Capítulo 60


Viaje al interior de la Tierra

 

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En el aeropuerto de "El Prat" esperaban, impacientes, Charles y Xavier. Permanecían sentados muy cerca de una de las entradas. Al lado tenían dos mochilas como si de chavales de quince años se tratase. Un poco más allá había un grupo de montañeros que reían estrepitosamente originando una alegre algarabía. Parecían buscar una ventanilla en concreto. Su destino era el mismo que el de ellos: La cordillera de los Andes en Chile.
Primero vieron entrar a Francisco y automáticamente los dos amigos se levantaron. Y cuando apareció por la puerta de cristal Jean Michel Jacques, Xavier pensó que se le pararía el corazón.

 Las lágrimas afloraron y aunque nunca habría imaginado que haría una cosa así, siendo aparentemente como un témpano, extendió los dos brazos y por un escaso segundo hincó su rodilla en el suelo y tocándole los zapatos exclamó:
-¡Maestro!
-¡Contrólate Xavier!
-Señor...
Jean Michel tomó los brazos de Xavier y le abrazó. Los montañeros miraron y permanecieron en silencio.

 Y todos los pasajeros de aquella zona tampoco osaron hablar. Después, una vez que Francisco presentó respectivamente a Charles y a Jean, se encaminaron hacia la fila de clientes de la Compañía LAN,que esperaba su turno para facturar. Si los cuatro habían pensado pasar desapercibidos y con discreción, estaba claro que no lo habían conseguido.
-¡Espero que hayáis venido preparados!- dijo Jean Michel sonriendo.
Xavier todavía no había salido de su estupefacción.
-Vamos Xavier -le dijo con cariño Francisco.
-Es que había añorado tanto este momento, y ahora que ha sucedido me he quedado, así... un poco descolocado y perplejo.
Charles, sin embargo, parecía como si la luz iluminase su rostro.
-Jean... ¿De verdad vamos a ir al centro de la Tierra?
-Bueno... no es exactamente el centro, pero sí que vamos a descender a unos cuantos metros de profundidad.
-¿Lo resistirá mi viejo cuerpo?
Jean le miró con compasión y le preguntó
-¿Qué es lo que más anhelas en la vida?
-Hace muchos años, creo que durante toda mi vida, he ansiado saber si existe Dios.
-Entonces... ¿lo deseas más que tu propia vida?
-Desde luego. ¿Qué podría tener más sentido que conocer a Dios?
De nuevo Jean le miró.
-Tal vez tus amigos.
-Bueno... no había pensado en ello, pero sí, sin duda alguna, pospondría el momento de saber la respuesta si mis dos amigos me necesitasen a su lado.
-Hablas bien, Charles. No pareces un científico.
-Señor, siempre he amado la ciencia, pero parece que ésta no ha conseguido extraer de mí, el profundo anhelo de encontrar la paz. Hasta cierto punto creo que era demasiada poca cosa investigar las partículas elementales. Gracias a que estudiamos la Sábana Santa, pude sentirme especialmente vivo ante tamaño misterio.
En aquel instante Xavier se repuso de un momento tan emotivo e inesperado y dijo a Jean.
-Maestro.
-¿Sí?
-¡Gracias!
Jean Michel tocó con su mano el hombro de Xavier y le dijo...
-Nos esperan grandes días hermano mío.
-Desde ese preciso momento, Xavier ya no se sintió con una extraña obligación de maestro-discípulo, sino que era como si con aquellas palabras, Jean certificase lo que realmente es la Jerarquía. Una profunda relación de libertad y amistad. Nada había que obligase, solamente comprender y sentir totalmente la unidad del Planeta.

 

II

 

En la fila ocurrió algo extraño, que muchos días después comprendieron Xavier y Charles.
-¡Vamos, que es para hoy! -exclamó graciosamente el más joven de los montañeros.
-¡Eso! ¡Eso! Que nos espera el Aconcagua -gritó otro joven del grupo.
Ciertamente, escuchar a aquellos jóvenes era, para almas jóvenes como las de nuestros cuatro amigos, sencillamente una delicia.
-¿Podrían alterar un poco menos el orden, jovencitos? -les sugirió con voz cariñosa una linda azafata chilena.
-¡Lo que tú digas! , mañica.
-¡Vaya con el zaragozanico! -dijo uno de sus compañeros.
-Creía que erais catalanes -dijo Xavier.
-Bueno, todos menos éste, el más bruto -le contestó uno de ellos dando con la mano una palmada cariñosa en la cabeza del gigantón.
-Yo también soy de Zaragoza -dijo el padre Francisco.
-Encantado- respondió el joven dando la mano al sacerdote, para seguidamente continuar conquistando a la azafata chilena.
-Nosotros vamos a hacer una expedición muy cerca del Aconcagua, tal vez podríais venir con nosotros -les dijo Jean.
Los montañeros le miraron como si no estuviese cuerdo.
-¿Sabe? Llevamos dos años preparando esta ascensión. Tal vez en otro momento, gustosamente, les acompañaríamos.

