdo el que definitivamente hizo que sus temores desapareciesen y escuchase el latido de su corazón.

-¿Cómo te llamas? –preguntó el sacerdote como si hubiese comenzado de nuevo la conversación.

-Mi nombre es Jean Michel Jacques.

-¿Damos un paseo?

 -De acuerdo.

-Es un nombre muy largo.

-Sí.

-¿Te llamas como algún familiar tuyo?

Sin duda la conversación era surrealista.

-Francisco. Pareces un niño tímido.

Entonces el sacerdote se detuvo y miró a Jean Michel Jacques.

-Creo saber qué ocurre.

-Sí dime.

-No, por favor. Dime tú algo.

-De acuerdo.

-Algo que me asegure lo que creo saber.

-Éramos felices en Ansó -dijo el hombre alto de ojos azules.

-Entonces hace mucho que nos conocemos.

-Claro. Algunas tardes jugábamos al ajedrez.

-Era una época estupenda. Sin embargo no consigo ubicar tu cara.

-Francisco. Yo tenía otro aspecto diferente.

-¿Sí? –Sauras anhelaba escucharlo.

-Yo era bajo. Apenas llegaba a un metro y medio, y mi cabello era muy oscuro. Todavía recordarás que hablábamos sobre Cristo y sobre Dios, mientras jugábamos al ajedrez.

Ambos se detuvieron. Jean Michel Jacques sacó un anillo de oro de un bolsillo y abriendo la mano de Francisco lo depositó en ella.

-Tal vez lo reconozcas.

-Sí. Es el mismo que llevaba Jacques el joven francés.

-¿Recuerdas la vez que te dije que perderíais el partido de fútbol?

-Y el padre Francisco ya no pudo más. Las lágrimas rodaron imparables. En su corazón se habían desatado mil imágenes: la parroquia de Ansó, su querida madre, el joven francés, el local de la juventud, y sobre todo Juliette. Sollozó como un niño pequeño. El cuerpo le daba espasmos que no podía controlar, el plexo solar desató sus nudos...

-Tranquilo, Francisco.

-Siento haberme dejado embargar por tantas emociones.

-No tiene importancia... creo que es algo bastante normal en estas circunstancias.

-Entonces... ¿Juliette tenía razón cuando me dijo que erais una misma alma en diferentes cuerpos?

-No es tan sencillo como expresan las palabras, pero básicamente sí.

-¿Y cómo puede ocurrir algo así?

-Es porque las almas también son de materia luminosa, pero materia al fin y al cabo.

-No entiendo.

-Las almas son los cuerpos de los espíritus. Y a veces un espíritu es tan evolucionado y tan poderoso que puede necesitar varias almas, que en realidad es sólo una unidad pero escindida aparentemente en dos cuerpos físicos.

  -Creo entender.

-Imagina una esfera de luz que envuelve con su tamaño dos recipientes. El cuerpo de luz es único pero con su enorme tamaño colma las dos vasijas. Tampoco es exactamente así. Pero intento dar una explicación que más o menos se comprenda.

-Tal vez es que los dos cuerpos físicos están unidos por sus centros de energía o chacras.

-¡Bravo! Francisco. Ya veo que se te ha quedado algo de las interminables "arengas" de Xavier -dijo Jean esta vez en forma graciosa.

 -¡Dios mío! ¡Cómo puedes saber tú eso!

-Bueno... es que soy algo especial.

Sin darse cuenta habían llegado hasta el parque grande. Se sentaron en un banco disfrutando de la tranquilidad del estanque de los cisnes, y continuaron la conversación.

-Me pregunto si el hecho de que una misma alma, por así decirlo, se volviese a fusionar en un solo cuerpo, no podría producir algún tipo de enfermedad mental, como por ejemplo una esquizofrenia...

-Lo que ocurre es que se fusionan las cualidades esenciales, sin importar los detalles. Podríamos decir por ejemplo que la esencia dominante en mí, era el misticismo y la característica fundamental de Jacques era su privilegiada mente e inteligencia, cualidades que se sintetizan en un ser extremadamente lúcido de tendencia mística. No sé si me entiendes.

-Creo que sí. Explicado de esa forma, no deberías saber nada de mí. Pues el recuerdo que pudiese tener Jacques de sus veranos en Ansó, no parecían tener mucha importancia.

Jean Michel Jacques sonrió.

-Hay veces que la vida de las personas es casi una casualidad continua. La de Juliette, la de Xavier, la de Charles y la tuya no son ninguna casualidad.

El sacerdote se quedó pensativo. No supo qué preguntar.

-No sois las únicas personas del mundo. Eso sería infravalorar el Poder del Señor de la Tierra o como tú le llamas Dios.

-Entiendo.

-Nuestro amado Logos Planetario en su encarnación actual, Sanat Kumara, habita los espacios de la Tierra. No hay rincón donde su esencia no permanezca. Él es el Aliento Sostenido que impregna la evolución. Él es el que permanece entre los mundos, experimentando y vitalizando con su propia Esencia toda su creación. Así es que, se podría decir que todo cuanto ocurre, de alguna forma le afecta, pues es Él Mismo. Cada alma que hay en la Tierra se estremece en su presencia. Y son muchos millones los que alentados por Su Voluntad modifican continuamente las circunstancias del Planeta.

-Bendito sea.

-Ha habido más personas llamadas a este proyecto en concreto. Hay más almas gemelas provenientes de otros espacios en ayuda de nuestro amado Logos Planetario. Ha habido más Xavieres, más padres Franciscos, más científicos como Charles, pero este proyecto es el que ha conseguido llevarse a cabo. Por lo tanto estamos llegando al final del mismo.

-¿Cuál es el final? –preguntó el sacerdote.

-Debemos viajar al "Interior de la Tierra"

¿Has dicho al interior de la tierra?

¡Sí, eso he dicho!

-¿Quiénes? –indagó, necesitando que le confirmase su anhelo.

-Sí. Estás en lo cierto. Iremos los cuatro.

-¡Qué alegría!

Jean Michel Jacques le sonrió.

-¿Y... cómo lo haremos? –preguntó Francisco con el entusiasmo e impaciencia de un niño.

-Será la próxima luna llena.

-¿Y qué les digo a Xavier y a Charles?

-Cuéntales nuestra entrevista y diles que estén preparados.

El hombre rubio de ojos azules tocó con la mano el hombro de Francisco, sonrió y se marchó.

Mientras aquel hombre de porte majestuoso desaparecía de su vista, Francisco lloró como un niño. A lo largo de toda su vida había estado protegido, envuelto por la magia de Dios o de algún enviado Suyo y nunca lo había sabido.

 


wigs for women wig types short wigs for black women human hair wigs for white women paula young wigs best wig types wig types < /div>