Capítulo 61


Tres discípulos.

 

Los tres amigos y Jean Michel regresaron a la cueva. Allí les estaba esperando una pequeña nave que abordaron sin mayor dilación. La esfera se elevó silenciosa por entre las rocas, que parecían apartarse unos centímetros antes de pasar entre ellas.

Apenas les dio tiempo a ver a Valeria y Lucas como pequeños puntos. Incluso los Andes les habían parecido simples motas de nieve en un mapa. En unos minutos estaban atravesando la franja del Océano Atlántico que dividía el día y la noche, y en otros tres minutos más se habían convertido en un objeto volador no identificado.
Algunos creyeron percibir una esfera de color azul turquesa que se confundía con el índigo de la noche, el divino manto de nuestro amado Logos Planetario.
El padre Francisco, el sacerdote del corazón de oro, el último de los santos místicos cristianos y el primer humilde y sencillo representante de lo que en un futuro sería para la sexta subraza la "Nueva Iglesia Planetaria" abrió con nerviosismo la puerta del Palacio del Sol Dorado, regalado por su madre espiritual Juliette.
Jean Michel, Charles y Xavier acompañaron la esfera que contenía la Sábana Santa, pues para desplazarla, bastaba con un ligero toque de la mano del Maestro, hasta una hermosa capilla dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.
Un profundo silencio, solamente interrumpido por el canto de los pequeños animales nocturnos, envolvió aquel maravilloso acto de restitución.
Dejaron la esfera con la Sábana Santa bajo un arco gótico que finalizaba en un rosetón de cristal multicolor.

Jean Michel se sentó en un banco y los tres discípulos hicieron lo mismo, pero detrás de él.
Pasados unos minutos, el Maestro se volvió luz pura. Y a través de aquella luz, pudieron contemplar el futuro.
A aquel lugar vendrían cientos de humanos buscando la perfección. Allí serían entrenados para la tercera y la cuarta iniciación y luego partirían hacia otros lugares de la Tierra.
En la revelación hubo algo que no esperaban. Las guerras y el dolor continuarían. Eran inevitables hasta el día en que gran parte de humanidad, aproximadamente el 75 por ciento, se vería libre de aquellos que se aferran a las riquezas terrenales, a lo viejo y caduco, a sus intereses egoístas o personales. Dejaría de ser esclava de aquellos cuyas almas no han podido imponer su nota a la personalidad materialista. Dejaría de sufrir las artimañas de aquellos que no resuenan con la nota acuariana de fraternidad o que no tienen consideración alguna por sus compañeros de viaje y tratan siempre de imponer sus ideas.
Todas esas almas, anquilosadas y caducas, serían dormidas hasta que nuevamente pudiesen proseguir su evolución en otro planeta acorde a su estado evolutivo y dejarían de una vez por todas que la humanidad terrenal pudiese caminar libre del peso de su pasado. El espíritu Crístico reinaría en la Tierra hasta la consecución del triunfo final de la Luz.
El Cristo quedaría libre de su promesa de estar expectante "hasta que el último cansado peregrino cruce el portal de la iniciación" y proseguiría su servicio en esferas más luminosas e incluyentes de conciencia.

 

Epílogo

 

-¿Y ahora qué ocurrirá? –preguntó Xavier al Maestro de cabello de color dorado y ojos azules.
-Es difícil predecirlo Xavier. Al fin y al cabo la humanidad es totalmente libre y ni siquiera la Jerarquía sabe qué decisión tomará. La libertad que se le otorgó al ser humano, a través del libre albedrío, condiciona constantemente el futuro.
-¿Y el Pentecostés planetario?
-Hay una realidad que está ocurriendo en estos momentos. El establecimiento de Cristo en la Tierra, se podría decir que es similar a la apertura del centro cardíaco de un ser humano.
¿Y?
-Ello significa que definitivamente el Centro Cardíaco de la humanidad se ha establecido.