 -No tiene importancia. Al verles tan felices, había pensado que serían una buena compañía.
-Otra vez será, señor.
Por fin los jóvenes facturaron su equipo y seguidamente les tocó el turno a los cuatro amigos.
-¡Señor! –se acercó a ellos una chica joven, dirigiéndose a Jean.

  -¿Sí?
-Tal vez yo les podría ayudar.
-¿Eres montañera?
-Sí. Además vivo muy cerca de donde van ustedes. Es un pueblecito que se llama San Felipe.
-¿Conoces la ruta que se inicia en el Salto del Soldado? –le preguntó Jean.
-Por supuesto. La he recorrido más de cincuenta veces. Podría ir con los ojos cerrados.

 

 -Entonces no se hable más. Nos vendrá estupendamente tu ayuda.
-¿Podría ir con nosotros mi buen amigo, que también es montañero?
-Por supuesto.
-Entonces... ¿Quedamos en Santiago, cuando desembarquemos?
-No hemos hablado de tus emolumentos -le dijo Jean.
-Señor... será un verdadero placer acompañarles por mis dominios.
-Nos vemos-le respondió amablemente Jean.

   

 

 III


Vistos desde el avión, como casi todas las montañas, los Andes no parecían excesivamente grandes. Sin embargo cuando el "cuatro por cuatro" que llevaba a los seis viajeros, se acercó al desfiladero del Salto del Soldado y bajaron del mismo, Xavier, Charles y el padre Francisco, sintieron algo especial: la pequeñez de sus cuerpos y la grandeza de su espíritu.
-Es extraño –dijo Francisco- he recorrido gran parte de los Pirineos y sin embargo nunca me he sentido tan pequeño.

-Es cierto –añadió Xavier- Es sorprendente, porque tampoco es que hayamos avanzado gran cosa en las montañas; pero sin duda impone su espectacular tamaño.
-¡Cómo se nota que no son montañeros!- exclamó sonriendo Valeria. Venga vamos que se nos hace tarde.
-¿Por qué? -preguntó Charles, mientras iniciaban la marcha.
-Cuando la extenuación es lo único que le queda al cuerpo, cuando un paso es un mundo, cuando la ventisca azota... entonces es un momento hermoso y trágico al mismo tiempo. La vida pende de un hilo y piensas que la montaña se está riendo de ti. Te preguntas ¿qué hago yo en este infierno? Estás a punto de entregarte, pero en realidad, estás más viva que cuando permaneces sedentariamente entre la muchedumbre de Santiago o de cualquier ciudad, y es una sensación que anhelas volver a repetir.
-Espero que no tengamos que pasar por eso-dijo Charles-
-¿Sabe? –se dirigió Valeria a Jean
-¿Sí?
-Sentí pena por los montañeros, cuando solicitó su ayuda. Ciertamente que la sugerencia era surrealista, pero creo que usted, en realidad, les estaba diciendo otra cosa... Pero bueno, tal vez sean imaginaciones mías. Lo verdaderamente importante para mí, fue que sabía que era mi oportunidad.
-¿Por qué pensaste que era una oportunidad?
-Contemplé la escena de Xavier con los brazos sumisos y su rodilla en el suelo ante usted. Aquello me impactó enormemente y usted me recordó la figura de Cristo.
Todos los demás se detuvieron y miraron a la joven montañera. La figura de Jean parecía cada vez más grande. El sol del atardecer se había añadido a su cabello rubio y resplandecía.
-Eres una mujer muy sabia, Valeria.
-Gracias, señor.
-¿Continuamos?
-¡A la orden Jefe!
Reanudaron la marcha. Charles que había comenzado con infinita ilusión mostró síntomas de agotamiento.

 -¡Jean! –gritó
-¿Sí?
-Gracias.
-¿Porqué?
-Tú ya lo sabes.
Había algo mágico en el ambiente. Todos sabían que acompañaban a alguien que era mucho más que un hombre. Y aprendieron algo: que aunque las palabras pueden explicarlo, el problema es que quien no ha vivido la experiencia no puede comprenderlo.
Parecía que cada segundo que transcurría, era una oportunidad para añadir a esa sensación un gramo más de magia. Enfrente de ellos se adivinaba la llegada de dos montañeros. En un abrir y cerrar de ojos estuvieron a su altura, saludaron a Valeria y a los demás, y cuando vieron a Jean que caminaba el último se detuvieron y con sorpresa exclamaron:
-¡Maestro!
-Acompaño a nuestros amigos. Tienen algo importante que hacer en Avalón.
-¿Necesitan algo? –preguntó el segundo.
-No, gracias. Que la paz sea con vosotros.
-Igualmente, Maestro.
Si las lágrimas fuesen diamantes, nuestros amigos serían inmensamente ricos y habrían llenado un par de bolsas.
Pocos minutos después llegaron a una planicie. Allí había algo parecido a una cueva, que en realidad estaba formada por un conjunto de salientes de la imponente mole.
-¿Pernoctamos aquí? –preguntó Valeria a Jean.
-Me parece buena elección-dijo Jean.
-¡Lucas! –Ordenó la valiente montañera a su amigo- ayuda a Charles a quitarse la mochila.
Xavier sonrió. Le recordó a su esposa cuando se ponía a organizar.
-¡Señor! –habló quedamente Valeria a Jean.
-¿Qué ocurre?
-Creo que Charles no resistirá otra caminata como la de hoy.
-No te preocupes. Ya haremos algo.
-¿Sabe? A pesar de su cansancio, los ojos le brillan. Es como si fuese muy feliz.
-Ha encontrado el milagro de la Paz que tanto anhelaba.
-¿Es cierto, verdad?
-El qué, ¿Valeria?
-Que usted es Cristo.
-Sabes que Jesús murió hace dos mil años.
-Bueno...entonces usted es su reencarnación.
Jean sonrió.
-Te contaré un secreto, pero no lo digas a nadie-estas últimas palabras las dijo sonriendo, sabiendo que a la mínima se lo susurraría a Lucas.
-¿Sí?
-En realidad el Cristo de hace dos mil años nunca murió. Un espíritu es eterno, nunca puede morir ni se le puede matar.
-¿No le crucificaron?
-Sí. Pero eso no quiere decir que muriese.
-¿Entonces no resucitó?
Jean sonreía por la rapidez de sus preguntas.
-Podría decirse que, puesto que ahora conocemos la energía del átomo, su cuerpo se hizo radiactivo, transmutando la materia más densa en una materia resplandeciente y luminosa. En una materia que nunca muere.

 -Pero...usted es de carne y hueso.
-Bueno... de algo parecido, pero digamos que sí. Ten en cuenta que por un lado existe la persona de Jesús, y por otro el espíritu de Cristo en esa escena pública que comenta el Nuevo Testamento. En el pasaje conocido como huerto de Getsemaní, Cristo abandonó el cuerpo de Jesús y el alma de Jesús volvió a su cuerpo.
Actualmente Jesús está ocupando un cuerpo carnal en Roma. Pertenece a la Iglesia Católica y le espera nuevamente un brillante porvenir, aunque espero que las gentes reaccionen bien y sepan reconocer la divinidad en el hombre y se ahorren muchos sufrimientos. Hay millones de imágenes de Jesús flotando en el plano astral creadas por devotos de todos los tiempos, pero no son reales. Yo soy un humilde servidor del Cristo. Me llaman Hilarión y también he de reconocer que externamente nos parecemos bastante; pero él es mucho más elevado que yo, tiene a su cargo el tema tan complejo de las religiones, yo me encargo de espolear a los científicos a buscar paradigmas más elevados.
Valeria se quedó pensativa y regresó a su puesto cerca de la hoguera que habían improvisado.

 Volvió a mirar los ojos de Charles. En pocas ocasiones había visto algo tan hermoso.

 

IV


Los rayos del sol sorprendieron a los viajeros. Apenas había habido transición entre el azul índigo y el resplandor intensamente plateado que saltó en un segundo a las montañas de pura roca.

–Vamos Charles -le llamó Lucas.
Como no respondía, se acercó el joven y por un momento pensó lo peor. No sabía si estaba dormido o muerto.
-¡Jean! –Gritó Lucas- Charles no se despierta.

El Maestro se acercó hasta él y con un toque en el hombro, le dijo.
-Vamos Charles. No puedes desperdiciar tus días de gloria.
-Ya voy Jean.
Decididamente Xavier, Francisco, Valeria y Lucas comenzaban a vibrar de una manera muy extraña. Se sentían cada vez más livianos, etéreos en lo que respectaba a su cuerpo físico respondiendo a la alegría de su alma.