La vida de Cristo inunda, anega, vitaliza y recorre muchos millones de corazones.
-¿Es mucho?
-Amado Xavier, sé que a ti no te parece mucho, pero es mucho más de lo imaginado. La humanidad ha respondido de una forma tan espectacular que ni la Jerarquía lo esperaba. Al principio fueron muy pocos hombres los que respondían, pero la semilla que parecía pequeña y casi invisible ha eclosionado hasta límites insospechados.
-¿Entonces, todo será más fácil?
-El Corazón de la humanidad ha sido establecido, pero ello no significa que todo vaya a ser fácil. Las circunstancias por las que pasará la humanidad están relacionadas con sus constituyentes. Y continuamente hay incorporaciones. Lo que significa nuevas dificultades. Pero se podría afirmar que no es lo mismo intentar solucionar unos problemas a ciegas, que con la confianza y sabiduría que otorga el corazón. Y eso es lo que se ha establecido en la Tierra.

 -Creo entender.
-Cuando Cristo dijo –Este es mi cuerpo. Tomad y comed todos de él. Son palabras muy extrañas. Que incluso vienen de épocas más antiguas que la de Jesús. Y sólo pueden adquirir significado cuando se comprende que el fuego del Corazón de Cristo anega millones de corazones humanos. Se podría decir que ellos son Él.
-Entonces... el loto de doce pétalos de la humanidad... ¿ya está activo?
-Así es. Es el resultado del trabajo de muchos eones, y ahora el Fuego del Amor está definitivamente establecido en la tierra.
-Entonces... ¡seremos pronto un Planeta Sagrado!
El Maestro de cabello rubio y ojos azules sonrió.
-Si, mi amado hermano. Así es. No importa que cada una de las partículas de nuestro hermoso y diminuto planeta azul no esté totalmente transmutada. Ya sólo es cuestión de tiempo.

Incluso puedo añadir que el propio Cristo, desde su crisis en el Huerto de Getsemaní, ancló su Antakarana con la propia Shamballa y con ello posibilitó que el hombre responda al Propósito Divino. Con ello también vitalizó el loto de doce pétalos sito en la cima de la cabeza, el Gólgota humano.
-Es una gran noticia.
-Podríamos decir que desde los Lugares Excelsos ya saben que hemos tomado una decisión, y eso es lo que importa.
-¿Y el mal?
-La marcha de un hombre puede estar detenida en un camino por el barro de las últimas lluvias. Pero él sabe, tiene la plena seguridad de cuál es su hogar. Los hombres se detendrán, a veces, en efímeros placeres que desembocarán en terribles luchas, pero nada puede parar ya su inexorable destino hacia el Hogar del Padre... aquellos que están frenando estas ansias de luz y de paz de la inmensa mayoría de la humanidad, serán separados de vosotros... y podréis acelerar vuestros pasos.
El azul del mar anunciaba la inminente salida del Sol. Francisco, Charles y Xavier vieron desaparecer al Maestro de cabello dorado y ojos azules.

 -¿Y quién nos creerá?-preguntó Charles
-"Sólo aquellos que tengan ojos para ver" –contestó Xavier.
-Creo que no os dais cuenta de la realidad -dijo sonriendo el padre Francisco.
Los dos le miraron. Francisco, el sacerdote de corazón de oro, dio la espalda a la claridad naciente y enfrentó el Palacio del Sol Dorado, donde se hallaba ahora la Sábana Santa.
Sus amigos comprendieron. Y tras unos segundos de silencio volvió a mirar hacia el mar.
-Sabéis.
-Di, Francisco-le rogó Charles.
-Muy pronto tendremos una visita de alguien de Roma.
-¿Es quien yo creo?-preguntó Xavier.
-¡Sí!-contestó el sacerdote.
-¿Tal vez me podríais decir quién es? –preguntó exasperado el científico.
-Es Aquel que dejó plasmada su figura en la Sábana Santa.
-¿El Maestro Jesús?-dijo emocionado Charles.
-Así es.
En aquel mismo instante, la luz dorada del sol iluminó el rosetón bajo el que se encontraba el sagrado lienzo, y su reflejo multicolor acarició los corazones de nuestros amigos.

 

 

Fin

 


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