 Francisco y Xavier ayudaron a incorporarse a Charles. Intuían que sus días estaban contados, aunque esperaban un milagro.
-¡Mis amigos! ¡Qué gran suerte ha sido pasar este año con vosotros!
-¡Vamos Charles! –Le dijo Xavier- Te vas a poner más fuerte que un roble.
-Mis queridos amigos. Soy el hombre más feliz del mundo. Setenta años sufriendo terribles pérdidas, setenta años anhelando saber qué es el universo, setenta años esperando una palabra de Vida y ahora, cuando mi vida acaba, me ilumina la Luz de Dios.
Nadie pudo decir nada. Un nudo en la garganta les impedía pronunciar una palabra.
-¿Nos Vamos? –sugirió Jean
-Señor –dijo Valeria
-¿Sí?
-Esta mañana he revisado unos dos kilómetros del siguiente tramo del camino y he descubierto con gran sorpresa que hay unos diez metros en los que la tierra se ha desprendido y con mucha suerte sólo podremos pasar en fila de a uno.
-Gracias, Valeria.
-Cabe la posibilidad de rodearlo por la izquierda, pero diría que solamente unos montañeros expertos serían capaces de hacerlo sin peligro.
-No te preocupes, no será necesario.
La muchacha le miró un tanto preocupada, pero en unos segundos comprendió que desde que había aparecido por la puerta del aeropuerto, nada era ya normal.

Así es que haría lo que buenamente estuviese en sus manos. Valeria y Lucas marchaban los primeros, Xavier y Francisco que ayudaban a sostenerse en pie a Charles, y en último lugar el Maestro de los ojos azules y cabello dorado.

 

V


Valeria se detuvo prudentemente a unos cien metros del desprendimiento. Jean avanzó hasta ella. Antes se acercó a Charles.
-¿Cómo vas Charles?
-Estoy en el cielo, Maestro.
-Espero que no te quedes dormido, ahora que vas a entrar en el mundo espiritual.
-Todos miraron a Jean. Creían que le estaba anunciando la muerte, pero se equivocaban.
Jean Michel Jacques se acercó, justamente al recodo que había observado Valeria, y extendiendo la mano tocó la roca y se abrió una puerta ovalada. Los furas guardianes de los altos lugares habían respondido a la llamada del Maestro y abrieron la puerta de entrada.

 

-¿Entráis? –les dijo sonriendo.
-¡Vive Dios! –exclamó Charles que ya no sabía si estaba en vida o encerrado en un libro de ciencia ficción.
Los cinco viajeros entraron detrás de Jean. Y la primera sorpresa que les deparaba Avalón estaba a punto de ocurrir. Parecía que la luz exterior iluminaba los primeros metros del camino interior, pero cuando se cerró la puerta detrás de Jean, se dieron cuenta de que en realidad la luz que iluminaba el oscuro pasadizo era el propio Jean... y luego se dieron cuenta de que las piedras tenían su propia luminiscencia... y eran suficientemente luminosas.

 -No os preocupéis. Ya habéis hecho lo más difícil que es encontrar la puerta al mundo interno. A partir de aquí el camino es en descenso y fácil.
Los guardianes de la entrada estaban serenamente expectantes, pues la nota del Maestro estaba autorizada a penetrar por aquellos lares, que de otra manera les habría rechazado e impedido siquiera el acercamiento a la entrada. Eran los furas guardianes de los altos lugares, quienes con su vibración tan elevada hacen de barrera protectora.
Los viajeros continuaban sintiéndose cada vez más livianos. Llevaban unos días comiendo frugalmente, caminando mucho, respirando más penosamente y algo que parecía ser que les daba muchas fuerzas, la visualización de su propia inmersión en la magia del Alma Universal. Era como si la confirmación de pertenecer, de sentir la materia espiritual les diese vida.
-Creo que estoy mejor -dijo Charles dando una palmada a cada uno de sus amigos y comenzando a andar solo.
-¡Por Dios! exclamaron Xavier y Francisco.
Y...Charles echó a correr.
-¡Cuidado! -gritó Valeria cuando se vio adelantada por el "ancianito".
¡Hasta luego! – pasó como una exhalación.
Entonces se dieron cuenta de que no solamente Jean iluminaba la gruta, sino que cada uno se había convertido en una llama viva.
-Maestro- comentó Valeria.
-¿Por qué ocurre esto?
-Es porque hemos entrado en la esencia de la Vida, que es la Voluntad.
-¡Jean!
-¿Sí, Xavier?
-Creo que tengo que pedirte disculpas.
-¿Porqué?
-He sentido algo así como celos de ti.
-Eso es normal, mi querido amigo.
-¿No es eso un pecado?
-Es algo normal que ocurre cuando de verdad vemos el resplandor de un alma. Hay que comprender que cada ser humano se esfuerza por ser. Esta lucha le lleva a trabajar para sí mismo, y aunque trabaje para los demás, sin embargo en el fondo, siempre lo hace para sí. Pero ello es una forma de crecimiento. Anhela ver la luz, pero cuando la Luz llega, se siente muy pequeño, como si fuese casi un insecto. Es una prueba más Xavier.
-Entonces: ¿No te molesta que haya sentido eso de ti, Jean?
El "Hijo divino" volvió su rostro hacia Xavier y le horadó con sus brillantes ojos azules.
-Claro que no, mi leal amigo.
Xavier se quitó un gran peso de encima. Casi desde el principio, ese inesperado sentimiento le había sumido en una profunda tristeza. Él, que había sido el más enardecido luchador a favor de su Maestro, y cuando le había tenido a su lado, se había sentido sin luz ni brillo propio y es que la mente juzga y separa; pero el alma conoce la unidad subyacente en todo.
-Maestro.
-¿Sí, Xavier?
-Gracias.
Jean Michel Jacques posó su mano sobre el hombro de su amado discípulo y ambos terminaron de descender los últimos metros del camino que terminaban en una espaciosa caverna con un lago. Allí había una barca. El jovencito Charles estaba enredando con un remo como si ahora fuese un crío, y se llevó un terrible susto cuando algo parecido a un perro pero mucho más grande y fiero se acercó a unos metros.
-¡Jean! –gritó aterrorizado y pensando que en cualquier segundo se lanzaría.
-¡Kratos!

-El terrible guardián escuchó la voz de Jean y corrió velozmente a saludarle.
-¡Madre mía! ¡Qué susto! –Charles se limpió el sudor de la frente con su pañuelo.
Y todos echaron a reír.

VI


Los seis amigos subieron a la barca. Xavier y Francisco introducían los remos en las aguas azules de aquella tranquila laguna. Sus almas resplandecían, nada podía enturbiar los diamantes de sus corazones. Si por casualidad alguien que no hubiese reunido el nivel espiritual requerido, hubiese entrado en la misma, se habría encontrado con terribles monstruos astrales que habrían emergido de las profundidades, pero su vibración sólo podía extraer de aquellas aguas, los colores más hermosos jamás imaginados.

 Millones de puntitos les envolvieron. Atravesaban sus corazones como si únicamente tuviesen un cuerpo etérico transparente. El espectáculo fue "in crescendo" hasta concretarse aquellos puntos en verdaderas figuras humanas de excelsa beatitud.

El paso de cada luz a través de sus corazones, les hacía vibrar más poderosamente y elevarse espiritualmente. Jean sonrió ante las expresiones de sorpresa de sus amigos, mientras con las manos acariciaba el agua.
Dos horas más tarde habían llegado a la otra orilla.
El primero que descendió de la barca fue Francisco, que se había contagiado de Charles y ahora parecía otro niño. Se lanzó a correr por esa orilla, antes de que Jean le pudiese avisar, y de repente cayó rodando por la arena.
Sus amigos se quedaron perplejos. Miraron a Jean, quien sonrió con cariño.
-Se ha estrellado contra una de las naves espaciales.
Parecía que las sorpresas no terminarían en aquel viaje al interior de la tierra.
En unos minutos los expedicionarios palpaban con las manos intentando adivinar en qué lugar se encontraba cada una de ellas, pues sencillamente... en ese momento eran invisibles.

Francisco recordó al joven Jacques en Ansó. Y se acercó a Jean.
-¿Qué ocurrió en Olorón, Jacques?
-El Maestro de ojos azules y cabello rubio le miró.
-Si te digo que estamos en un centro donde se pueden crear cuerpos mentales, astrales y etéricos te parecerá un poco frío; pero si lo ves, entonces comprenderás la belleza y la grandeza del espíritu humano, y por ende la de nuestro Padre Celestial.
-Jean.
-¿Sí?
-¿Crees que los humanos conseguiremos despertar?
-Siempre están despertando hombres de todos los lugares. Estamos a punto de un despertar más generalizado, dentro de poco tiempo se producirá un Pentecostés planetario, durante el cual los humanos recobrarán la conciencia de su estado divino, al cual han renunciado, si bien no ha llegado todavía el tiempo propicio, pues todavía hay mucha Humanidad que no ha llegado a un punto mínimo de evolución en el que se produce esa masa crítica necesaria para la reorientación espiritual y vital. Pero no te puedes hacer la idea de la energía que tres humanos de corazón puro son capaces de irradiar. Su fuerza llega hasta aquí con tal nitidez que se convierten en un canal espiritual de primera magnitud. Y la vida fluye a través de ellos, aunque no sean totalmente conscientes de su propia peculiaridad.
Cuando terminó de hablar, se dieron cuenta de que los cinco habían formado un círculo alrededor de Jean.
-Es por aquí.
-¡Ahí no hay nada!-exclamó Lucas.
-Claro que lo hay. Hay un espacio vacío.
Todos se echaron a reír. El alma de todos se expresaba radiante y eufórica.
Por alguna causa Lucas y Valeria se dieron la mano en la oscuridad. Sintieron cuánto se amaban, y esa fue la llave que abrió una determinada puerta que accedía a una cueva inmensa con innumerables cuerpos de luz humanos.

 -¿Es lo que deseabas mostrarnos?
-Sí-contestó Jean. Se podría decir que existen varios métodos para encarnar un alma humana. El más utilizado es cuando el Alma o Ángel Solar comienza una serie de nueva de encarnaciones, entonces utiliza todos sus poderes creadores para formar un cuerpo mental, luego se reviste del cuerpo emocional y por fin desciende sobre el vehículo físico y lo vitaliza con la energía etérica, que toma la forma del cuerpo físico.
La segunda es una forma de colaboración con los Ángeles Solares. Existen seres humanos que están finalizando su aprendizaje de creadores mentales y son capaces de reunificar la materia mental que puede ser vitalizada por los Ángeles Solares. De esa forma está claro que gran parte del trabajo está hecho. Es lo que estáis viendo en esta sala.
-¿Quieres decir Jean, que si nosotros tuviésemos suficiente fuerza mental, seríamos capaces de crear unos cuerpos como los que están flotando?

 -Sí, eso es lo que digo.
-¿Puedo probar?-preguntó Charles-
-Por supuesto, deja libre tu mente de todo temor y de toda expectativa y deja que tu alma brille por sí misma.
Todos esperaban que en un momento apareciese una creación mágica, pero justamente encima de la cabeza del científico, se densificó una materia luminosa parecida a una catarata de fotones a enorme presión y velocidad que impregnaron e iluminaron todos sus cuerpos... su plexo solar irradió una luz tan poderosa que iluminó toda aquella enorme sala... ¿Era esto una preparación para la segunda iniciación?

 -¿Alguno más?
-Sí yo-dijo el sacerdote.
-Adelante; pero recuerda de alinearte con tu alma y déjala brillar ante ti.
Encima de Francisco apareció una llama muy brillante que lentamente se fue expandiendo y purificando todos los cuerpos del sacerdote de corazón de oro. Su conciencia se expandió más allá de la gruta y comprendió todo aquello que tanto había anhelado... sintiéndose una parte del todo... Su corazón absorbió todas las energías de los chakras inferiores a través del punto central del plexo solar y en una brillante columna ascendió hasta el chakra laríngeo, era evidente que se había preparado para recibir la tercera iniciación.

 -Bueno no ha estado mal, creo que ha sido un bello mensaje que disipa muchas de tus inquietudes.

-¿Puedo? -Preguntó Xavier.
-Adelante Xavier-le animó Jean Jacques; pero no pienses en ti ni en mi... sólo deja que el Ser sea en ti.
Y sobre su cabeza se concretaron unas masas de éter estallando en miles de relámpagos, que vitalizaron algunos centros y destruyeron otros. Xavier se sintió sumergido en un océano de cegadora luz y su conciencia quedó prendada por un eterno momento en aquella paz... había llegado al final de su eterna lucha por aquello, lo había conseguido y reconoció que todo el esfuerzo había valido la pena. Sobre su cabeza brilló con un inenarrable resplandor la estrella de cinco puntas de color azul, testimonio de la bendición de Cristo.

 -¡Oh! -exclamaron todos los viajeros.
-Os toca el turno-les dijo a Valeria y Lucas.
Apareció encima de ellos una figura blanca, eran unos amantes abrazándose, cuyos corazones se habían unido por el lazo del amor y una fina lluvia de estrellitas luminosas cubrió sus cuerpos.
Pronto se esfumó la creación mental.
-¿Habéis visto? Sin duda, el poder del amor es mucho más poderoso que el de un creador mental aislado.

-Es cierto-dijo Xavier.
Si comprendéis lo que habéis experimentado, podréis deducir que en el caso de dos padres que se amen intensamente, hasta el punto de que sean capaces de crear una imagen común, esa figura ayudará a la encarnación de su futuro hijo. Estarán preparando el cuerpo de su futuro bebé. Le dotarán de unas cualidades de bondad, sabiduría y tendencias amorosas, por ejemplo. Y lo que es más importante, como la fuerza de su trabajo mental durará cerca de nueve meses, se podrá decir que será capaz de impregnar la materia física.
-A veces alguien posee un poderoso cuerpo mental, astral o de sentimientos, incluso es capaz de hacer descender su fuerza en el plano etérico, y si es impelido por una necesidad suya o bien de su grupo, aguarda que un cuerpo formado físicamente, en algún lugar de la Tierra, sea abandonado por un alma, y él ocupa inmediatamente el cuerpo físico.
-¡Jolín que fuerte!- exclamó Charles.
-Todavía hay más variantes, pero las dejaremos que sigan su curso sin entrometernos con ellas.

 

 -Entonces -dijo Valeria- la vida siempre permanece.
-Así es mi joven montañera. La vida siempre permanece tras las apariencias. Y esa es una de las cosas que habéis venido a aprender en este viaje.
-¿Y vos Maestro? –preguntó con amor Xavier.
-Una de las cosas que se aprenden con el tiempo es que mantener una sola forma mental es a veces muy costoso y no merece el esfuerzo requerido. Es por ello que hay un momento en el que ascendemos al Padre y entonces se nos otorga la Fuerza de la Vida. Una vez aprendido el manejo de la fuerza de la Voluntad, los resultados son mucho más poderosos. Pudiendo vitalizar multitud de personas al mismo tiempo a través de la fuerza del corazón. Así pues, se pueden enviar importantes cantidades de materia vitalizada y cualificada para un fin. Imaginemos por ejemplo que se hace necesario crear un ambiente de amor. Se forman unos ríos de luz que recorren continuamente, todo un país, hasta que al final, mediante el impacto de la materia mental cualificada, los entes encarnados responden, por supuesto por libre decisión y albedrío.

 Cuando Xavier iba a confirmar que lo había entendido, se abrió al final una inmensa puerta blanca. Si se le decía que era una puerta, era por decir algo, pues únicamente podían contemplar un inmenso resplandor.
-Hay alguien que nos desea ver.
Los seis compañeros de viaje se acercaron, dándose las manos hasta penetrar en la luz.
-Sed Bienvenidos -dijo una voz mientras ellos mantenían la cabeza inclinada, y continuó- Ha llegado la hora de restaurar en el plano físico Los Misterios de la iniciación. Una nueva época ha comenzado en la superficie. Devolved a la Humanidad lo que le pertenece.
Entonces se hizo oscuridad, pero en una pared del fondo de aquella otra cueva apareció el espectáculo más bello que jamás habrían imaginado.
Había una esfera iridiscente; pero predominando el color azul y el blanco, tenía unos 4 metros de diámetro y que permanecía flotando en el aire. En su interior se veía la santa sábana, salvaguardada de las manipulaciones egoístas de unos pocos.

 Los seis se acercaron hacia su resplandor, la rodearon y permanecieron en silencio un buen rato, aunque sólo pareció un minuto.
-¿Y ahora qué? –preguntó Charles.
-Podríamos guardarla en el palacio que Juliette me donó -dijo Francisco.
-No sé si podríamos asegurar su custodia -expresó Xavier.
Todos miraron al Maestro de ojos azules y cabello rubio.
Jean sonrió.
-¡Qué tonto soy!- dijo Xavier comprendiendo que sus dudas no tenían sentido- No recordaba que estaba hablando con un enviado de Dios.

 

VII

 

-¡Dios mío! –gritó Charles cuando salían hacia la playa.
-¿Qué ocurre? -le preguntó Francisco alarmado.
-¡Mira! -señaló con la mano
-¡Madre mía! –Exclamó el sacerdote- ¡Nuestros cuerpos están sobre la arena!
-¡Estamos muertos! -dijo Charles, desesperado.

Entonces Xavier sonrió.
-¡Te estás riendo!
-Claro.
-¡Te ríes y estamos muertos!
-¿Nunca habías sido consciente de tus cuerpos sutiles? – le dijo con cariño Jean Michel a la vez que le tocaba con la mano el hombro.
-Entonces... -balbuceó Charles
-¿Sí?
-¿Entonces no estamos muertos?
-Claro que no -contestó Jean Michel- al contrario-¿Cómo te sientes tú?
-Vivo. Radiante...Feliz...pero
-Ahora ya sabes que puede haber vida fuera del cuerpo.
-Es verdad.
-Cuando te topaste con la nave espacial, saliste de tu cuerpo. Si no hubiese sido así, no habrías podido entrar en los siguientes recintos, y si lo hubieses hecho, para ti habrían sido simples cuevas de terrible oscuridad.
-Creo entender. Tal vez el hecho de intentar respirar mejor y llevar una alimentación más sana, haciendo caso a mis amigos me ha ayudado.
-Claro-dijo Xavier.
-Estamos en un centro de energía, digamos, cósmica -continuó Jean Michel.
-¿Qué significa?-preguntó Charles.
-Para los científicos, todo son partículas. Para nosotros, la materia es sinónimo de vida y conciencia.
El padre Francisco, Xavier y Charles permanecían suspendidos en el aire, a unos 10 centímetros del suelo, alrededor de Jean Michel, muy cerca de sus cuerpos físicos. Los jóvenes montañeros ya habían reingresado en sus cuerpos y permanecían profundamente dormidos.
-La tierra, al igual que el ser humano, tiene diversos centros de energía-conciencia. Es más. Estos centros, que son abstracciones para vosotros, son Entidades que poseen una conciencia capaz de asimilar tanto la energía como su información añadida. Es similar a decir que los seres humanos son atravesados continuamente por partículas y ondas con quantums de información de televisión, de radio o de móviles que pasan de largo y no son interpretadas por sus conciencias.
-Se deduce, pues, que estamos en una especie de estación receptora de información proveniente de Conciencias extra planetarias.

-Así es.
-¡Maestro! -habló Francisco.
-¿Sí?
-¿Esas Conciencias...son Dios?
-Mi amado Francisco. La misma Tierra es Dios, pero no nos damos cuenta. No comprendemos la maravillosa e incompresible Conciencia que es necesaria para retener las energías solares. Pensamos que todo es fruto de la gravedad y que lo podemos medir en gausios... o de ciertas leyes físicas, pero sobre estas leyes materiales, están las leyes espirituales que las gobiernan y dirigen. La misma inclinación del eje terrestre depende de la Estrella Polar, que influye con su voluntad a través de los espacios "vacíos". Podríamos decir que nuestro amado Logos planetario o lo que tú llamas Dios se inclina ante la grandeza de una Conciencia tan aparentemente lejana en el espacio. Todo está comunicado por puentes de conciencia. Nuestro venerado Sanat Kumara, la encarnación del Logos Planetario, siempre está en continua e incomprensible conversación con el Sagrado Logos Solar, incluso con distintas Conciencias de la estrella Sirio... y por supuesto, con todos las Conciencias rectoras de los planetas del Sistema Solar.
-¡Qué inmensa Grandeza! –exclamó el científico.
-Sí, Charles. Así es.
Entonces Jean Michel miró a Xavier.
No dijeron nada, y sin embargo, en aquel instante, el esoterista supo con toda claridad que él era "discípulo en el corazón del Maestro". Y en ese preciso momento ocurrió un extraño milagro. Xavier sintió la necesidad de abrazar a Jean Michel, y aunque esto no sucedió, sin embargo, el aura de Xavier se unificó con el aura de Jean Michel. A partir de entonces, compartiría gran parte de la Conciencia de su Maestro.

Esa era la grandeza de los espíritus. Que, aun permaneciendo autoconscientes, podían participar en los procesos de sabiduría de otras Conciencias del Universo. Era la consecuencia lógica de la inmanencia de Dios en todos los corazones de sus criaturas, que constituyen los diversos reinos de la Naturaleza, uno de los cuales es el reino humano.

-Hay –continuó Jean- una sala a la que no habríais podido acceder, pues incluso vuestros cuerpos sutiles no habrían podido soportar su elevada vibración y se habrían disuelto en el éter. En ella se congregan los Maestros más elevados, quienes con Sanat Kumara, el Cristo, el Avatar de Síntesis, el Espíritu de la Paz y otros intermediarios cósmicos, preparan el gran Concilio de Shamballa, previsto para el año 2025. En él que se tomarán grandes decisiones para acometer en los próximos cien años de nuestro planeta.

-Y...ahora ¿Cómo entraremos en nuestros cuerpos?-preguntó Charles preocupado.
-Hacedlo suavemente-les dijo Jean- De esta forma conservaréis la conciencia de casi todo lo que ha ocurrido aquí. Es importante que no olvidéis lo que habéis visto.
Lo que vuestras mentes y vuestros cerebros no recordarán, contiene algunas claves de vuestro futuro inmediato, por lo que tendréis que transitar por tales acontecimientos con la misma frescura de la inocencia humana.
Los tres amigos escucharon las últimas palabras un tanto lejanas y entraron de nuevo en sus cuerpos físicos.
Muy cerca del Salto del Soldado, se despidieron de Valeria y Lucas. Fue muy emotivo y por unos largos minutos estuvieron intercambiando puntos de vista sobre lo vivido en aquellas cavidades subterráneas. Se dieron un largo y cálido abrazo, prometiendo escribirse al menos por Navidad.

 


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